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El centenario de Lassalle en la Casa del Pueblo de Madrid

El 11 de abril de 1825 nació Ferdinand Lassalle, figura capital de la primera hora del socialismo alemán. En el centenario de su nacimiento se celebró un acto, organizado por la Agrupación Socialista Madrileña en la Casa del Pueblo de Madrid, con una conferencia de Andrés Ovejero. Pasamos a repasar dicha conferencia en el presente artículo.

Lasalle era, a juicio del socialista español, un claro ejemplo de los primeros tiempos de persecuciones y atropellos en la Historia del socialismo. Había afrontado luchas “formidables” que en el presente ya no se daban. En consecuencia, la celebración de su centenario tenía una especie de componente romántico.

La vida de Lassalle no debía juzgarse por su duración sino por su intensidad. Debemos recordar que, efectivamente, el socialista de Breslau no vivió mucho, ya que falleció en agosto de 1864, es decir, no llegó a los cuarenta años. Ovejero recordó los años universitarios del alemán en los tiempos en los que los estudiantes discutían de ideas, con controversias filosóficas, llegando a jugarse la vida por estos debates, aprovechando estas observaciones para comparar aquella vida universitaria con la de 1925, donde al ejercicio de las “más elevadas facultades mentales ha reemplazado el empleo de las extremidades inferiores, con las cuales se quiere lo mismo las ideas que los balones”.

Lassalle se había jugado la vida por las pasiones antes que por las ideas en alusión a la vida personal del alemán que, como sabemos, le llevarían a la muerte en un duelo, historia que relató el conferenciante.

Para Ovejero importaba el ideario de Lassalle, no las fechas. Explicó que en la Revolución de 1848 se habían incorporado por vez primera las luchas económicas a las políticas. En este sentido, debemos recordar que, efectivamente, en dicha Revolución el componente de conflicto social fue mucho más intenso que en la Revolución de 1830. Lassalle participó en el 48 y, en consecuencia, padeció un proceso, en el que se defendió brillantemente, convirtiéndose en acusador en vez de acusado, y alcanzando la absolución.

Ovejero no se detuvo en la obra filosófica de Lassalle, pero sí en sus discursos. Aludió a uno sobre la esencia de la Constitución y otro sobre el programa de los obreros. La Constitución necesitaba una base social porque sin el pueblo no habría régimen jurídico. Si el monarca o la nobleza eran partes de la Constitución, en opinión de Lassalle, también lo eran los trabajadores. Por eso, la abstención del proletariado era su suicidio.

Para Andrés Ovejero Lasalle y Bernstein eran los definidores del socialismo moderno, una comparación, a nuestro juicio, muy significativa. A Lassalle se le había calificado en Alemania de oportunista, estatista, y hasta de monárquico. En este sentido, debemos aludir al intento de acercamiento de Lassalle a Bismarck como un medio para combatir a la burguesía, algo que, como apuntamos nosotros, le generó muchos problemas, y el enfrentamiento lógico con Marx.

Por otro lado, el orador también aludió a cómo Lassalle consideraba que la “era social moderna” no había comenzado en 1789 con la Revolución francesa sino unos años antes, en 1775, cuando se inventó el telar mecánico y se puso en marcha la transformación económica, es decir, era más importante la Revolución Industrial que la Revolución francesa. Ovejero hacía lo propio para una época posterior. Más que la guerra franco-prusiana el acontecimiento que marcaba la transformación económica mundial posterior había sido la apertura del Canal de Suez, además de preparar el nuevo régimen social que se avecinaba en el mundo. Además, vaticinaba que el Cuarto Estado no procedería como en la Revolución francesa repudiando a una clase, sino incluyendo a todas en la misma órbita.

Lassalle preconizaba que para llevar a cabo el programa obrero era necesaria la “agrupación legal y pacífica mediante el sufragio universal”, en línea con lo expresado anteriormente acerca del abstencionismo político.

Otro aspecto que se trató en la larga conferencia de Ovejero fue la concepción del Estado para el socialista alemán sobre la pregunta de cuál había de ser el fin político del mismo. La respuesta no era otra que la educación del pueblo, una afirmación que para Ovejero era trascendental. El Estado actual era negativo porque reclamaba de los ciudadanos “su sangre, su oro, y tiene para ellos el cuartel, la cárcel, la Universidad”. Había, en consecuencia, que transformar ese Estado negativo en otro positivo. El Estado debía ser un aula inmensa donde los ciudadanos acudirían para “cultivar su razón”.

Así pues, los intelectuales debían estar con los trabajadores, apoyándose los unos a los otros para superar la crisis. Cordero aprovechó para criticar a quienes desdeñaban a las masas y promovían la incultura del pueblo.

Hemos consultado el número 5049 de El Socialista. En El Obrero contamos con un trabajo de este autor, titulado, “Ferdinand Lassalle”, (julio, 2019).

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.