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Teresa Claramunt

Teresa Claramunt fue un ejemplo de esfuerzo y lucha en el seno del sindicalismo anarquista español, una obrera textil, que muy pronto adquirió conciencia social, y dedicó su vida a la causa de los trabajadores y trabajadoras. Algunos han calificado a Teresa Claramunt como la “Louise Michel” española. También fue una de las mujeres más brutalmente reprimidas por el poder a lo largo de su vida.

Nuestra protagonista nació en Barbastro en 1862, pero muy pronto su familia se trasladó a Sabadell y, siendo una niña, se puso a trabajar en la industria textil, comenzando a formarse de forma autodidacta. El lugar de nacimiento de nuestra protagonista ha sido motivo de polémica historiográfica, porque algunos autores dicen que realmente nació en Sabadell. En todo caso, en la ciudad industrial catalana fundó un grupo anarquista, influida por el ejemplo de Fernando Tarrida del Mármol. Junto con este máximo representante del anarquismo del siglo XIX español participaría en la Huelga de las Siete Semanas de 1883 para reivindicar la reducción de la jornada laboral a diez horas, uno de los conflictos sociales más importantes en la historia social de Sabadell. Al año siguiente participaría en la fundación de la Sección Varia de Trabajadores anarco-sindicalistas de Sabadell. Su preocupación por la liberación de las mujeres le hizo colaborar con Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo en la creación de la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona en 1892. Anteriormente estuvo en Portugal con Antonio Gurri, su marido, huyendo de la persecución policial, y donde colaboró con los anarquistas locales.

Teresa Claramunt fue víctima de la represión indiscriminada desatada a raíz de la bomba del Liceo de 1893 y del atentado del Corpus que llevó al tristemente famoso Proceso de Montjuic en 1896. En esta última ocasión fue brutalmente agredida, causando a Teresa graves secuelas físicas para el resto de su vida. Soledad Gustavo dejó constancia de este sufrimiento y de las torturas que padeció. Claramunt no fue condenada por ningún delito, pero fue deportada a Inglaterra, aunque también residió en París. En 1898 regresó a España.

Ya en el siglo XX fundó El Productor (1901), y renovó su entusiasmo luchador en la prensa, como lo demuestran sus trabajos en La Tramuntana, La Revista Blanca, para dirigir El Rebelde entre 1907 y 1908. También escribiría para una publicación inglesa, Freedom. Pero no sólo se distinguió en la lucha a través de la letra impresa. En 1902 participó en los mítines en solidaridad con los trabajadores del metal y en la huelga general de febrero de ese mismo año.

En 1903 viajó a Andalucía con Leonardo Bonafulla, el seudónimo de Juan Bautista Esteve, compañero de Teresa, y que nos ha dejado otra semblanza de nuestra protagonista como una infatigable luchadora entre la cárcel y los caminos a favor de los humildes, teniendo cinco hijos que no sobrevivieron, algunos de ellos nacidos en la cárcel. Además de Antonio Gurri y Bonafulla, también José López Montenegro fue compañero suyo. El objetivo del viaje era difundir las ideas anarcosindicalistas y fomentar la lucha. En Ronda fue detenida por la Guardia Civil. Fue conducida a Málaga y enviada a Barcelona. En ese año escribió un folleto titulado La mujer. Consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre. En la obra hacía un brillante alegato sobre la emancipación de la mujer, teniendo que ser ella la protagonista de la misma. Además, formuló una profunda crítica a la educación por ser la causante de la dependencia femenina.

Teresa Claramunt siempre creyó en el sindicalismo revolucionario y no fue muy partidaria de la creación de la Solidaridad Obrera.

A raíz de los sucesos de la Semana Trágica en Barcelona fue detenida en agosto de 1909, y confinada en Zaragoza. Allí residió hasta la Dictadura. En la capital aragonesa se empeñó en adherir los sindicatos locales a la CNT. También participó en la huelga general de 1911, y volvió a ser detenida.

