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El problema de la vivienda en relación con el turismo en el Sitges de 1920

Sitges era ya en 1920 una localidad turística en la costa catalana. Esto tuvo una clara consecuencia en la cuestión de la vivienda con un alto coste social. Así se denunció desde las páginas de El Socialista en el final del invierno de 1920.

Al parecer, en ese momento había entre ochenta y noventa familias desahuciadas en la localidad mediterránea. Este hecho era consecuencia de los elevados alquileres y el alto precio de las casas. Los propietarios estaban reformando muchas viviendas para venderlas a precios fabulosos o para alquilarlas a los turistas, los “veraneantes”.

La situación había llegado a tal extremo que el 28 de febrero iban a ser desahuciadas dos familias. La noticia corrió por las fábricas y obras de la construcción, y en poco tiempo se paralizaron unas y otras. Hubo una concentración en una de las casas y se paralizó el desahucio. Las autoridades pusieron el pretexto, al parecer, de que se había puesto enfermo del alguacil del juez, pero realmente fue la presión popular y la falta de fuerzas para poder realizar el acto judicial.

En consecuencia, el primero de marzo se desplazaron hasta once parejas de la Guardia Civil para que pudiera cumplirse la ley. Por su parte, la solidaridad obrera había buscado una solución provisional para los desahuciados.

El periódico obrero socialista denunciaba este hecho, pero además también se denunciaba el nulo interés del empresariado de la zona, en la industria del calzado, por procurar a los trabajadores casas, recordando que en otros lugares había empresarios con conciencia, aludiendo al caso de Vallcarça donde los empresarios Fradera y Butsems habían procurado viviendas para sus operarios, con un coste bajo.

Si no se tomaban medidas se vaticinaba que los empresarios de Sitges tendrían que trasladar sus fábricas porque en pocos años, explicaba el corresponsal de El Socialista, que no era otro que el histórico líder socialista sindicalista catalán Josep Comaposada, zapatero de profesión para más datos, no podrían vivir en la localidad más que los trabajadores del servicio de los veraneantes.

Comaposada afirmaba que en el Ayuntamiento había una mayoría favorable a la construcción de viviendas obreras, como lo probaría que se habían construido en el pasado diecinueve viviendas, y que podía conseguir que se construyeran unas sesenta en el presente, pero denunciaba la “labor de zapa” de los catalanistas con recursos de alzada, so pretexto de que el Matadero que habría de construirse, precisamente en el barrio de las casas para obreros estaba próximo al cementerio, dificultando esta mejora en beneficio del pueblo.

Hemos consultado el número 3459 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.