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¿Cómo veía el cristianismo la homosexualidad en el siglo X?

Hroswitha de Gandersheim (935-1002) fue una importante canonesa del siglo X; un poema suyo sobre el martirio de Pelayo se interpretó como una condena de la homosexualidad. Hay versiones que lo matizan.



La lectura del poema no parece que a la canonesa le preocupen especialmente las relaciones homosexuales, sino que un cristiano tenga relaciones sexuales con un "bárbaro".



"Bromeando, vuelve el oído hacia la boca real y con una carcajada desvía el beso declinado,
mientras con su hermosa boca dice:


«No es justo para un hombre bañado en el bautismo de Cristo 
ofrecer su pío cuello al abrazo de un bárbaro;
 ni debería un cristiano, ungido con el óleo sagrado, 
aceptar el beso de un siervo del inmundo demonio,
 abrazar con conciencia limpia a esos hombres estúpidos
 con quienes adoráis estultos dioses de arcilla»"(1)



John Boswell señala sobre este poema:

"Hroswitha no se propone enunciar juicios teológicos sobre actos homosexuales, pero el tono  en que se expresa es revelador. Reconoce que los musulmanes son más proclives a tal conducta que los cristianos, a pesar de lo cual parece sentir que la finalidad más importante de su relato es dar testimonio de la fe cristiana y no cooperar con paganos lujuriosos. La 
misma intriga, pero con una mujer cristiana y un varón romano, es normal en la martirología cristiana primitiva. Se afirma casi explícitamente que, entre los sarracenos, las relaciones homosexuales no eran pecaminosas. No era «antinatural» que los hombres se relacionasen sexualmente con hombres, sino que era simplemente «indecoroso» que los hombres cristianos tuvieran cualquier tipo de relación personal con hombres paganos" (1)



Por la poesía andalusí tenemos conocimiento de que muchos musulmanes tenían amantes cristianos y no veían ningún problema en ello. No está claro que fuera al revés, aunque si hoy podemos comprobar que los padres de la iglesia lo deploraban o consideraban un crimen execrable anti natura, mientras el conjunto de la población, religiosos incluídos, lo veían de forma muy diferente.



La benedictina Hroswitha fue una de las intelectuales más importantes del siglo X. Ingresó joven en el convento femenino de Gandersheim, donde fue abadesa. Hizo voto de obediencia y castidad, pero no de pobreza, por ello se la considera canonesa. Gran conocedora de la poesía clásica dispuso de una basta obra literaria (poemarios, teatro y leyendas. Entre esta importante obra destaco la Leyenda de San Pelayo (Pelagio) de Córdoba, donde narra su supuesto martirio reciente. Su obra fue descubierta el siglo XVI, considerando sus descubridores que una obra tan importante había sido inspirada por Dios. 



El pensamiento intelectual de esta época tenía a los Padres de la Iglesia deplorando y atacando el placer erótico y la pasión romántica, pero estos sentimientos no desaparecieron ni en la población, ni en la propia Iglesia; así los autores clericales daban testimonio de su vida amorosa en los monasterios de varones y mujeres, mientras los laicos no dejaran de enamorarse , y la filosofía y la teología mostraron atención a otros temas hasta bien entrado el siglo XIII.

(1) Boswell, John. Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad