LA ZURDA

Viaje a Icaria

"Puede detestarse el egoísmo y sobre todo la causa de este egoísmo; nada nos parece más falto de Razón y de justicia, y sobre todo nada nos parece más torpe que amenazar a la numerosa clase de comerciantes y fabricantes; porque sean cuales fueren sus defectos, son un inevitable resultado de la organización general, y de su posición especial.

La necesidad de ser exactos en sus pagos para conservar su crédito y su reputación, el temor de ser deshonrados por una quiebra, los multiplicados riesgos de pérdidas y de ruina, la certeza de no poder contar con el auxilio de los demás en caso de desgracia, la inquietud y tormento continuado para poder efectuar la paga de las letras y de los pagarés, los terrores del asociado o de la esposa, que, en estas clases, conocen todos los negocios del marido, y que multiplican su inquietud y por consiguiente su egoísmo recordándole siempre la suerte que debe caber a sus hijos, todo conspira a favor del egoísmo del comerciante, del fabricante y del tendero. Es una desgracia sin duda que haya en general tan poca instrucción y tanta credulidad, y que sea fácil, por lo tanto, a la aristocracia el explotar esa ignorancia y ese temor, recordándoles continuamente los motines, el pillaje y la anarquía; pero si son ignorantes, no tienen ellos la culpa; si son meticulosos, es una consecuencia de la mala educación; si ellos creen en los pretendidos pillajes, es muy natural que los teman; en una palabra, la influencia de estas posiciones es tan poderosa, que, generalmente, el jornalero que tanto se queja del egoísmo del tendero, tan luego como llega a poseer una tienda, acepta con ella los sentimientos y las maneras del tendero. "

(Fragmento de Viaje a Icaria, de Cabet, consultado en “El Poder de la Palabra”, epdlp.com)

Una de las utopías más destacadas, y con evidente influencia en el socialismo utópico español, fue la Icaria de Étienne Cabet (1788-1856).

Cabet nació en Dijon en el seno de una familia de artesanos, pudiendo estudiar derecho. Ejerció de abogado en la época de la Restauración y fue carbonario, es decir, miembro de una de las más destacadas sociedades secretas de origen italiano en el primer ciclo revolucionario del XIX. Se hizo republicano, pero tuvo que marcharse de Francia, pasando a residir en Inglaterra en 1834. Cinco años después regresó y en 1840 publicó la obra que le ha hecho más famoso, el Viaje a Icaria. Cabet renovaba la tradición utópica renacentista, inaugurada por Tomás Moro, con una obra donde relataba una sociedad comunista. También escribió una Historia de la Revolución Francesa.

En la construcción de la sociedad comunista habría dos fases. La primera sería de transición y de larga duración. En esta etapa se mantendría el derecho de propiedad individual y el trabajo seguiría libre. Estos dos factores generarían una creciente desigualdad. Por eso, gran parte del presupuesto, libre de gastos y créditos militares, debía destinarse a la construcción de viviendas populares y a la educación, lo que supondría una especie de estado del bienestar. Además, se establecerían precios máximos a los productos de primera necesidad que, por otro lado, no serían gravados con impuestos indirectos, algo muy común en la fiscalidad decimonónica. En contraposición se impondría una fiscalidad progresiva sobre el capital y las sucesiones.

La fase de construcción llevaría consigo la abolición de la propiedad individual. Se socializarían las materias primas y los medios de producción. La comunidad contaría con unos funcionarios que podrían ser revocados. Las profesiones se otorgarían por concurso y los trabajadores serían retribuidos según el principio de a cada uno según sus necesidades. No existiría el comercio, porque los productos se depositarían en unos almacenes públicos donde cada uno sacaría lo que necesitase. En el plano político se garantizaría la democracia a través de la delegación del poder legislativo en una asamblea popular y por el recurso al plebiscito.

En esta utopía la educación adquiriría un gran protagonismo. Los niños permanecerían con sus madres hasta los cinco años, pero entre esta edad y los dieciocho se educarían en las escuelas de la República. Entre la última edad y los veintiuno los jóvenes recibirían formación profesional, para luego recibir formación cívica al año siguiente.

Cabet creía en el progreso sin límites de la industrialización. Tenía mucha fe en las máquinas que, aunque eran funestas para los trabajadores en ese momento, no lo serían en el régimen de comunidad que había diseñado, porque se convertirían en un instrumento de bienestar para todos, para liberar al hombre.

Cabet era contrario a los comunistas que pretendían la conquista del poder por la fuerza, en una línea coherente con su pensamiento utópico. No quería revolución alguna, sino la propaganda pacífica hasta el triunfo final. Las únicas armas que contemplaban eran las de la discusión o debate, y la voluntad nacional.

Su obra principal fue reeditada varias veces en la década de los años cuarenta, por lo que sus ideas fueron ampliamente difundidas, así como otras de sus obras y folletos. Especial relevancia tuvieron sus trabajos Le Populaire.

Se formaron grupos de icarianos por diversos lugares de la geografía francesa. En 1848 se embarcó con un grupo hacia los Estados Unidos, llegando a Nueva Orleans. Una especie de vanguardia de estos icarianos partió hacia Texas para establecer una colonia no muy lejos de Fort Worth. Al fracasar, algunos marcharon a Illinois donde compraron tierras y fundaron otra colonia. También se crearon en Iowa, Missouri y California, aunque todas terminaron por fracasar. Las razones de estos fracasos debemos encontrarlas en las diferencias internas entre los icarianos, junto con la cuestión de la financiación. Cabet murió en San Louis, Missouri.

Monturiol se convirtió en el principal difusor en España de las propuestas utópicas del francés, con el mantenía correspondencia. Montará una imprenta y escribirá en La Fraternidad, la primera publicación periódica comunista española, además de traducir las obras de Cabet. Además, promovió con Francisco José Orellana una comunidad icariana en Barcelona.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.