LA ZURDA

La masacre de Peterloo

Al finalizar las guerras napoleónicas la situación socioeconómica británica empeoró considerablemente con un aumento del desempleo y del hambre. En ese momento, además, se aprobaron las primeras Corn Laws que, con un aumento de los aranceles, intentaban mantener los precios del trigo británico al disuadir las importaciones, pero que perjudicaban a los más desfavorecidos.

Por otro lado, el radicalismo se encontraba en plena campaña a favor de la extensión del sufragio. El radicalismo británico fue un movimiento que luchó, en la patria del liberalismo político y económico, por la democracia, por la implantación del sufragio universal, y por una profunda reforma del Parlamento para convertirlo en un poder legislativo plenamente representativo. Sin lugar a dudas, la Revolución francesa, al otro lado del Canal de la Mancha, constituyó un revulsivo para este movimiento político, pero conviene distinguir lo que había pasado en Versalles y París con lo que ocurría en Gran Bretaña. Si en Francia se pretendía un cambio completo de la situación sin apelar al pasado, de ahí que los revolucionarios franceses bautizaran lo que estaban combatiendo como Antiguo Régimen, el radicalismo británico sí buscaba en el pasado las libertades supuestamente perdidas en la lejana primera Edad Media cuando llegaron los reyes normandos. Se criticaban las usurpaciones nobiliarias de origen feudal, ya que antes de la llegada de los normandos había propiedad rural colectiva. Además, en esta apelación al pasado, se podían presentar ejemplos que ayudasen en la lucha por la democracia: la Carta Magna, la revuelta de 1381, y sobre todo la de los niveladores en el siglo XVII, así como la Revolución de 1688. Esta utilización del pasado con un fin político en pos de la democracia tendría un gran éxito ente los radicales y llegaría hasta bien entrado el siglo XIX. No hacía falta ni parecía conveniente apoyarse en el ejemplo de los revolucionarios franceses, ni de los más moderados, ni de los jacobinos, ni de los demócratas. Gran Bretaña tendría su propia tradición de lucha democrática.

En ese contexto explicado al principio de tensión social creció el interés por el radicalismo, especialmente en el norte inglés, por parte de la clase obrera. Aparte de las experiencias luditas, todavía no había un movimiento obrero propio y organizado, por lo que las protestas se entremezclaban con las que no eran estrictamente obreras como las que defendía el radicalismo.

La Unión Patriota de Manchester organizó una manifestación para el 16 de agosto de 1819, en plena campaña de reforma parlamentaria por el sufragio universal, encabezada por Henry Hunt (1773-1835), un conocido orador radical, que tendría que dar el principal discurso. La concentración era pacífica y con carácter festivo. Se había avisado que nadie acudiera con ningún tipo de arma. La asistencia fue todo un éxito por el elevado número de participantes; se calcula que pudieron ser unas sesenta mil personas. Muchos de los asistentes eran obreros de las fábricas textiles con sus familias, así como vecinos de localidades cercanas.

Pero las autoridades no estaban dispuestas a que tuviera éxito el mitin. Al parecer, un grupo de magistrados, encabezados por el principal, William Hulton, que vigilaba el acto desde la distancia, se alarmó ante el número de asistentes y las ovaciones que recibía Hunt. Así pues, Hulton avisó a la máxima autoridad militar de Manchester.

El Regimiento de Caballería y una milicia de voluntarios jóvenes reclutados entre las familias conservadoras y pudientes de Manchester se encargaron de reprimir a los manifestantes con distintas cargas. El número de víctimas no es fácil de calcular. Debieron morir quince personas, pero el número de heridos fue muchísimo mayor, pudiendo llegar a los setecientos, mujeres y niños incluidos. Los heridos lo fueron por herida de sable o por ser pisoteados por los caballos.

El nombre de Peterloo tiene mucho de crítica sarcástica al hacer un juego de letras con Waterloo, ya que la explanada donde se celebró el mitin se llamaba St. Peter’s Field. Al parecer, la denominación es de James Wroe, editor del Manchester Observer, uno de los impulsores de la concentración. El impacto de la represión en la prensa local y nacional fue muy grande.

Ante este hecho y el cariz de la situación de descontento el gobierno conservador tomó la iniciativa legal con las conocidas como Six Acts. Se pretendía reprimir con contundencia cualquier protesta de signo radical, considerando que eran actos de traición. También se perseguirían las reuniones, los periódicos y escritos radicales, y se agilizaron los procesos judiciales. El gobierno consiguió sacar adelante este aparato legislativo a finales de año en los Comunes a pesar de la oposición de los whigs, aunque, al parecer, casi todas estas leyes serían abolidas en un plazo relativamente corto de tiempo. Por su parte, los arrestados por organizar la concentración fueron juzgados en 1820, y una parte de ellos fue sancionada con penas de cárcel. Hunt fue condenado a treinta meses de cárcel. También sufrieron persecución Wroe y su periódico. Por su parte, tuvo lugar un juicio a algunos oficiales y soldados del Regimiento de Caballería en 1822, pero fueron absueltos.

No contamos con ninguna monografía en castellano para ampliar este trascendental hecho en la historia de la lucha por la democracia, pero podemos acudir al libro imprescindible de E.P. Thompson, La formación de la clase obrera inglesa, publicado en los años sesenta, pero con ediciones en castellano mucho más recientes.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.