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El proteccionismo en la España del XIX


Retrato de Antonio Cánovas del Castillo, Ricardo de Madrazo, 1896. Óleo sobre lienzo, 131 x 96 cm. Palacio de las Cortes, Madrid. / Wikipedia Retrato de Antonio Cánovas del Castillo, Ricardo de Madrazo, 1896. Óleo sobre lienzo, 131 x 96 cm. Palacio de las Cortes, Madrid. / Wikipedia

El proteccionismo es la teoría y práctica económica que establece que la producción nacional es prioritaria frente a la de otros países, y para lo cual deben establecerse aranceles aduaneros que dificulten la entrada de productos foráneos, con el fin de que no sean competitivos, o prohibiciones de importación de determinados artículos.

El mercantilismo de la Edad Moderna defendió el proteccionismo como uno de los principales medios para evitar la salida de metales preciosos en la época preindustrial, ya que se cifraba la riqueza de un Estado en función del oro y plata que acumulaban.

En el siglo XIX, el proteccionismo fue seguido por algunos países que comenzaban su industrialización con el fin de evitar la competencia de la industria británica, como ocurrió en Francia o con el Zollverein alemán, defensor del libre comercio interior, superador de las fronteras entre los distintos estados alemanes, pero que estableció una barrera aduanera frente a la competencia exterior, especialmente británica.

En España fue la política seguida en casi todo el siglo XIX, con algunas excepciones y matices, como en el primer liberalismo en las Cortes de Cádiz, ya que se establecieron medidas librecambistas, motivadas, en gran medida, por las exigencias de las colonias americanas opuestas al monopolio comercial de la metrópoli.

En el año 1826 se promulgó el Real Arancel General de entrada de frutos, géneros y efectos del extranjero, que establecía la prohibición expresa de entrada de más de seiscientos productos y el derecho diferencial de bandera. El proteccionismo comenzó a ser defendido ya con fuerza en estos primeros momentos por los industriales catalanes para preservar sus productos textiles de la competencia inglesa. Después de la pérdida de casi todas las colonias se estableció que Cuba y Puerto quedarían como monopolio exclusivo de los productos agrícolas e industriales peninsulares. El proteccionismo siguió siendo la política seguida a la muerte de Fernando VII hasta la Regencia de Espartero, ya que, este político y militar cercano a Gran Bretaña, estableció un arancel en 1841 que redujo considerablemente el número de artículos que no se podían importar. En otro sentido, se incorporó al País Vasco al sistema aduanero español, coincidiendo con la derrota carlista. La relajación del proteccionismo provocó el enfrentamiento de los catalanes, y la otra medida, la protesta de los vascos.

La reforma de Mon-Santillán de 1845 y el arancel de 1849 introdujeron algunos matices librecambistas, aunque, a partir de entonces se dieron continuas modificaciones de aranceles en distinto sentido. Los matices librecambistas estaban motivados por la necesidad de importar tecnología y capitales para la construcción del ferrocarril, mientras que los cambios en sentido proteccionista se debían, en gran medida, a la presión de los proteccionistas catalanes, fuertemente organizados en torno al Instituto Industrial de Cataluña.

El Arancel Figuerola de 1869, en pleno Sexenio Democrático, se inclinó más claramente hacia el librecambismo al suprimir el derecho diferencial de bandera. Pero en la época de la Restauración, la política económica volvió a tener un marcado carácter proteccionista. Cánovas proclamó que el proteccionismo era un dogma fundamental del Partido Conservador. El proteccionismo debía satisfacer a tres pilares fundamentales del sistema político: los industriales catalanes, los grandes propietarios cerealistas castellanos y los empresarios siderúrgicos vascos.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.