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Serenidad y disciplina en la victoria del Frente Popular


“Se publican en otro lugar de este número diversas comunicaciones que suscriben aislada y conjuntamente los partidos que integran el Frente popular. En ellas se encarece algo que, por estar en la medula de la formación política del proletariado, no necesita reiteración: serenidad y disciplina. El domingo se obtuvo la victoria, y tras ella el Frente popular logra el Poder. Nadie ni nada puede interponerse ya ante el terminante y abrumador mandato del pueblo. Nadie — de ello estamos seguros — se interpondrá. Legítima y justificada la ansiedad por hacer efectivos, con rapidez y de una manera absoluta, los anhelos en los que ciframos nuestro triunfo, el apresuramiento no puede significar atropello. Es éste el momento en el que se hace preciso un alarde mayor de serenidad. No se trata ahora, como ocurrió el 14 de abril, de cambiar apresuradamente los nombres de las calles y derribar unas cuantas estatuas. No se trata tampoco de que la victoria estalle solamente en unos gritos jubilosos y en manifestaciones llenas de ruido. Evitemos, como primera medida, que el candor nos haga delirar de nuevo. Evitemos también que gentes interesadas en fomentar una provocación, que ellas suponen que podría favorecerles ahora, logren su propósito. Nada sería más nocivo a los propósitos de todos que estaba muerto. Entonces luchamos contra un fantasma y alegre, la eficacia de la victoria, que tiene un precio mucho más alto.

El 16 de febrero no es el 14 de abril. Conviene mucho persuadirnos de la gigantesca diferenciación que hay en las dos fechas. En abril saltamos sobre un enemigo que estaba muerto. Entonces luchamos contra fantasmas y pudimos permitirnos toda clase de ingenuidades. El infantilismo popular produjo el embobamiento callejero. Ahora no podemos caer en él.

El 16 de febrero es la victoria sobre un enemigo férreamente preparado, difícil y duro, que durante dos años y medio ha dejado al país en carne viva. Entre una y otra fecha hay una experiencia que a republicanos y a socialistas nos ha tocado hacer a costa de numerosos sacrificios. Cada cual tiene sobre sí las huellas dramáticas de esta experiencia. Convertirla ahora en gritos es tanto como darle una interpretación a todas luces perniciosa. Estamos en plena lucha, en lo más álgido y serio de la pelea. Nuestra victoria nos facilita esta batalla v pone en nuestras manos la seguridad de acabarla con la derrota absoluta de nuestros enemigos. Y es a esto, concreta y terminantemente a esto, a lo que hemos de dedicar todo nuestro esfuerzo. Mañana, pasado, en esta misma semana, desde luego, comenzará la tarea. Las palabras que anoche pronunciara el señor Portela son bastante expresivas a este respecto. Pero a ellas hemos de agregar nosotros muy pocas. Las suficientes para decir que urgentemente debe entregarse el Poder al Frente popular. De todo el clamor del país, de toda la ansiedad que ahora estremece a republicanos y socialistas para demandar con apremio aquellas aspiraciones más fundamentales, sólo queremos recoger una: la entrega del Poder. Es al Frente popular a quien corresponde libertar a nuestros presos. Ya ayer han comenzado a abrirse las cárceles y a salir de ellas nuestros camaradas. El pueblo ahora debe pedir una sola cosa: el Poder. Es suyo. Lo ha conquistado y nadie puede oponerse a que vaya a sus manos. Con el Poder en las manos va no tendrá que pedir nada.”

Artículo de opinión titulado “Una sola demanda: el Poder”, de El Socialista, del 18 de febrero de 1936.