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Sixto Cámara

“Uno de estos cándidos revolucionarios, hombre, por otra parte, de gran cultura, prestigio y acrisolada honradez, Sixto Cámara, que a la sazón se hallaba en Portugal, pasó la frontera el 8 de Julio de 1859 y, según aseguran, en la noche del 9 al 10 conferenció en Olivenza con los sargentos del batallón provincial de Badajoz con quienes estaba de acuerdo para una sublevación. 

Había ésta de tener como base el alzamiento de la guarnición de aquella plaza fronteriza; a la que seguirían las de Badajoz, Sevilla, Málaga y demás de Andalucía. Contra la opinión de los que sostenían la poca oportunidad del movimiento intentado y sin apenas recatarse de la policía, permaneció Cámara en Olivenza, mientras el Gobierno, enterado oportunamente de sus proyectos, lo mandaba prender desde Badajoz. Supo a tiempo Cámara la orden de prisión dictada contra él, y en lugar de buscar asilo seguro en la misma, población, se empeñó en salir de Olivenza a las 11 de la mañana en compañía de un joven demócrata llamado Moreno Ruíz. El día era horriblemente caluroso, y ni Cámara, ni Moreno conocían el camino de Portugal, a donde pretendían dirigirse, pues, aunque el de la carretera lo sabían, no podían aventurarse a marchar por ella, expuestos como estaban a ser detenidos en el acto. Así caminaron por entre matorrales, rastrojos y trochas con un sol abrasador, y atormentados por la sed. Arrojóse sediento Sixto Cámara a beber agua de una ciénaga que por su malaventura encontró en el camino. En vano quiso su compañero detenerle. A los pocos momentos, se sintió Cámara enfermo y presa de mortales angustias.

Desesperado su joven acompañante al ver en tan mal estado a su amigo y jefe, se dio a buscar un asilo en donde atender y cuidar de él. Por fin, logró divisar una miserable casucha, a la que fue trasladado ya en gravísimo estado el pobre Cámara. A los pocos momentos de llegar a su mísero albergue, expiró Cámara, presa de horribles dolores.”

Pi i Margall, “La muerte de Sixto Cámara y la salvación de Francisco Garrido”.

Sixto Sáenz de Cámara (1825-1859) fue un personaje harto interesante en el complejo mundo del socialismo utópico español en el ámbito de las ideas de Fourier, además de militar en el republicanismo y ser partidario del iberismo, la unión entre España y Portugal, en su faceta republicana federal. Además de sus ideas socialistas utópicas, fue, curiosamente, un revolucionario de acción. Cámara vivió intensamente ese mundo socialista y convulso de mediados del siglo XIX que, a pesar de lo heterogéneo que era, unía a sus defensores en un decidido afán de justicia social, muriendo muy joven.

Cámara fue muy activo en el mundo editorial, en periódicos y revistas, llegando a tener que exiliarse en Francia. En 1849 fundó en la capital madrileña La Reforma Económica, un periódico dedicado a la difusión de las ideas socialistas utópicas. Cámara participó con Fernando Garrido Tortosa y Ferreras y Aguilar en la organización de la sociedad “Los hijos del pueblo”. En 1854 fundó La Soberanía Nacional, que defendía las ideas el Partido Demócrata, costándole ser detenido y preso. Luchó en el final del Bienio Progresista en 1856. Al ser vencida la Milicia Nacional pudo escapar hacia Portugal vía Andalucía.

En Portugal siguió activo y luchando por sus ideas. En Lisboa dirigió una junta revolucionaria. Al año siguiente, apareció su Manifiesto al pueblo español. En 1859 organizó la Legión Ibérica. Cámara había escrito en ese momento una obra titulada A União Iberica, que buscaba la unión de las repúblicas portuguesa y española. La Legión Ibérica pretendía ser un grupo de republicanos de ambos países en apoyo de Garibaldi en su lucha en Nápoles.

Cámara entró en España, pero fue delatado cerca de la frontera y tuvo que intentar regresar para no ser detenido. Pero en la huida pereció por el calor y la sed, como hemos visto en el texto de Pi i Margall.

Cámara escribió La cuestión social (1849) donde refutaba la obra de Thiers sobre la propiedad, y que había sido mandada traducir por el gobierno moderado español, una Guía de la Juventud, dedicada a la enseñanza, La propiedad, y Espíritu moderno (1848). En esta última obra hizo un estudio de la evolución humana en tres fases: las sociedades antiguas, el orden feudal y el orden democrático. Ese orden en el que viviría el autor seguiría siendo aristocrático. Las diferencias sociales no estarían marcadas por la ley ni el derecho, sino por la organización económica. Por eso debía reformarse. Solamente mediante el “trabajo combinado podrá obtenerse la justicia, repartiendo proporcionadamente los beneficios a los agentes de la producción, capital, trabajo y talento. Fuera de aquí no hay más que explotación y tiranía”.

Sobre Sixto Cámara, además del texto citado de Pi i Margall, podemos acudir a la biografía que escribió Fernando Garrido, en Barcelona en el año 1860, y que podemos consultar en la red. Por su parte, Roberto Pastor Pascual tiene un trabajo, también en la red, titulado “Sixto Cámara (1824-1859 y la revolución social”. Por supuesto, sigue siendo obligada la consulta del clásico de Antonio Elorza, Socialismo Utópico Español, editado en su día por Alianza en 1970, y que incluye textos de nuestro protagonista.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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