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La primera huelga en el Egipto faraónico en “El Socialista” en los años veinte

En este mismo medio estudiamos en otro trabajo la primera huelga documentada de la Historia en el Egipto del Imperio Nuevo, en tiempos de Ramsés III. Pues bien, hemos encontrado una referencia de este conflicto en El Socialista en el año 1927, sobre un artículo de Eisentäder, publicado en la revista alemana Urania. Dicho profesor transcribió parte de lo que explicaba Spiegelberg en Los obreros y el movimiento obrero durante el reinado de los Faraones. El periódico obrero español hizo, por su parte, una transcripción del texto del artículo en cuestión. Recordamos este texto como un ejemplo de la preocupación cultural del periódico socialista, pero, sobre todo, porque se trataba de un tema vinculado con el movimiento obrero desde la Historia.

El texto hablaba de una necrópolis frente a Tebas (imaginamos que se refiere al Valle de los Reyes), cuyo engrandecimiento exigía el concurso de un gran número de sacerdotes, empleados y trabajadores, y su conservación la existencia de graneros, cuadras, edificios para la servidumbre y prisiones.

Los trabajadores en dicha necrópolis estaban divididos en dos categorías: los obreros especializados y los esclavos. Los primeros estaban encargados de la construcción de la misma, como picapedreros, carpinteros, herreros, dibujantes, jardineros, etc. Los esclavos, en cambio, se dedicaban a tareas relacionadas para atender el mantenimiento de los primeros.

El pago de los trabajadores se hacía en especie: trigo, pescados, cerveza y aceite, y algunas veces con prendas de vestir.

Al parecer, algunos gobernadores e inspectores acapararon algunos de estos productos que servían de salario, provocando quejas por dicha rapiña. Debía ser una práctica corrupta permanente.

En tiempos de Ramsés III los trabajadores se rebelaron, hartos de esta situación. Para el autor del trabajo, y eso era algo que interesaba especialmente en un periódico como El Socialista, el faraón era muy piadoso, y siempre estaba atento a la salvación de su alma, por lo que favorecía a la casta sacerdotal, mientras los trabajadores se morían de hambre. Los sacerdotes recibían gran cantidad de sacos de grano frente a lo que recibían los obreros.

El conflicto estalló después de tres semanas sin que los trabajadores recibieran alimentos. Decidieron abandonar las obras y la ciudad. Los inspectores se sorprendieron de esta actitud que nunca se había dado, y temerosos por lo desconocido, decidieron optar por ofrecer promesas, pero los trabajadores decidieron invadir el templo de Ramsés III.

En ese momento, los trabajadores recurrieron a los sacerdotes para expresarles su calamitosa situación, y que se convirtieran en intermediarios ante el faraón. Para aplacarlos se les concedió el trigo adeudado de un mes.

Pero el conflicto no se frenó porque las promesas ofrecidas no se cumplieron. Los trabajadores eran conscientes de su fuerza. Salieron de la ciudad y acamparon en una aldea cercana. Se declararon en huelga. Dos semanas después, el gobernador tuvo que actuar, y se concedió a los trabajadores la mitad de lo que se les debía. El alto funcionario les expresó que no había robado, y que intentaría ofrecer lo que encontrase a pesar de que los graneros se encontraban vacíos. El autor del artículo expresaba que esta actitud era la típica en la burocracia al no responsabilizarse de los problemas sino buscar las causas en “la insuficiencia de las arcas”.

Unos pocos días después, viendo los trabajadores que no habían recibido mas que una mínima parte de trigo, decidieron reanudar la huelga, demostrando, a nuestro entender, una gran fortaleza, un cambio en la resignación del pasado, y cómo, además, la situación debía ser desesperada. Prueba de ello, es que se plantea la posibilidad de asaltar los almacenes del puerto. Ante esto, la autoridad promete gran cantidad de productos, aunque también ordene que se castigue con la pena de muerte cualquier acto violento. Esta doble actitud hace que los trabajadores vuelvan al trabajo.

Pero a los once días de no recibir alimentos los obreros regresaron a la huelga; el conflicto, como vemos, parecía enquistarse. Entonces el gobernador de Tebas comunicó que de orden del faraón se entregarían de forma inmediata 50 sacos de escanda.

Al parecer, las fuentes interrumpen aquí el relato del conflicto, pero el autor del estudio opinaba que las luchas continuaron durante largo tiempo. En este sentido, otro papiro habla de un conflicto cien años después, provocado por razones similares, es decir, por la sustracción de los víveres y productos por parte de los gobernadores. El autor del estudio hablaba de cómo durante ese tiempo los trabajadores habían acumulado experiencia en la lucha. Eso les hizo no recurrir a las autoridades que les robaban, es decir, a los gobernadores, sino a instancias más altas y distintas, a las autoridades judiciales de Tebas o a los altos sacerdotes de Amón. Como en el caso anterior, la huelga no tuvo carácter violento, sino que se desarrolló a través de una organización previa, algo que, en nuestra opinión, debió entusiasmar a los socialistas, siempre preocupados sobre las huelgas, sobre la importancia de planearlas adecuadamente.

Así pues, una delegación de los trabajadores cruzó el Nilo y se presentó ante los magistrados tebanos para denunciar que se les había disminuido la ración de trigo, y por esa razón habían abandonado el trabajo. Los jueces obligaron a los gobernadores a pagar lo adeudado.

El artículo terminaba con unas consideraciones que interesa resaltar. En primer lugar, se opinaba que lo relatado no se podía comparar con una huelga moderna -reflexión interesante al establecer diferencias en relación con la conflictividad social en la Historia- porque no se trataba de reclamar un aumento salarial o una reducción de la jornada laboral, pero se quería destacar también la importancia de cómo ya en el Egipto antiguo los trabajadores luchaban por sus derechos, frente al trabajador oriental más sumiso, afirmación que nos llama la atención.

Hemos consultado el trabajo en el número 5872 de El Socialista. En El Obrero podemos encontrar el artículo de este autor, citado al principio.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.