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El Reto: andando contra el hambre


  • Escrito por Marian Giménez / Antonio Ortiz
  • Publicado en Crónicas

Parece que ha tocado el turno a Tetuán. De forma que se pretende confinar determinados barrios y calles. Estamos a la espera, en expectativa de sus decisiones. Un engendro más de medida, que parece salido de alguien que con poder, no sabe qué hacer con él, al menos de una manera eficaz, pensando en las personas, en los vecinos y vecinas de Madrid y concretamente en nuestro barrio. Es tal la estupidez que viviendo en una calle determinada, no se podría cruzar a la otra porque ya pertenecería a las calles del barrio confinado. Pero es que justamente ahí, tenemos las paradas de los autobuses, o las panaderías donde compramos habitualmente. Nos suena porque nuestros vecinos del sur lo están viviendo.

A esto añadimos que también estamos esperando quizás, un nuevo Estado de Alarma para todo el país. No sabemos. La incertidumbre apresa nuestras mentes, nuestros cuerpos. Interrumpe planes, proyectos. Interrumpe la vida. ¡Todo se ha vuelto tan frágil! Un virus invisible a nuestros ojos, nos hace llevar “los tapabocas”, alejarnos físicamente unos de otros. Un estado permanente de tristeza, mezcla de hartazgo, desilusión y falta de horizontes con algún color del amanecer de un nuevo día que nos impulse a seguir caminando.

Pues de eso se trata en la Casa Vecinal de Tetuán. De seguir caminando.

Ese hombre excepcional que fue Machado, con la lucidez de sus poemas, nos decía:

“Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.”

El hambre no se confina. El hambre se siente. Ruge en el estómago. Clama su porción de alimento. Tenemos la mala costumbre de comer. Esa mala costumbre, lleva a que un número importante de vecinos y familias de Tetuán, oigan el rugido cada día y sobrevivan como pueden. Es un ruido que no cesa. Golpea incesantemente cada unos de los cuerpos con mente no alimentados. Se apodera una debilidad del pensamiento, de los huesos, de los órganos. Una unidad intransferible de hambre. Se siente, se oye.

No somos inmunes, no podemos serlo. De ninguna manera podemos mirar a otro lado. Atormenta el hambre, su ruido y la debilidad manifiesta.

De ahí que en la Casa Vecinal, caminemos contra el hambre. Estamos dispuestos a andar los senderos que hagan falta. Nuestro reto esta vez, consiste en la donación de 10 kilos de alimentos. Por cada 10 kilos de alimentos donados a la Casa Vecinal de Tetuán, recorreremos del 2 al 6 de noviembre la antigua carretera de Francia, desde Cuatro Caminos hasta Plaza Castilla. Y aunque Bravo Murillo y parte de sus aceras estén confinadas, nos daremos el paso. Un vecino y otro, una vecina y otra y seguiremos haciendo camino al andar. Y “veremos estelas en el mar”.

Nuestras estelas estarán en forma de dedicatorias y mensajes entre aceras y entre barrios. Sin poderlas cruzar, inventaremos la forma de estar cerca unos de otros. Se nos ocurre, un cartel con grandes letras, que diga: “¿Qué tal os encontráis, los del barrio de Berruguete?” Otro que responda, “ Bieeeeeen, vamos tirando…” “Queremos dedicaros la canción de Joan Manuel Serrat: “Caminante no hay camino”. Y a pesar de todo escuchar el bello poema de Machado, cantado por Serrat. En plena calle.

Y así, nuestras huellas, dejarán huella contra el hambre.