LA ZURDA

El fordismo

“Hoy, todas nuestras operaciones se inspiran en estos dos principios: ningún hombre debe tener que hacer más de una cosa; siempre que sea posible, ningún hombre debe tener que pararse (...). El resultado neto de la aplicación de estos principios es reducir en el obrero la necesidad de pensar y reducir sus movimientos al mínimo (...). El hombre no debe tener un segundo menos de lo que necesita, ni un segundo más (...). El hombre que coloca una pieza no la fija: la pieza no puede estar completamente fijada hasta que no intervengan más obreros. El hombre que coloca un perno no coloca la tuerca. El hombre que coloca la tuerca no la atornilla”.  


H. Ford, Mi vida y mi obra, 1925.

La primera gran depresión o crisis del capitalismo estalló en 1873, y se prolongó en el tiempo. La agricultura europea sufrió gravemente esta crisis porque no podía competir con el aluvión de productos agrarios americanos (Estados Unidos, Argentina) o australianos. En estos países se producía con costes menores y, por lo tanto, sus productos podían venderse a menor precio que los europeos. No olvidemos, además, que las mejoras en el transporte interoceánico permitían acceder fácilmente a estos productos baratos. Las consecuencias para la agricultura europea fueron terribles porque, ante el considerable aumento de la oferta los precios se hundieron en los mercados europeos y hubo un descenso de hasta el 30% de los beneficios. Muchos campesinos abandonaron sus tierras y marcharon a las ciudades o emigraron fuera de Europa.

Pero la situación no era mejor en la industria y en las finanzas. En 1873, la Bolsa de Viena se hundió y con ella se sucedieron muchas quiebras bancarias en los principales países industriales. La falta de capitales produjo el cierre de fábricas e industrias, con el consiguiente aumento del paro.

La crisis provocó cambios en el sistema capitalista. Se intensificó la competencia entre las empresas para reducir costes de producción y se aceleró el proceso de concentración empresarial. Por otro lado, aumentó la competencia entre las potencias por controlar los recursos económicos y los mercados mundiales y se adoptaron medidas económicas proteccionistas, frente al librecambismo de la primera revolución industrial. La mayor competencia entre los países industrializados y las empresas provocó que se ideasen nuevas formas de organización del trabajo para mejorar la productividad. El fenómeno fue muy intenso en Estados Unidos, aunque terminó por extenderse al resto de países industrializados.

El taylorismo y el fordismo consiguieron aumentar la producción y la productividad, reduciendo costes. El taylorismo fue inventado pro F.W. Taylor. Se trata de un método de organización industrial, cuyo fin es aumentar la productividad eliminando los movimientos inútiles de los obreros y optimizar el tiempo empleado, para así reducir los costes de producción. La producción se organiza en serie a través de la cadena de montaje, es decir, una cita continua por la que se desplazan los productos en fase de fabricación. El movimiento continuo de la cinta marca el ritmo de la producción, evita pérdidas de tiempo y sistematiza las acciones que deben realizar los trabajadores.

La aplicación más conocida del taylorismo fue realizada por Henry Ford en su fábrica de automóviles de Detroit. Allí aplicó la cadena de montaje para fabricar un gran número de coches a bajo coste. Empleó, además, una innovadora maquinaria y un gran número de trabajadores muy especializados, que percibían altos salarios para convertirlos en consumidores. Ford consiguió sacar adelante su famoso modelo Ford T, sencillo y barato, destinado al consumo masivo de la clase media norteamericana. Estaba naciendo el moderno concepto de consumo.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.