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Los socialistas españoles en el año 1897

Los socialistas solían hacer un balance del año al terminar el mismo o comenzando el siguiente. Ese balance pretendía ser una especie de rendición de cuentas general ante los militantes, pero también hacia la opinión pública sobre lo que el PSOE había realizado y sobre su desarrollo. Este balance se publicaba en El Socialista. Constituye una fuente fundamental para estudiar la historia socialista desde su propia perspectiva, además de comprobar cómo veían la realidad que pretendían transformar.

En este trabajo nos acercamos al balance que se hizo del año 1897, un momento clave ante acontecimientos que repercutirían en el devenir histórico de la España contemporánea.

En relación con los actos, el PSOE había celebrado el tradicional homenaje en marzo a la Comuna de París, aspecto que hemos abordado en otros trabajos. Pero el acto fundamental había sido la celebración del Primero de Mayo, en el que los socialistas siempre habían puesto mucho empeño desde su inicio. Se hacía hincapié en el silencio que había desarrollado la prensa burguesa sobre este hecho porque, además, los socialistas habían hecho un gran esfuerzo organizativo que evitó encontronazos y disturbios.

En el terreno electoral había que destacar el avance socialista en las municipales porque había aumentado el voto. En Labarga se sacó un edil. Al parecer, en Ferrol hubo conflictos, pero se consiguió la elección de un candidato socialista, pero donde hubo más disputa, como venía sucediendo desde 1891, fue en Bilbao, el gran bastión socialista. A pesar de los ataques de los contrincantes, se sacaron tres actas de concejal. La lucha política en esta capital vasca siempre fue intensa.

Uno de los aspectos que más se destacan en este balance tiene que ver con la solidaridad obrera desarrollada por toda la familia socialista, y de la que “El Socialista” daba cuenta en cada número, un aspecto muy interesante de estudiar monográficamente. En cada conflicto obrero español e internacional los socialistas abrían suscripciones para apoyar a los trabajadores que sufrían por huelgas y detenciones. En El Socialista se incluían largas listas con los que aportaban su apoyo económico. Pues bien, en ese año había destacado la suscripción a favor de los huelguistas detenidos en Manresa, de los presos inocentes por los sucesos de la calle de Canvis Nous en Barcelona que desembocarían en el famoso proceso de Montjuic, a los que se pretendió desterrar a Río de Oro, pero también a favor de los trabajadores del puerto de Hamburgo y los mecánicos ingleses.

El PSOE se había empeñado en la lucha política frente al gobierno conservador en dos temas: la incapacitación de los concejales socialistas vizcaínos, y contra la redención en metálico del servicio militar que, como sabemos, libraba a los hijos de la burguesía la prestación de servicio, y de tener que ir a la guerra. Recordemos en el año en que se estaba.

La primera de las luchas políticas había servido, en primer lugar, para propagar las ideas socialistas, un objetivo constante, habida cuenta de las dificultades para llegar a la población que durante esa época tuvo el Partido por una combinación de factores internos, pero también de abierta hostilidad externa. El Partido había denunciado la arbitrariedad gubernamental y había demostrado su seriedad, algo que interesaba mucho, por las constantes críticas que recibía no sólo de las demás fuerzas políticas, especialmente desde la prensa. Precisamente, esa prensa había tenido que reconocer la injusticia cometida y las razones socialistas esgrimidas. Se insistía en que se estaba consiguiendo demostrar a la opinión pública que los socialistas no eran agentes perturbadores, ni que sólo se movían por el afán de la crítica sin motivo.

La segunda campaña política habría tenido más resonancia entre los trabajadores, pero también entre la prensa. El PSOE quería movilizar a la clase trabajadora contra la injusticia de la redención en metálico, pero, sobre todo, contra la guerra de Cuba y Filipinas para que se acabase. En todo caso, a la guerra debían ir tanto pobres como ricos, o, mejor aún, nadie. El socialismo español fue la fuerza política más empeñada en el antibelicismo, lo que le generaría la acusación de antipatriótica, además de desarrollar una profunda crítica hacia la injusticia que suponía que no todos los españoles varones en edad militar iban a la guerra, ya que, como es sabido, muchos se libraban por poder económico. Esta actividad fue la principal del Partido en el momento final del siglo. Había que reformar profundamente el servicio militar.

Por otro lado, esta campaña sobre el servicio militar y la guerra había demostrado que el PSOE también se ocupaba de problemas inmediatos y no sólo de la preparación final hacia una sociedad justa. El PSOE quería influir en las cuestiones diarias de los desheredados.

Se habían creado nuevas Agrupaciones, centros y había habido una especial dedicación a los mineros asturianos y de otras zonas.

La reflexión final exponía las grandes dificultades con las que tenía que combatir el Partido en la España del final de siglo: la falta de desarrollo industrial, la ignorancia que sufría el pueblo, la miseria extendida, y el escepticismo político causado por las acciones de los partidos burgueses “avanzados”, en clara alusión al republicanismo, como fuerza que, en teoría, era la más afín a los obreros.

Hemos consultado el número 617 del 31 de diciembre de 1897 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.