Teresa Claramunt estaba muy enferma, pero eso no sólo no impidió su compromiso como tampoco la represión que se ejercía sobre ella. Cuando el cardenal Juan Soldevilla sufrió un atentado la policía entró en su domicilio para registrarlo en busca de pruebas con el propósito de incriminarla. Al año siguiente regresó a Barcelona, arrastrando una salud muy precaria a causa de una parálisis que le impidió poder seguir el ritmo de lucha que había desarrollado antes. Sus compañeros anarquistas ayudaron a Teresa a poder vivir. Vivió un tiempo en Sevilla. Allí dio un mitin contra la Dictadura, para regresar después a Barcelona. En la capital catalana todavía pudo dar otro mitin en 1929. Murió unas horas antes de que los españoles votaran en las elecciones municipales de 1931, de tanta trascendencia para la Historia. Fue enterrada el 14 de abril, cuando amanecía la República en España.

“A la unión de Elche Sociedad Femenina de Resistencia y Socorros Mutua

Compañeras: Por mediación del periódico El Productor ha llegado a mis manos una hoja que en conmemoración del aniversario de la existencia de vuestra sociedad habéis dado luz. La lectura de ese hermoso documento ha producido en mi el agradable efecto que produce a la planta la gota de rocío.

He sentido esa dicha indefinida que experimenta el prisionero cuando mira penetrar por entre las rejas de su calabozo los vivos resplandores del astro solar. Como el cautivo los saluda, yo saludo la esplendidez de vuestros pensamientos.

Sí queridas amigas, la que como yo vive consagrada por completo a la lucha contra la mentira religiosa, la explotación burguesa y la bárbara fuerza del poder; que con afán busca a sus compañeras de infortunio, que como yo sufren las iras malvadas de esos colosos que nos degradan, explotan y matan; yo que al regresar de excursiones de propaganda vuelvo a la casita que al casero pago, lacerado el corazón ante el estado de idiotez en que yace la mujer, que fanatizada por el cura se presta gustosa a ser carne de máquina, y da con pasividad criminal sus hijos para que vayan a ser carne de cañón, yo repito, que veo a la mujer tan alejada de la senda que por dignidad debería seguir, hay momentos que dudo en que llegará el día en que el sol de la justicia ilumine la inteligencia humana. Y cual no ha de ser mi dicha al llegar hasta mí el eco armonioso de dignas compañeras que como vosotras lanzan estas sentidas notas.

«La estúpida resignación huye de nuestros hogares y entra por el dintel de nuestras puertas bañado de luz, el amor fraternal de todos los humanos. Nuestros hijos, nuestros hermanos, no son huraños con nosotras por ser las eternas negadoras de su obra».

«Cuando vuelven a nuestras casas ya no les molestamos con chismes y rencillas de vecinas; como tenemos cosas grandes que ocuparnos ya no hacemos caso de pequeñeces, y como que tenemos un común enemigo a quien batir no reñimos con las compañeras de trabajo».

Esas perlas del sentimiento, de la inteligencia, del amor, y la bondad habéis impreso en el frágil papel que estrecho en mis manos. Yo al leerlas, os agradezco las gratas sensaciones que he sentido. ¡Será verdad tanta belleza! Sí, sí, es verdad que en ese hermoso rincón de España llamado Elche existe una agrupación de mujeres que sienten las hermosas concepciones expuestas. Vosotras habéis escrito, sin duda que de las 41 socias que cuenta la sociedad unas pocas son las que estarán a la altura moral para poseer tales sentimientos, pero no dudo queridas mías que trabajaréis con ardor hasta conseguir que la razón desaloje el rutinarismo del cerebro de vuestras hermanas y a la vez no olvidaréis a las proletarias de las demás comarcas, y si puede ser del mundo entero, porque sólo con la unión de todos los explotados lograremos hacer imperar la fuerza de la razón anulando para siempre la razón de la fuerza que es la que hoy impera.

No dudo de vuestras energías y confiando que sabréis resistir con dignidad todos los ataques que os hagan y combatir todos los atropellos que se intenten contra vosotras, y que lucharéis siempre con denuedo hasta llegar a la meta de nuestras justas aspiraciones.

Os saluda fraternalmente vuestra compañera.

El Productor, Barcelona, 19-X-1901”

(Consultado en Textos feministas, Teresa Claramunt, en María Amalia Pradas Baena, Teresa Claramunt, la virgen roja barcelonesa, Bilbao, Virus Editorial, 2006 (en la red).

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.