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El Real Decreto-ley de los Comités Paritarios

En nuestro afán por divulgar la legislación laboral en la Historia nos acercamos a la Ley que establecía en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera los Comités Paritarios, organismo fundamental de la Organización Nacional Corporativa, y obra de Eduardo Aunós.

“A propuesta del Ministro de Trabajo y Previsión, y de acuerdo con mi Consejo de Ministros,

Vengo en disponer lo siguiente:

Artículo 1. Queda aprobada con carácter de decreto-ley, la adjunta refundición del de 26 de noviembre de 1926 sobre Organización Corporativa Nacional y demás disposiciones posteriores.

Art. 2. Para todas las de carácter oficial, se denominará esta disposición Real decreto-ley de Organización Corporativa Nacional de 26 de noviembre de 1926, texto refundido.

Dado en Palacio a ocho de marzo de mil novecientos veintinueve. ALFONSO. El Ministro de Trabajo y Previsión, Eduardo Aunós Pérez.

Exposición.


Señor: Quien, desde alturas semejantes a las de la historia, alcanzase a contemplar el universal conjunto de los acontecimientos actuales, advertiría, en lo social y en lo político, a las fuerzas mejores y más generosas del mundo consagradas a la obra común del restablecimiento del orden.


Orden no quiere decir aquí simple apaciguamiento, tranquilidad exterior. Dentro de una labor nacional eficaz y sincera, esto sería solamente la previa condición, el prólogo. El orden a que nos referimos comienza, en realidad, cuando no se trata ya de que los distintos elementos sociales no luchen ni contiendan, sino de que se articulen y colaboren, y no de evitar su disgregación atomística, sino de conseguir su concentración y convergencia en un esfuerzo general para el progreso, para la justicia, para el bien. En esta nueva etapa de intervención, la palabra orden significa, pues, plan orgánico, arquitectura, construcción. Alude a la sistematización y coordinación de anhelos y de intereses, fluyendo de un centro común, que entonces, y sólo entonces, merecerá llamarse ideal social.

Sin un centro de espiritualidad auténtica, a la vez conceptual y emotivo, que constituya como el ara donde los intereses particulares sepan inmolarse al interés colectivo, no puede crearse el orden, en el sentido trascendental que acabamos de reconocer en la palabra. Así, la Humanidad ha vivido sucesivamente distintas ideas sociales. Cada una de ellas expresa el sentido de una época de civilización. Sabido es que la idea social que servía de quicio a la civilización del mundo antiguo era la guerra. La guerra, en función de defensa o de conquista; siempre de profesión y educación. Esta idea social se traducía, dentro de aquél, por la existencia de una civilización heroica, salvaguardada por las virtudes de la virilidad, del heroísmo, del honor, y por los hábitos de abnegación y de leal compañía adquiridos en los campos de batalla. Todavía la actitud guerrera resulta salvadora en las supremas ocasiones de la vida de los pueblos. Pero, en su existir cotidiano y normal, la idea social no se articula ya en torno a la vocación por la guerra, sino en torno a la vocación por el trabajo.


Un nuevo hogar de emoción humana, un principio plasmados de civilización futura ha nacido del ideal del trabajo. También aquí la generosidad puede florecer, también aquí puede producirse el sacrificio de lo individual a lo colectivo. El trabajo tiene igualmente su compañerismo fraterno, y conoce el sentido de la virilidad, del heroísmo, del honor. En torno del culto al trabajo y de las leyes profesionales va apareciendo, ante nuestros ojos maravillados, un orden nuevo, un orden nuevo que no es otra cosa, en definitiva, sino el orden eterno, aplicado a distinto fin; pero ello exige que un esfuerzo lúcido y previsor tienda a sacar, dentro de cada país, la vida del trabajo de las anarquías de lo amorfo, donde la sumieran los tristes errores sufridos por la Humanidad en la etapa de civilización dominada por el individualismo. La idea social forma en todo caso un núcleo. Pero todo orden, además de un núcleo, necesita un cuerpo...

No corresponde esta iniciativa solamente a una obediencia a los imperativos de la hora, sino a la vocación paladina de un pasado español tan lleno de grandezas como de enseñanzas. La obra de las agrupaciones profesionales, la estructuración del trabajo en cuerpos orgánicos, ostenta gran riqueza y constancia de precedentes en nuestra tradición. Los Colegios profesionales romanos arraigaron aquí; el espíritu de las gildas germánicas se introdujo también; pero fue todavía más decisiva la función espontánea que creó los gremios y los hizo florecer, en toda la Edad Media, como entidades a la vez profesionales y jerárquicas, benéficas y religiosas. Esta actividad gremial llegó a su momento culminante en el siglo XV; se complica con la introducción de nuevas formas de artesanía, lindante ya con lo nobiliario, como las traducidas en las Corporaciones de impresores y de libreros. La Edad Moderna no terminó con esta autóctona floración corporativa. La respetó el mismo siglo XVIII. Apenas el individualismo la ataca, la debilita y logra sumergirla por algún tiempo en la agitación política del siglo XIX, cuando en forma ya, desgraciadamente, parcial, la vemos reaparecer y reunir en sí, desde hace cincuenta años, toda la intervención de las clases sociales.


