Quantcast
ÚNETE

Las migraciones en la España franquista

“La necesidad de emigrar, sentida por los trabajadores beneficiaba obviamente al Estado, lo que transformó las opiniones y actitudes ante el hecho migratorio. Durante el siglo XIX la emigración había sido considerada un azote para la nación, por lo que suponía de pérdida de brazos, de inteligencias y de esfuerzos provechosos para la patria. Esta opinión quedó reflejada en documentos de la época. Por ejemplo, en el Real Decreto de 18 de julio de 1891 del Ministerio de Fomento que creaba una Comisión para estudiar los medios para contener la emigración. Ya entonces se era consciente de que la emigración acarrea un sinfín de calamidades al emigrante.

Otro documento oficial anterior, la Real Orden del Ministerio de la Gobernación de 16 de septiembre de 1853 advertía en su Exposición de Motivos que los emigrantes se exponían a «los abusos a que suele dar lugar la codicia de los especuladores que, llevados de sórdido interés, conducen a veces a los que emigran hacinados en estrecho espacio y sin las condiciones sanitarias que el decoro, la moral y hasta la humanidad misma reclaman».

Estas opiniones oficiales en el siglo XIX habían tenido precedentes radicales en los siglos anteriores en que la emigración era considerada una grave ofensa a la patria y estaba severamente castigada por la ley con penas de confiscación de los bienes de quien emigraba. Esas antiguas leyes fueron abolidas a principios del siglo XIX por los legisladores de Cádiz.

Llegados los años 50 del presente siglo, la emigración se veía desde los ámbitos oficiales de manera muy distinta. Una Ley de 17 de julio de 1956 creó el Instituto Español de Emigración con la finalidad de fomentar y encauzar los movimientos migratorios hacia Europa. Ahora la prosa oficial hablaba de «acción pública» impregnada de «sentido social» al estimar que «la emigración como un amplio campo de posibilidades abiertas ante la libertad del individuo y, al propio tiempo, fuente poderosa de vínculos y relaciones entre pueblos puede proporcionar resultados beneficiosos económico-sociales y en otros órdenes de la vida humana, no sólo al que emigra y a sus familiares, sino en bien general de los países, tanto de origen como de establecimiento». (Exposición de Motivos de la Ley de Bases de Ordenación de la Emigración de 22 de diciembre de 1960).

El régimen franquista consideró la emigración como una válvula de seguridad ante las tensiones sociales provocadas por el paro, las huelgas y los masivos desplazamientos de las poblaciones rurales empobrecidas hacia las grandes ciudades.

El hecho es que, estimulados por la necesidad de huir del paro o de un trabajo precario y unas condiciones de vida muy deficientes, y fomentado desde las instancias oficiales, entre 1960 y 1973 emigraron a Europa unos dos millones de españoles atraídos por los mejores niveles salariales europeos.“

Félix Santos, “La emigración económica a Europa”, en Exiliados y emigrados. 1919-1999, Cuadernos de la Fundación Españoles en el Mundo, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Cervantesvirtual.com).

El desarrollo económico en los años sesenta provocó en España unos movimientos migratorios internos y externos sin precedentes históricos por su magnitud, especialmente las migraciones interiores. La atracción ejercida por los sectores en crecimiento –industria y servicios- sobre la población excedente del campo provocó que más de tres millones de personas emigraran a las zonas industriales tradicionales, los nuevos polos de desarrollo y las áreas turísticas. Las grandes ciudades experimentaron un extraordinario crecimiento, creándose grandes áreas metropolitanas, especialmente en torno a Madrid y Barcelona, generando graves problemas de vivienda y poniendo de manifiesto unas graves carencias de infraestructuras y servicios.

La emigración exterior alcanzó también elevadas cifras. Como el modelo español de crecimiento no generaba empleo suficiente y, en cambio, en Europa occidental había posibilidades de acceder a muchos empleos porque su expansión económica sí se basó en la creación de puestos de trabajo, muchos españoles optaron por emigrar. Más de un millón y medio de españoles emigraron a países europeos en los años sesenta, especialmente a Francia, Alemania y Suiza. La mayor parte de los emigrantes dejó España con carácter temporal, con una media de permanencia en el extranjero de tres años. Una parte de los emigrantes con destino a Francia terminó por establecerse en el país vecino de forma definitiva.

La emigración exterior fue vital para la economía española por la entrada de divisas, pero, además, para la estabilidad social del régimen franquista, ya que se convirtió en una válvula de escape para mantener bajo el paro y evitar la conflictividad social, al menos, hasta finales de los años sesenta.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.