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Antonio Monedero, un impulsor de sindicatos católicos agrarios

Antonio Monedero Martín nació en el pueblo de Dueñas en 1872, en una familia acomodada, pues su padre llegaría a ser diputado y senador por el partido conservador. Precisamente en esta ciudad, Antonio Monedero estudió interno en el colegio San José de los jesuitas de Valladolid (1884-1886), una experiencia apuntaló su religiosidad. En Valladolid se doctoró en Derecho y comenzó a mostrar su interés por la vida pública, a través del impulso del asociacionismo agrario.

A comienzos del siglo XX, viajó por Suiza, Alemania, Bélgica, Inglaterra y Francia donde se interesó por la introducción de nuevas tecnologías y principios de gestión en el campo, así como por los progresos del movimiento cooperativo y asociativo. En sus tierras de Dueñas tuvo la posibilidad de empezar a aplicar algunas de estas ideas, realizando experimentos para mejorar las razas de carne del país cruzándolas con otras extranjeras, escribiendo sus impresiones y resultados con el objetivo de divulgar los adelantos agrarios europeos en España.

Como señala Cardesín, tomó conciencia de los problemas que asolaban al campo español: atraso tecnológico, usura, proletarización, paro, hambre y analfabetismo. Una perspectiva, cercana al regeneracionismo, que se dignificó con una compacta fe religiosa que le acercó al catolicismo social. Por eso, en 1909 constituyó en su finca de Dueñas una cooperativa de consumo y caja de ahorros, de socorros mutuos y de vejez integrada por obreros de sus heredades y fábricas.

A comienzos de 1906 se había publicado la ley de sindicatos agrícolas, que reconocía la pujanza de un movimiento cooperativo que se difundía rápidamente. En mayo siguiente, se celebró la asamblea de corporaciones católicas del norte, en la que el jesuita padre Vicent defendió la conversión de los círculos católicos obreros en sindicatos, con el objetivo de atraerse a los pequeños propietarios rurales, y por la federación de estos sindicatos. Para esta causa vino a ganarse al propio Monedero, con el que contactó en 1908.

En 1911 Monedero fundó en su pueblo la Asociación Católico Patronal Obrera titulada La Unión. Al año siguiente fundó la Federación de la Provincia de Palencia, que agrupó a 54 sindicatos y que le nombró presidente. En 1913 arrendó sus fincas y se dedicó de lleno a las tareas propagandísticas. Constituyó una Unión de Federaciones de Castilla y León, que se reafirmó como Confederación Católica Agraria de Castilla la Vieja y León, agrupando a 8 federaciones. También ocupó aquí el cargo de presidente, como lo haría en la Confederación Nacional Católico-Agraria, fundada en abril de 1917 en la capital, agrupando a 20 federaciones regionales. Monedero organizó estos sindicatos sobre una idea cooperativista: adquisición de aperos de labranza, máquinas y ejemplares reproductores; de abonos, plantas y semillas; venta, elaboración y mejora de productos agrícolas y ganaderos; impulso de la roturación de tierras incultas; búsqueda de soluciones contra las plagas del campo; organizando, paralelamente, instituciones de mutualidad y reaseguro.

Monedero asumió del catolicismo social modernas formas de movilización y formación de opinión como el mitin y la prensa diaria. Sus visitas y mítines en Galicia, Cataluña y Castilla se organizaron cuidadosamente, previo envío de cartas de presentación a los párrocos. En los pueblos, él y sus asociados fueron recibidos con cohetes, bandas musicales, tañido de campanas... En unas áreas rurales difícilmente letradas dirigirse de viva voz al público resultaba el instrumento más adecuado. También recurrió a la linterna mágica y, más tarde, el cinematógrafo para que la gente acudiera a sus mítines. Por su parte, el apoyo de la jerarquía católica, que puso a su servicio la red de parroquias rurales y de medios de comunicación que controlaba vino a ser decisiva. Su amigo Ángel Herrera Oria, director del diario católico El Debate, le prestó el periódico para contar regularmente sus campañas.

Pero, tras la Primera Guerra Mundial, aumentó la conflictividad social en el campo español, sobre todo en las zonas de gran propiedad. Los años de 1918 a 1920 vinieron a ser los de las renombradas “agitaciones campesinas andaluzas”. Fue precisamente en 1916, en su primera campaña andaluza, cuando Monedero desbordó aquellos objetivos productivistas derivándolos hacia una profunda preocupación social, comentando que “los socialistas se nos han adelantado”.

Problemas sociales demandaban soluciones sociales, por lo que defendió que los propietarios construyeran viviendas económicas para sus jornaleros, cediéndoles en venta o arrendamiento huertos que les permitieran completar sus jornales. De manera inusitadamente optimista escribió en 1918 en El Debate que, como consecuencia de la acción católica que iba unida a la labor sindical, la usura y el alcoholismo desaparecían del campo, aumentado la convivencia y la paz social.

En 1919 fue nombrado director general de Agricultura, Minas y Montes del Ministerio de Fomento. Para el presidente Maura preparó su anteproyecto de ley agraria, donde planteó un programa moderadamente reformista como respuesta a la experiencia andaluza, y que establecía la expropiación de fincas abandonadas o mal gestionadas y favorecía los repartos de baldíos. En septiembre, ante la conflictiva social y el desencuentro político, Monedero dimitió del cargo para volver a dedicarse en exclusiva a la presidencia de la CNCA, aunque allí tuvo problemas también. Frente al programa de Monedero de creación de pequeños propietarios —“salvar al país, defendiendo a los campesinos de la revolución”—, ganaron peso los que pretendían convertir a la CNCA en herramienta de presión de los grandes propietarios. La Asamblea de noviembre de 1921 le forzó a dimitir, lo cual le dejó marcado por una profunda frustración.

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), Monedero fundó la Liga Nacional de Campesinos, centrada en los pequeños y medianos campesinos, y secundariamente en arrendatarios y jornaleros; los nuevos sindicatos se federaron directamente a la organización nacional, por lo que Monedero se aseguró el cargo de presidente vitalicio. Elegido representante por Palencia en la Asamblea Corporativa mostró su oposición a la política agraria de la dictadura. Durante la guerra civil fue nombrado vocal del Comité de Enlace de la Obra Nacional Corporativa, para impulsar y relacionar las organizaciones agrarias existentes. En calidad de tal, un año más tarde, propuso la fusión de la CNCA y su Liga Nacional de Campesinos. Sin embargo, la Ley de Unidad Sindical de enero de 1940 no vino a confirmar sus esperanzas, falleciendo meses más tarde en su pueblo, finalizando también una etapa del sindicalismo católico.

El lector interesado puede acudir a

J. M. Cardesín, “Antonio Monedero Martín” en Diccionario Biográfico Español, vol. XXXV, Madrid, Real Academia de la Historia, pp.656-660

J. Cuesta, Sindicalismo católico agrario en España, Madrid, Narcea, 1978.

J. J. Castillo, Propietarios muy pobres. Sobre la subordinación política del pequeño campesino en España (La Confederación nacional Católica Agraria, 1917-1942), Madrid, Ministerio de Agricultura, 1979.