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Los socialistas ante la ofensiva patronal para la reforma de los Comités Paritarios

Entre 1928 y 1929, parte de la patronal pretendió una reforma del decreto-ley de creación de los Comités Paritarios, con el apoyo de una campaña de prensa desde el ABC y El Siglo Futuro. Al caer Primo de Rivera habría otro intento. Pues bien, los socialistas reaccionaron desde las páginas de El Socialista.

La Asociación de Estudios Sociales y Económicos, presidida por Francisco Junoy, dirigió un escrito al ministro de Trabajo pidiendo modificaciones del decreto-ley. La patronal criticaba la forma de elegir los miembros de los Comités. La ley establecía la elección a través de las organizaciones obreras y patronales, lo que garantizaba siempre la elección de sindicalistas. Los empresarios buscaban el sistema del “voto individual y directo” de todos los interesados, patronos y obreros, estuviesen o no asociados. Este sistema propuesto destruía, según los socialistas, el principio corporativo y, de ese modo, los patronos podían manejar a grupos de obreros no asociados y afines a sus ideas para ser elegidos.

En segundo lugar, se pedía la creación de Comisiones paritarias locales menores sin restricción alguna y elegidas por el mismo sistema de voto individual y directo, con el mismo efecto descrito anteriormente.

La patronal deseaba fuera del sistema de Comités Paritarios los obreros de los sectores de gas, agua y electricidad, así como los del servicio de tranvías. Los socialistas veían en esta restricción un ejemplo evidente de la animosidad con la que los patronos habían contemplado el funcionamiento de este modelo.

Una de las críticas más evidentes de los empresarios tenía que ver, en realidad, con las atribuciones o competencias de los Comités Paritarios. Debían limitarse a ser órganos de conciliación y arbitraje, sin carácter ejecutivo alguno y sin que pudieran legislar en materia de contratos colectivos de trabajo, ni imponer multas a los infractores de los acuerdos de los Comités.

La patronal estaba también en contra de que los Comités entendiesen en materia de despidos cuando no eran colectivos.

Los socialistas consideraban que a los patronos les alarmaba la posibilidad de que los Comités Paritarios conociesen la verdadera situación de la industria. También criticaban cómo se determinaba el funcionamiento de las Bolsas de Trabajo y la inspección de trabajo a cargo de los Comités.

Por fin, los patronos criticaban que solamente ellos contribuían al sostenimiento de los Comités Paritarios.

Los socialistas denunciaban que todo esto era una intensa acometida patronal contra las instituciones corporativas que, antes de que se vieran sus beneficios, eran combatidas. Por nuestra parte, pensamos que los patronos interpretaban estos Comités Paritarios como un paso hacia cierto control obrero de las industrias, algo que ya claramente se expresaría en la Segunda República.

Los socialistas opinaban que estas críticas no prosperarían porque de hacerlo desaparecería la característica de paritarios de los Comités. En todo caso, querían dar la voz de alarma.

Esta denuncia coincidió con un acto en Zaragoza de Largo Caballero sobre el definitivo asentamiento de la UGT en Aragón, y donde realizó un análisis y defensa de los Comités Paritarios, aunque señalando la distinta interpretación sindical de los mismos frente a la del Gobierno, en un intento de que no se asociase a los socialistas con la Dictadura de Primo de Rivera.

Hemos consultado el número del 3 de enero de 1929 de El Socialista. Sobre los Comités Paritarios podemos consultar el libro de Eduardo González Calleja, La España de Primo de Rivera. La modernización autoritaria. 1923-1930, (2005). También conviene leer el tomo segundo de la Historia de la UGT (Entre la revolución y el reformismo, 1914-1931), editada por Akal, y escrito por José Luis Martín Ramos.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.