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La imagen de Pablo Iglesias Posse en Julián Besteiro

“Cuando comparamos nuestros recuerdos más lejanos de la vida de Iglesias con las últimas impresiones de las palabras pronunciadas por él, la imagen que ha perdurar en nosotros aparece grabada con firmes caracteres en nuestro espíritu.

El Pablo Iglesias de nuestro recuerdo imborrable es el anciano de cabellos blancos y de tez pálida, de cerviz inclinada al peso del dolor, de voz doliente y pausada pero firme y segura en la expresión del pensamiento; de letra temblorosa, pero perfectamente ordenada, dócil y sumisa al servicio de un razonamiento vigoroso.

Es el privilegio de una senectud verdaderamente noble, en la cual todos los valores indiscutibles que ha producido una vida larga de abnegación y de trabajo se condensan en una materialidad sutil, serena y constante, aliada de la espiritualidad verdaderamente imperecedera.

Hoy, en el silencio y soledad de nuestra tristeza, contemplamos esa imagen del amigo, del compañero y del maestro como una joya de valor inapreciable; hecha de transparencia y de diafanidad, pero también de resistencia invencible.

La muerte no nos separará de Iglesias. La imagen de su vida de ternura, de amor y de firmeza, queda definitivamente incorporada al tesoro moral de nuestra conciencia de hombres libres, demócratas, obreros del ideal inmortal del Socialismo”.

Julián Besteiro, en el número del 10 de diciembre de 1925 de El Socialista.

Pablo Iglesias tuvo siempre una salud precaria, aunque eso no hizo que abandonara en ningún momento su intenso compromiso, y que pudiera tener una vida larga y fundamental en la Historia de la izquierda española y de la propia España entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del siglo XX, en un tiempo fundamental de crisis y cambio, entre una España liberal decimonónica a una más moderna y democrática que intentaría canalizarse unos años después de su fallecimiento. En todo caso, su situación personal comenzó a ser seria a partir de 1916, y en 1919 su participación en la primera fila tuvo que ser abandonada. Vivió sus últimos años en la calle madrileña de Ferraz. En 1921 formalizó su relación, casándose por lo civil, con Amparo Meliá. Pablo Iglesias fue pobre toda su vida, a pesar de las campañas de prensa y políticas contra su figura. Se dedicó a los trabajadores y trabajadoras, al Partido, al Sindicato, a El Socialista, a su compromiso en el Ayuntamiento de Madrid, y en el Congreso de los Diputados. Representó al socialismo español en la Internacional, y no dejó de escribir hasta el final. Besteiro, en esas breves palabras, nada más fallecer, inmortalizó su imagen.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.