LA ZURDA

La Alianza Internacional de la Democracia Socialista

La Alianza Internacional de la Democracia Socialista fue una organización o asociación de signo anarquista fundada en septiembre de 1868 por Mijail Bakunin, Elisée Reclus y Giuseppe Fanelli en Ginebra, para influir y darle un cariz anarquista a la Primera Internacional (AIT).

La Alianza contaba con el apoyo de la Federación del Jura, la principal federación anarquista de la AIT, con fuerte presencia de los trabajadores de la relojería de la zona de las montañas del Jura en Suiza, y cuyo principal líder era James Guillaume.

La Alianza defendía un programa basado en el ateísmo, el igualitarismo y, especialmente, era taxativo en cuanto al rechazo de la participación o acción política si el fin no era otro que la revolución y la abolición del Estado. En octubre de ese mismo año, recién constituida la Alianza, Fanelli marcharía a España para constituir los primeros núcleos de la Internacional, pero bajo los principios de la Alianza. Esta asociación había pedido el ingreso en la AIT, pero en diciembre el Consejo de la misma rechazó la solicitud porque era una organización internacional y eso iba contra sus estatutos, conminando a sus integrantes a que disolvieran la Alianza.

Bakunin accedió a la demanda de disolución, y así se hizo en abril de 1869. Muchos de sus integrantes pasaron a la Federación del Jura, por lo que, en realidad, aun estando disuelta la Alianza, está pervivió como Alianza de Ginebra, un núcleo de propaganda anarquista dentro de la AIT. Por su parte, una parte de los aliancistas, los españoles Rafael Farga Pellicer y Gaspar Sentiñón, crearon la Alianza de la Democracia Socialista en abril de 1870, en Barcelona. Recogía el programa y la organización de la disuelta Alianza Internacional. Esta Alianza española pretendía difundir el ideario anarquista para el congreso obrero que se iba a celebrar unos meses después en la capital catalana. El historiador Josep Termes plantea esta hipótesis, aludiendo, además a que los aliancistas pretendían terminar con las tendencias cooperativistas, societarias y hasta defensoras de la política presentes en el movimiento obrero español. A raíz de la Comuna y de la consiguiente represión gubernamental del movimiento obrero en España, se crearon núcleos de la Alianza en otras localidades.

En agosto de 1871, la Alianza de Ginebra se autodisolvió, a pesar del criterio contrario del propio Bakunin, para evitar que fuera condenada en septiembre de 1871 en la Conferencia de Londres de la AIT, que estableció la recomendación de que se crearan partidos obreros, y que se emplearan todos los recursos políticos disponibles en la lucha de los trabajadores. A esta reunión no acudieron representantes alemanes ni italianos, ni la Federación del Jura, aunque sí Anselmo Lorenzo por la Federación Regional Española. Los seguidores de Bakunin se opusieron radicalmente a ambas recomendaciones, promoviendo la contestación de las federaciones nacionales, incluida la española, en un Congreso celebrado en la localidad suiza de Sonvilier. Allí se redactó la que se conoce como “circular de Sonvilier” dirigida a las distintas Federaciones, donde además de lo expuesto se pedía la convocatoria de un Congreso de la AIT. El conflicto entre marxistas y bakuninistas, tanto en la AIT como en España estaba servido, aunque con evolución distinta. Además, en la AIT se ratificó la decisión de que la Alianza se disolviera realmente, ya que los marxistas defendían que seguía existiendo.

La Alianza española también se disolvió unos días antes de que se celebrase el Congreso de la Federación Regional Española de la AIT en Zaragoza, en abril de 1872, pero, en realidad, siguió existiendo informalmente. Fue una formalidad para evitar la reprobación.

La ruptura total entre marxistas y bakuninistas se produjo en el famoso Congreso de la Haya de la AIT, a primeros de septiembre de 1871. La mayoría marxista votó a favor de la constitución de partidos obreros y sobre la conexión entre lucha económica y lucha política. Pero, además, votaron la expulsión de Bakunin y de Guillaume, acusados de no haber disuelto realmente la Alianza. Al parecer, parte de los cargos presentados fueron elaborados por los marxistas españoles.

De forma inmediata los delegados contrarios a estas resoluciones firmaron un manifiesto para expresar su postura, y se reunieron en el Congreso de Saint-Imier (Suiza). La primera decisión fue dejar sin efectos las expulsiones, para aprobar a continuación una resolución que recogía las tesis de Bakunin sobre la destrucción de todo poder político. Surgió la denominada Internacional anarquista de Saint-Imier. Los delegados aliancistas españoles suscribieron el cambio, aunque el Congreso de Córdoba de la AIT española, de diciembre de ese mismo año, declaró la compatibilidad entre ambas organizaciones.

Desde los inicios de la Restauración en España, la Alianza española volvió a reunir a los principales líderes del movimiento obrero español, pero también es cierto que muy pronto surgieron fuertes desavenencias, entre un sector maximalista defensor de la insurrección, y otro más moderado que abogaba por el camino anarcosindicalista. La Alianza española dejó de existir en 1880.

Es muy recomendable la consulta de uno de los máximos especialistas en historia del movimiento obrero en España, Josep Termes, tanto de su obra, publicada en 1977, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (1864-1881), como la más reciente de 2011, Historia del anarquismo en España (1870-1980). No podemos olvidar tampoco a Manuel Tuñón de Lara, y su Historia del movimiento obrero de 1972.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.