LA ZURDA

Viaje al exilio español: una visión socialista

Como colofón al arduo trabajo de meses por parte de las secretarías de Memoria Histórica, Dinamización y Cultura de la Agrupación socialista de Rivas Vaciamadrid , cuarenta y un compañeros y compañeras de distintos lugares emprendimos un viaje que quedará imborrable en nuestra memoria, un viaje a los lugares en donde nuestros compatriotas llegaron en 1939 huyendo de los últimos coletazos de la Guerra civil.

El avión nos dejó en Tolouse el día 6 de noviembre, que también sería nuestro final del viaje. Allí un autocar, con Regis al volante, nos recogió para llevarnos a Perpignan, nuestra primera etapa, como también lo fue de los exilados, sobre todo catalanes, que huían tras la caída del frente de Cataluña. Un paseo nocturno y una cena frugal pusieron el broche a esta primera jornada.

Al día siguiente nos trasladamos a Argelès-sur-mer, en cuyo campo de concentración cuarenta mil republicanos vivieron en condiciones extremas desde 1939 a 1941. La playa Norte fue la protagonista de la llegada masiva de hombres y mujeres muertos de fríos en el crudo invierno del 39. En marzo de ese año, el fotógrafo Robert Capa, visitó el enorme campo de la playa de Argelès, donde se encontraban, en esos momentos, encerrados más de 80.000 republicanos españoles. La descripción que hizo del mismo fue: "...un infierno sobre la arena: los hombres allí sobreviven bajo tiendas de fortuna y chozas de paja que ofrecen una miserable protección contra la arena y el viento. Para coronar todo ello, no hay agua potable, sino el agua salobre extraída de agujeros cavados en la arena". Un monolito y una placa reciente del gobierno español, colocada en febrero de este año, rinde homenaje a estas personas anónimas. Ochenta años después, otros españoles pisábamos la misma arena en recogido silencio, casi místico, intentando alcanzar la trascendencia de ese momento.

Igual emoción nos embargó a todos poco después cuando nos trasladamos a Coillure, un pueblo costero del Languedoc, pequeño y coqueto, y que ha quedado impreso en los libros de historia por acoger ochenta años atrás en su cementerio los restos del poeta Antonio Machado y de su madre.

El poeta llega el 28 de enero de 1939, procedente de Cerbère, en compañía de su madre, Ana Ruiz, su hermano José y Matea, su cuñada. Los vecinos le reciben con gran orgullo hasta el punto que el comisario de policía pone a disposición de los Machados su coche oficial, para el traslado a su alojamiento, que termina por ser el hotel Bugnol-Quintana. Pero pocos días después muere el poeta, es 22 de febrero de 1939. Su exilio ha durado solo 27 días.

Reunidos los compañeros y compañeras junto a la sepultura del “maestro” leímos su poesía y una carta dedicada a su memoria y que quedó depositada en el buzón que se halla junto a su lápida, apenas visible por la cantidad de banderas y flores que la cubre. La lluvia, que fue una compañera más durante el viaje, quiso también estar presente en este momento, mezclándose con las lágrimas, que ya inevitables, brotaban de nuestros ojos.

Tras la comida, emprendimos marcha hacia la siguiente etapa, en la que nos esperaba la historia, también, de la intolerancia. Casi de noche, con todas sus luminarias encendidas, nos recibió la impresionante ciudadela de Carcasón, centro neurálgico que fue de los cátaros, los cristianos “puros”, que sufrieron también al principio del siglo XIII persecución y exilio. De aquella enorme represión nos queda el testimonio del genocidio de Béziers, en donde se pasaron a cuchillo a más de veinte mil personas, muchos de ellos niños. Su huída les llevo, en este caso, al camino contrario del de nuestro exilio, ya que se refugiaron al sur de los Pirineos.

Las dos últimas jornadas tuvieron como protagonista la ciudad de Tolouse, capital histórica del Languedoc. Allí tendríamos la oportunidad de conocer los lugares más emblemáticos del exilio español de la mano del profesor Martínez Cobos. No en vano tras la liberación de Francia en 1944, Toulouse para a ser la capital del exilio republicano español. Hoy se puede pasear por la ciudad y ver los edificios que albergaron el movimiento de los exiliados y que forman parte de la memoria de esta ciudad. Allí estuvieron el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la Unión General de Trabajadores (UGT), el Partido Comunista de España (PCE), la Confederación nacional del Trabajo (CNT), las Juventudes Socialistas de España (JSE), el Movimiento Libertario Español (MLE), o el Moviment Socialista de Catalunya (MSC), el Casal Català, el Ateneo Español o los Amigos del Teatro Español, entre otros. En el cementerio de Rapas está enterrada Federica Montseny, dirigente de la CNT y primera mujer ministra de Europa.

A la mañana siguiente, esta vez bajo un sol espléndido, nos dirigimos a nuestra siguiente visita, el homenaje a Manuel Azaña. El que fuera ministro, primer ministro y presidente de la II República, murió en una triste habitación del hotel en Montauban, junto a su mujer, Lola Rivas Cherif y sus colaboradores más cercanos el 3 de noviembre de 1940. En su cementerio, junto a su tumba, tuvimos el honor de ser participes de una ceremonia entrañable, en la que escolares, algunos descendientes de exilados, cantaron a coro Bella Ciao.

Tras una comida de confraternidad con distintas entidades , nos trasladamos a Septfonds, cuyo campo de internamiento, el Campo de Judes, fue el confinamiento de veintinueve mil republicanos españoles. Allí fuimos recibidos con un cariño inmenso por el alcalde de ese pequeño pueblo, junto con su gobierno, y tuvimos oportunidad de conocer a Joaquín Pedrés, último superviviente de los internados en el campo, al que entró con catorce años. Con él visitamos el Cementerio de los españoles, en donde reposan los cuerpos del ochenta y un compatriotas bajo la sombre de ochenta y un pinos plantados en su recuerdo. Nuevamente las emociones se agolparon en el alma y en la memoria, haciendo inevitables las lágrimas.

El domingo 10 de noviembre dábamos por concluido el viaje. Nuestro aterrizaje en Madrid prácticamente coincidió con el final de la jornada electoral y, como si los hados se hubieran conjurados, las urnas volvieron a arrojar el reflejo de las dos Españas condenadas a no entenderse, esas Españas machadianas: la de la charanga y la pandereta, la del yunque, la rebeldía y las ideas.

Por eso es tan importante la memoria histórica: para que nadie pueda, aunque lo intente, tergiversar la historia, haciéndonos creer que habla en nuestro nombre, cuando lo único que hace es institucionalizar el odio y la venganza. Le debemos a aquellos hombres y mujeres, que mantuvieron el espíritu socialista dentro y fuera de nuestras fronteras, el mayor homenaje que hacer se pueda: seguir luchando por la justicia, la libertad y la igualdad. 

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.