Las realidades que se mueven en torno nuestro, y que brotan de las remotas fuentes del pasado, hay que recogerlas y encauzarlas. Sería pecado secarlas. Si dejáramos de nutrir con su sentido la vida española de mañana, ésta se encontraría apartada de la idea social que ha de regir el destino futuro de los pueblos.

Como primer paso para la organización corporativa nacional, se presenta a Vuestra Regia sanción este Decreto-ley, en que se establece una articulación del trabajo, inspirada en las realidades vivas de nuestro pueblo. La hora presente, de pacificación interior, de despertar ciudadano y patriótico, invita a aprovechar las experiencias realizadas, con éxito, en distintas localidades de España, para instaurar, con carácter general, y enlazar en una gradación jerárquica, esos Comités paritarios y Comisiones mixtas del trabajo, que han demostrado ser piezas necesarias de una organización social en que la ponderación de intereses y el espíritu de concordia son los ejes directores y la más firme base de su acierto.

El sistema corporativo que por el adjunto Decreto-ley va a entrar en vigor, descansa en el Comité paritario de oficio y en la Comisión mixta del trabajo, organismo el último de enlace de Comités paritarios, cuyos elementos profesionales vierten su actividad en una misma área de la producción. Uno y otro elaboran normas obligatorias en los oficios de su competencia, normas que tienen su vértice común en el contrato de trabajo, y que alcanzan, con un carácter tutelar, hasta la realización de obras de asistencia social, consagradas en instituciones de tan relevante utilidad como las Bolsas de Trabajo.


La obligatoriedad del Comité paritario producirá, como consecuencia, que todas las ramas del trabajo nacional estén representadas en ellos con la profusa gama de matices con que se traducen en el vivir cotidiano. La agrupación sintética de los Comités, clasificados por oficios, dará como resultado la Corporación profesional. Al frente de ella, un Consejo paritario regirá su marcha y ordenará su desarrollo. Su obra ponderada, su actividad rectora, harán surgir un sentido de unidad entre las manifestaciones locales del oficio y las que constituyen el conjunto de la economía. El sentido de responsabilidad profesional se fundirá con el sentido de solidaridad nacional. Las zonas geográficas de la producción se enlazarán íntimamente, y de este enlace se producirán nobles emulaciones.


Articuladas todas las fuentes de riqueza, afirmada la disciplina interna de los oficios, reguladas las relaciones del capital y el trabajo por virtud de mutuos acuerdos, con fuerza de obligar, la vida española entrará por cauces dilatados de prosperidad, de paz, de orden interior.

Tales razones mueven al Ministro que suscribe, de acuerdo con el Consejo de Ministros, a someter a V. M. el adjunto proyecto de Decreto-ley.


Madrid, 26 de noviembre de 1926. SEÑOR: A L.R.P. de V.M., Eduardo Aunós Pérez.

Texto refundido.

I Articulación del trabajo nacional en grupos corporativos.

Artículo 1. Los elementos que integran la vida profesional española se constituirán sobre la base de organismos especializados y clasificados, a cada uno de los cuales se dotará de representación oficial, mediante la creación de entidades corporativas de jurisdicción graduada.

Art. 2. A los fines indicados, servirá de base a dicha organización la clasificación y definición de las profesiones cuyo conjunto forma el trabajo nacional, comprendida en el art. 9.

Art. 3. Para la representación, dentro de cada grupo profesional, en los organismos corporativos, servirá de base el censo de Asociación patronal y obrero establecido por el Ministerio de Trabajo y Previsión y anualmente rectificado conforme a las disposiciones vigentes.

Art. 4. A los efectos de la Organización profesional española, se entenderá por Corporación el organismo de derecho público que abarque los Comités paritarios que integren un grupo determinado de los señalados en cada uno de los apartados del art. 9, estén o no agrupados en Comisiones mixtas.


Para la creación en lo sucesivo de nuevas Corporaciones, bien sea por desglose de alguno de los oficios o profesiones de los detallados en dicho art. 9, o por formación de una nueva entidad profesional, será necesaria la promulgación de un Real decreto señalando su funcionamiento y facultades, previo informe de la Comisión delegada de los Consejos de Corporación.

II. Representación de los grupos corporativos en Comités Paritarios.

Art. 5. Los Comités paritarios son instituciones de derecho público, con el fin primordial de regular la vida de la profesión o grupo de profesiones que corresponda, dentro de la legislación vigente.

Art. 6. Al Ministerio de Trabajo y Previsión incumbe la creación de estos Comités, los cuales se organizarán en la forma y con las atribuciones que en los artículos siguientes se detallan.

Art. 7. Los Comités paritarios se establecerán por Real orden del Ministerio de Trabajo y Previsión.

Art. 8. Los organismos paritarios que comprenderá la jurisdicción graduada a que se refiere el art. 1 serán:

1.Comisiones paritarias locales menores.

2.Comités paritarios locales e interlocales.

3.Comisiones mixtas del trabajo.

4.Consejos de Corporación.

5. Comisión delegada de los Consejos de Corporación.”

BOE, 26 de noviembre de 1926.

(Consultado en el blog de Historia Contemporánea)

El 26 de septiembre de 2017 publicamos en El Obrero un trabajo con el título de “El sistema sindical de la Dictadura de Primo de Rivera: los Comités Paritarios” donde explicamos este fundamental organismo laboral. Por otro lado, en este mismo medio encontraremos distintos trabajos sobre la relación del sindicalismo socialista con los Comités Paritarios.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.