LA ZURDA

Convocatoria socialista del 4 de mayo de 1890

“Reclamación internacional obrera

A los trabajadores

En cumplimiento del acuerdo del Congreso internacional socialista obrero celebrado en París en julio del año anterior, la Agrupación madrileña del Partido Socialista, en unión de varias Sociedades obreras de esta capital, celebrará una reunión pública.

El Domingo 4 de Mayo

á las nueve de la mañana, en el Liceo Rius (Atocha, 68), con el objeto de reclamar de los Poderes públicos la siguiente legislación protectora del trabajo:

a) Limitación de la jornada de trabajo á un máximo de 8 horas para los adultos;

b) Prohibición del trabajo de los niños menores de 14 años, y reducción de la jornada á 6 horas para los jóvenes de ambos sexos de 14 á 18 años;

c) Abolición del trabajo de noche, exceptuando ciertos ramos de industrias cuya naturaleza exige un funcionamiento ininterrumpido;

d) Prohibición del trabajo de la mujer en todos los ramos de industrias que afecten con particularidad al organismo femenino;

e) Abolición del trabajo de noche de la mujer y de los obreros menores de 18 años;

f) Descanso no interrumpido de 36 horas por lo menos, cada semana para todos los trabajadores;

g) Prohibición de ciertos géneros de industrias y de ciertos sistemas de fabricación perjudiciales á la salud de los trabajadores;

h) Supresión del trabajo á destajo y por subasta;

i) Supresión del pago en especies ó comestibles y de las cooperativas patronales;

j) Supresión de las agencias de colocación;

k) Vigilancia de todos los talleres y establecimientos industriales, incluso la industria doméstica, por medio de inspectores retribuidos por el Estado, y elegidos, cuando menos la mitad, por los mismos obreros.

Por la Agrupación del Partido Socialista Obrero: Pablo Iglesias. Matías Gómez.

Por la Agrupación del Arte de Imprimir: Juan José Morato. José Martínez Gil. Mariano García.

Por la Sociedad de obreros en hierro El Porvenir: José Villares. Gaspar Gómez.

Por el Montepío de Tipógrafos: Francisco Diego. Cayetano Suria. Andrés Cermeño.

Por la Sociedad de trabajadores en madera La Unión: Juan Serna. Hipólito González. Julián Padilla.

Por la Sociedad de Albañiles El Trabajo: Saturnino González.”

El Socialista, 2 de mayo de 1890, número 217. Primera Página.

En el Congreso fundacional de la Segunda Internacional celebrado en París el año 1889, al que asistió Pablo Iglesias, se tomó la decisión de celebrar el primero de mayo como una gran manifestación internacional en esa fecha fija para que en todos los países y ciudades los trabajadores reclamasen la reducción de la jornada laboral a las ocho horas. Como una manifestación semejante había sido acordada por la American Federation of Labor para el primero de mayo de 1890 en el Congreso que se celebró en Sant Louis en diciembre de 1888, se adoptó dicha fecha en el Congreso parisino.

En enero de 1890, los socialistas españoles comenzaron a organizar la jornada. Se convocaron reuniones preparatorias por todo el país en las que se transmitió la idea de que sería una fiesta del trabajo. Esta decisión, al parecer, pretendía tranquilizar a los más recelosos y evitar cualquier connotación violenta del acto. Por su parte, los anarquistas optaron por la vía de la huelga general revolucionaria porque, además, se oponían a la manifestación por su origen político y por su carácter pacífico. Desde el primer momento, el primero de mayo se convirtió en un símbolo de las dos maneras de entender el movimiento obrero: la socialista y la anarquista. El desencuentro se agudizaría en los siguientes años.

Los socialistas temían que no hubiera mucha participación en el día señalado, por lo que optaron por convocar la manifestación para el domingo cuatro de mayo. Pero los temores por la participación se despejarían porque la clase obrera se movilizó como reacción hacia la prensa y las autoridades. Los periódicos publicaron apocalípticos artículos contra la movilización obrera. El gobernador civil de Madrid recordó en un bando las penas que establecía la ley y el Código Penal, y el alcalde movilizó a sus guardias y policías en lugares estratégicos de la capital.

Los anarquistas protagonizaron sendos mítines el día 1, destacando el celebrado en el Retiro y que continuó con una manifestación hasta el Congreso de los Diputados donde se entregó un escrito con reivindicaciones obreras a su presidente, Alonso Martínez.

La manifestación dominical convocada por los socialistas reunió a miles de trabajadores y se desarrolló después de un mitin. Las reivindicaciones se llevaron a Sagasta, presidente del Consejo de Ministros. Realizada la entrega, la manifestación se disolvió.

Fue en el País Vasco donde la situación se complicó. Los socialistas organizaron una serie de actos en la primera semana del mes de mayo. El día 12, terminada la movilización, la patronal vasca de la minería despidió a los líderes socialistas más destacados. Como respuesta, muchos obreros se pusieron en huelga, que terminó por convertirse en general. Se declaró el estado de guerra y la tensión no comenzó a rebajarse hasta el día ventiuno de mayo. Los socialistas consiguieron la reducción de la jornada laboral, aunque se mantuvieron otras medidas que los trabajadores querían suprimir: las cantinas y los barracones.

En Cataluña el protagonismo fue anarquista con huelga y actos violentos. Barcelona fue declarada en estado de sitio con presencia de tropas y de la Guardia Civil. Muchos patronos cerraron las fábricas. La presencia anarquista en Valencia derivó también en altercados. Eso mismo ocurrió en las zonas de control anarquista en Andalucía, especialmente en Cádiz y en Córdoba.

El balance del primer primero de mayo español fue ambivalente. Al ser la primera movilización obrera general el éxito fue indudable y, por consiguiente, tanto los patronos como el gobierno comenzaron a ser conscientes que, a partir de entonces, había que tener en cuenta al movimiento obrero. Pero, también es cierto que el balance de lo conseguido fue muy exiguo.

El éxito de la jornada del primero de mayo provocó que los socialistas decidieran repartirlo al año siguiente y se celebraron consejos por todas las ciudades europeas. Los socialistas españoles tomaron la decisión en Bilbao. Los anarquistas se reafirmaron en su defensa de la huelga general para esa fecha.

El gobierno español, ahora en manos de Cánovas, ante la experiencia vivida, decidió prohibir las manifestaciones públicas, aunque permitió los mítines y reuniones en locales cerrados. Los socialistas optaron por respetar la legalidad y decidieron que la fiesta se limitase al cese del trabajo y la celebración de actos. Eso provocó que el primero de mayo de 1891 no tuviera nada que ver con el entusiasmo y la movilización del celebrado el año anterior. Destacaron los incidentes en Cádiz y que influyeron en posteriores hechos sangrientos ocurridos en Jerez.

Al año siguiente se decidió que el primero de mayo sería una manifestación anual internacional. Los socialistas españoles analizaron la situación: los sucesos de Jerez, la posición anarquista y la postura del gobierno, que, independientemente de su signo político, liberal o conservador, siguió siendo contraria a las manifestaciones públicas. En consecuencia, tomaron la decisión de que, a partir de entonces, la jornada debía ser un día de afirmación plena de la lucha obrera pero no de la revolución social. Habría que organizar actos conmemorativos, siempre con ánimo pacífico. Los anarquistas decidieron que, al no poder realizar la revolución ese día, no tenía mucho sentido la jornada. A mediados de la década de los 90 dejaron de tener interés en el primero de mayo.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.