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Andrés Saborit por los mozos de estación en 1923

Una de las cuestiones que se olvidan con cierta frecuencia en la historia del movimiento obrero tiene que ver con las conquistas que, aparentemente, parecen pequeñas, muy concretas, y que, por lo tanto, quedan oscurecidas por los logros generales y los conflictos y huelgas. En este sentido, convendría estudiar las gestiones que miembros del movimiento obrero socialista realizaron durante decenios y decenios ante las distintas autoridades, con desigual fortuna, unas veces consiguiendo lo que se reclamaba o solicitaba y otras no, pero que no dejaron nunca de hacerse. Formaba parte de la estrategia clásica socialista de agotar antes todas las vías no conflictivas o de negociación antes de plantear una huelga.

En este sentido, El Socialista puede ser una fuente muy interesante para este estudio porque en sus páginas se insertaron noticias de estas visitas que realizaron los personajes principales y no tan principales de la UGT y del PSOE en Presidencia del Consejo de Ministros, Ministerios, Gobiernos Civiles, Ayuntamientos y otras instituciones de la Administración. En este artículo nos centramos en una de esas gestiones, concreta, en la primavera de 1923, pero que tuvo su importancia para el colectivo afectado.

Estamos hablando del diputado Andrés Saborit, de los mozos de la Compañía ferroviaria del Norte y del Ministerio de Fomento.

El problema salió a la luz cuando un mozo de esta Compañía perdió la vida aplastado en la madrileña Estación del Norte por un tren cuando hacía la carga y descarga de la correspondencia, es decir, del correo de los trenes, un trabajo por el que estos trabajadores no cobraban ningún estipendio. Pero esta tarea era competencia de la Dirección General de Correos, y sus empleados la practicaban con otras Compañías ferroviarias, como era el caso de la del Mediodía.

Así pues, Saborit se dirigió al Ministerio de Fomento para solicitar que estos mozos fueran relevados de esta ocupación. Al parecer, tuvo éxito, porque el ministro tomó cartas en el asunto.

Pero la familia del mozo fallecido no pudo acogerse a la Ley de Accidentes de Trabajo porque la Compañía alegó que el hecho había ocurrido al servicio del Estado, y éste tampoco se responsabilizó porque, efectivamente, la tarea no debían hacerla los mozos.

Cara y cruz de la realidad laboral de los mozos de estación a la altura de 1923.

Hemos empleado como fuente el número 4478 de El Socialista, de 16 de junio de 1923.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.