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Legislación y fuerza obrera hacia 1906

El socialismo español siempre tuvo muy claro que había que luchar en las instituciones y a través de otros medios económico-sociales para conseguir mejoras concretas para la clase trabajadora, aunque pensando en el objetivo final de la emancipación obrera. Pero esas conquistas debían ser fruto de la presión del movimiento obrero organizado, así como su mantenimiento y cumplimiento, no como una concesión graciosa del poder. En este sentido, es muy significativo un artículo que en agosto de 1906 apareció en El Socialista que trata de esta cuestión fundamental del socialismo.

La columna llevaba el título de “Las leyes obreras”. La primera idea que se planteaba, y en línea con la constante crítica contra las fuerzas políticas más progresistas o “progresivas” en lenguaje de la época, era que cuando los radicales querían congraciarse con la clase trabajadora hablaban en el parlamento o en la plaza pública de la necesidad de legislar para favorecer a los humildes. Pero para los socialistas las leyes sociales se conseguían cuando los trabajadores tenían fuerza. Las mejoras que disfrutase el proletariado habían de ser obra suya, si eran fruto de sus adversarios no se disfrutaban.

Y no pasaba eso cuando no había fuerza obrera organizada porque los patronos tenían la tendencia a incumplir lo que disponían las leyes laborales y sociales sin temer que las autoridades tomaran cartas en el asunto. En ese sentido, se ponía como ejemplo la Ley de Accidentes en vigor en ese momento. Donde no había clase obrera organizada era “letra muerta”. Pero el caso más evidente era el de la Ley de Descanso Dominical, que solamente se cumplía en las grandes capitales españolas donde los trabajadores eran fuertes y podían presionar a las autoridades o empleaban los medios propios del movimiento obrero, como podrían ser las huelgas.

Lo que se pretendía difundir era uno de los fundamentos del movimiento obrero socialista: la necesidad de la unión, de la fuerza, de la organización, un valor en sí. Esa organización presionaba realmente a la burguesía, que no le quedaba más remedio que mejorar la situación de la clase trabajadora. Los explotados debían ser conscientes de su propia emancipación, no esperar concesiones de políticos conservadores o radicales. Con su presión se conseguían conquistas.

Hemos trabajado con el número 1066 de El Socialista de 10 de agosto de 1906.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.