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Se nos escondieron los besos

En estos tiempos que corren,

se nos escondieron muchos de nuestros besos

en lo alto de las copas de los árboles,

tras la luz de las estrellas,

dentro de las aguas abisales del océano,

bajo la nieve que cubre la cima de la montaña,

entre las nubes que arropan al cielo,

allá en el horizonte inalcanzable, inmenso.

 

Se nos escondieron mucho de nuestros besos

en el centro de la gota de lluvia,

dentro de la semilla que espera,

entre las patas del grillo, 

bajo el pétalo de la siempreviva,

por donde pasa la estela del caracol. 

en el hueco pequeño del nido,

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos,

detrás del semáforo, en la calle vacía,

sobre el tejado de la torre, en la plaza mayor,

dentro de la fuente que llora todavía, 

bajo el asfalto, huérfano de tránsito, 

en el portal de la esquina.

entre las celosías del balcón,

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos

en la mirada lejana de los “te quiero”,

dentro de la canción a las ocho de la tarde,

bajo la caja pequeña, 

donde guardan la esperanza los abuelos,

sobre el columpio del parque,

con el que sueñan los más pequeños.

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos

fuera de las horas de todo este tiempo,

bajo las sábanas de los hospitales,

dentro de los guantes de los médicos,

en la cabina de los camioneros,

entre los sueños de soldados,

y de todos los que nos ayudan a seguir siendo.  

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos

entre las manos de la muerte sin despedida, 

en la lágrima del miedo,

en el grito de la rabia,

en la espera callada,

en el dolor sin límite,

en la pérdida negada. 

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos

en medio de la soledad,

disfrazada de posibles encuentros,

con máscara que nos pregunta, frente al espejo,

cubriéndonos el rostro de la distancia que nos separa, 

cúal será la nueva forma de ver

esta verdad que nos traspasa.

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos,

entre los emoticonos de los teléfonos,

y el nuevo plan del teletrabajo,

tras los nuevos límites que se nos imponen,

y las propuestas online que alguien nos sugiere,

para no perder lo que creemos 

que todavía nos pertenece.

 

Se nos escondieron muchos de nuestros besos.

pero, un día, pronto, ya pronto

el juego habrá terminado.

Los besos saldrán de sus refugios,

para forjar nuevos vínculos,

que nos permitan vivir hacia fuera

y desde dentro.

 

Saldrán a mirarnos, cara a cara, 

para seguir regalándonos la vida. 

Ayudándonos a dejar marchar 

todo lo que ya no sirva, 

porque para entonces, ya sabremos

el valor de lo que de verdad,

es bueno… 


Maestra. Pedagoga. Varios años directora de Colegio Público de Infantil y Primaria de la Comunidad Madrid. Experta en Pedagogía Transpersonal. Investigadora en nuevas metodologías de enseñanza. Pintora. Jefa de Sección del Servicio de Música y Artes Escénicas del Ministerio de Educación. Una vez me preguntaron que desde cuando escribía poesía. La poesía es la forma con que miro la vida. Por eso, supongo que la poesía va conmigo desde el momento en el que comencé a mirar, el momento en el que empecé a detenerme ante las cosas y les presté atención.. Me regala la incertidumbre de la curiosidad, el gozo del encuentro, el juego de la sorpresa, la sinceridad de la experiencia viva, la calidez y el remanso de la caricia. Por eso para mi la poesía es un regalo, un gozo, un juego, una experiencia viva que da testimonio.