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Farmacia

El estudio y enseñanza de la farmacia en España estuvieron vinculados en el Antiguo Régimen a los Colegios de Medicina y Cirugía, pero en la época tardoilustrada cambió la situación, ante la necesidad de potenciar esta disciplina científica por su evidente importancia. En el año 1801 se promulgó una Real Cédula que ordenaba la creación de Colegios para la enseñanza de la Farmacia, y con la facultad de poder expedir títulos de bachiller y doctor. Estos Colegios debían estar bajo la dirección de la Junta Superior Gubernativa de Farmacia. En febrero de 1804 se promulgaron unas ordenanzas respecto a las enseñanzas que debían impartirse en estas instituciones educativas.

En 1806 se abrió el primer Colegio en Madrid, y que pretendía ser el modelo para los que se fueran estableciendo por España. En Barcelona se puso en marcha un proyecto para crear uno que debía abrirse en 1808, pero no pudo ser hasta 1815, una vez terminada la Guerra de la Independencia. Su inauguración coincidió con la de los Colegios de Santiago y Sevilla, pero estos dos últimos no pudieron sobrevivir mucho por falta de fondos económicos, en una época de intensa crisis como fue la del reinado de Fernando VII.

El primer plan de enseñanza se articuló en tres años o cursos. Se enseñaba química, farmacia e historia natural (ciencias naturales). En 1815 se hizo una reforma de este plan porque se introdujo la física, se perfeccionaron las cátedras de farmacia y se amplió la carrera a cuatro años, además de establecer tiempos para las prácticas.

En tiempos de Fernando VII se produjo la separación, que sería ya definitiva, entre lo sanitario y lo educativo o formativo. Se creó la Junta de Sanidad para las cuestiones sanitarias, quedando los Colegios para la enseñanza.

El Estado Liberal transformó los estudios de Farmacia, como de otras disciplinas. Los Colegios de Madrid y Barcelona pasaron a ser Facultades universitarias en el año 1845, integrándose en sus respectivas Universidades. Posteriormente, en el mismo reinado de Isabel II se crearon las Facultades de Farmacia de Granada en 1850 y la de Santiago en 1857.

En materia sanitaria el reinado de Isabel II también fue decisivo, ya que en 1855 se aprobó la ley general de sanidad y unas ordenanzas, que estipulaban que solamente los farmacéuticos que ejercían con arreglo a la legislación podrían expender medicamentos. En 1860 se publicaron las nuevas ordenanzas que regularon el ejercicio profesional del farmacéutico.