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La fundación del Partido Reformista para los socialistas

El Partido Republicano Reformista nació el 7 abril de 1912 en un banquete y homenaje a Melquíades Álvarez, la figura fundamental de esta formación política. En ese acto, el político asturiano pronunció un discurso donde expuso que lo que pretendía era reorganizar a los republicanos históricos que coincidían con él y con Gumersindo de Azcárate, y que la formación tendría vocación de gobierno y sería reformista.

Al año siguiente, Álvarez dio un importante discurso político en el madrileño Hotel Palace, en el que defendió la necesidad de que se emprendiese una profunda reforma constitucional para democratizar el sistema político. En esos momentos ya era evidente la crisis del turnismo entre los dos partidos dinásticos, el conservador y el liberal, formaciones que, además estaban profundamente divididas en facciones que seguían a distintos líderes. Los intentos de regenerar el sistema desde dentro estaban demostrando su fracaso. Por otra parte, el sistema caciquil electoral estaba haciendo ya aguas.

Como hemos señalado, el nuevo partido político nació como una formación con vocación ideológica democrática, laica y gradualista. Agrupaba a republicanos que no estaban adscritos a ningún partido concreto, profesionales liberales, muchos de ellos ligados a la Institución Libre de Enseñanza y al krausismo. Las ideas del reformismo se manifestaron en la revista España.

Los socialistas se hicieron eco de la fundación de la nueva formación política en el número del 12 de abril de 1912 de El Socialista, destacando el discurso de Melquiades Álvarez en el acto fundacional, donde, siempre según el periódico, habría hecho una dura crítica de la Monarquía y sus defensores, expresando el camino para derribarla y proclamar la República. El periódico socialista consideraba que los reformistas podían convertirse en un factor poderoso en la Conjunción republicano-socialista si cumplían una serie de condiciones: honradez, ideas, “moralidad” de sus integrantes, verdadera decisión de luchar por el fin de la Monarquía “cuanto antes”, estar dispuestos a realizar sacrificios y gran desinterés para que surgiera “la revolución”. En ese caso, los socialistas verían al nuevo partido de forma positiva. Justo en ese momento, la Conjunción estaba arreciando sus críticas contra algunos ministros del Gobierno.

A pesar de la cercanía con los republicanos a raíz de la creación de la Conjunción, en el comentario subyacía la tradicional suspicacia del PSOE hacia los republicanos. En ese mismo sentido, siguiendo la doctrina oficial sobre cuál debería ser la verdadera lucha de los socialistas, más allá de un cambio de régimen, debemos interpretar el final del artículo porque se aludía a que los socialistas aspiraban a una República, pero que fuera realmente socialista, ya que en la mayoría de las Repúblicas existentes sus ciudadanos se encontraban supeditados económicamente a la clase patronal. La única República por la que había que luchar debía ser la que aboliese la explotación humana y donde todos los hombres fueran dueños de su trabajo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.