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La inauguración del Centro Obrero madrileño de la Calle de Relatores en 1900

La Casa del Pueblo de la calle del Piamonte, inaugurada en noviembre de 1908, no fue el primer Centro Obrero de Madrid, anteriormente hubo otro en la calle de Relatores, nº 24 (principal), que se inauguró a finales de enero de 1900. En realidad, tampoco era el primero, ya que antes estuvo el de la calle de la Bolsa, pero el crecimiento del número de Sociedades Obreras obligó a este traslado a Relatores. Contaba con más estancias para establecer las distintas secretarías, y con dos salones para celebrar juntas generales. También tenía una dependencia para la cooperativa.

La inauguración se realizó con una fiesta, celebrada la noche del 30 de enero, que se abarrotó de trabajadores, quedándose muchos sin poder entrar.

En el acto habló Largo Caballero para felicitarse del éxito del crecimiento que se estaba experimentando, recomendando a los recién incorporados al movimiento obrero organizado que perseverasen en la defensa de los intereses de clase, pero también en el estudio. Para que se cumpliese esta segunda tarea apeló a los veteranos, a los que encomendó la responsabilidad de enseñar sus conocimientos y experiencia sindicales.

En el acto también intervino Guijarro, entre otros. Creemos que fue Manuel Guijarro Moreno, fundador de la Sociedad del Gas y Electricidad, y miembro, como trabajador del Ayuntamiento madrileño, de la Agrupación de Obreros y Empleados Municipales. Guijarro realizó en su discurso una comparación entre las clases. Otro orador fue Andrés, aunque no tenemos muy claro a quién concretamente se refiere la crónica de El Socialista. Andrés elogió la evolución del movimiento obrero socialista en Madrid. El avance de la clase obrera madrileña, en consecuencia, significaba un gran paso, pidiendo a todos constancia en dicho avance.

El último orador, como era habitual, fue Pablo Iglesias. Empezó resaltando que el progreso de la organización obrera madrileña se debía, realmente, a la “constancia, abnegación y sacrificio de los convencidos”.

A medida que aumentaba la fuerza organizada obrera, se acrecentaba también la responsabilidad, en opinión de Iglesias, apelando a la cautela y la prudencia, máximas que siempre defendió el líder socialista en la estrategia sindical, contrario a emprender acciones, como huelgas, sin un estudio previo que sopesase los pros y contras de las luchas planteadas, para que no peligrara nunca la organización obrera, un principio fundamental en el sindicalismo de signo socialista. Por eso insistió en que no había que iniciar acciones que no estuvieran debidamente preparadas porque de lo contrario solamente se conseguirían perjuicios. No había que imitar lo que otros hacían, en alusión implícita al sindicalismo más vinculado al anarquismo, sin calibrar antes el estado de la fuerza de la organización propia (de ahí la importancia de su alusión a las Cajas de Resistencia, una constante en el pensamiento de Iglesias, como hemos comprobado repetidamente).

El acto terminó con la intervención del Orfeón Socialista Madrileño entonando “La Internacional”.

Hemos consultado la crónica del acto en el número 726 de El Socialista, de 2 de febrero de 1900.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.