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La Sociedad de obreras escogedoras de trapos de Madrid a comienzos del siglo XX

En un trabajo anterior sobre las trabajadoras de almacenes de trapos estudiamos un artículo-denuncia de J.A. Meliá del año 1908 sobre la situación de las mismas donde se aludía a que estas obreras habían formado en el pasado una Sociedad de Resistencia para defender sus derechos. Meliá, además, explicaba cómo se habían lanzado a una huelga que calificó de prematura y que, en consecuencia, sería derrotada, provocando la consiguiente desmoralización y la disolución de la Sociedad. Pues bien, ahora hemos encontrado los datos de la creación de este sindicato y de la huelga. Este artículo trata de estas dos cuestiones.

La Sociedad de obreras escogedoras de trapos se constituyó en la primavera de 1903. Nada más hacerlo se decidió comunicar este hecho a la patronal. Al parecer, la obrera portadora de la noticia fue despedida por su patrón. Sus compañeras pidieron que se la repusiera en su trabajo, y como su demanda no fue atendida decidieron, en solidaridad, ponerse en huelga.

Como el problema se agudizó una Comisión de la Sociedad visitó a los patronos para intentar solucionar el conflicto laboral, y éstos plantearon que debía disolverse la Sociedad Obrera.

Pero las trabajadoras no cedieron. La situación laboral y salarial que padecían era muy dura. Sabemos de la primera por el artículo posterior de Meliá. Trabajaban en unas condiciones higiénicas lamentables al tratar con materiales realmente peligrosos para la salud porque eran ropas que se tiraban a la basura. Además, padecían jornadas laborales interminables. En 1903 cobraban una verdadera miseria. Las maestras recibían jornales de siete reales, mientras que el jornal del resto de las trabajadoras oscilaba entre tres y cinco reales.

En todo caso, celebraron una asamblea en el Centro Obrero de Madrid de la calle de Relatores el 12 de abril, decidiendo que volverían al trabajo en la casa de uno de los empresarios, llamado Luis V. Peña, porque en una carta había felicitado a estas trabajadoras por la iniciativa que habían tomado de formar una Sociedad Obrera, además de afirmar en la misma que a partir de entonces no contrataría a ninguna mujer que no estuviera asociada. Pero era un caso aislado, por lo que la huelga continuó.

Pero la presión empresarial fue muy fuerte y, a pesar, del apoyo de los obreros enfardadores y cargadores, que habían hecho causa común con las huelguistas, éstas volvieron al trabajo. Se da la circunstancia que cuatro trabajadoras no habían sido advertidas por sus compañeras de esta vuelta, por lo que no pudieron volver a sus puestos de trabajo. En consecuencia, la Sociedad decidió encargarse de socorrerlas hasta que consiguiesen colocación.

Al parecer, corrió el rumor de que los patronos iban a bajar los jornales en represalia por la huelga. Las obreras decidieron que si eso ocurría se reanudaría la misa, y no solamente para impedir una rebaja salarial, sino también para exigir mejoras laborales como eran la reducción de jornada, y mejora en el trato, ya que era muy duro como lo demostraría que mientras trabajaban no podían hablar entre ellas.

Hemos consultado los números 893 y 894 de El Socialista. Por otro lado, se puede consultar nuestro trabajo, “Las trabajadoras de los almacenes de trapos en los inicios del siglo XX”, en Tribuna Feminista (julio de 2018). Por fin, para entender la movilización femenina en Madrid contamos con la monografía de Marta del Moral Vargas, Acción colectiva femenina en Madrid, 1909-1931. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 2012.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.