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La oposición a la judicatura, una carrera de relevos a la espera de beca


  • Escrito por Cristina Andrade y Celia Arcos
  • Publicado en Actualidad

Un total de 4.298 personas opositaron el pasado año a la judicatura y un 99 % de quienes la superaron necesitó la ayuda económica de su familia para costearse los estudios, una carga que busca aminorar el Gobierno con un nuevo sistema de becas para los estudiantes.

Opositar a juez y fiscal es un proceso largo. Según los datos de la Escuela Judicial, los aprobados en la última promoción tienen de media 29 años de edad y han dedicado cinco años y un mes a estudiar el temario.

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022 asigna 1,6 millones de euros al futuro programa de becas y el Ministerio de Justicia está a la espera de que se apruebe de forma definitiva para definir las bases de la convocatoria, apuntan a Efe fuentes de este departamento.

Se está valorando la cuantía y si la beca cubrirá dos o cuatro años, destinada a gastos como el preparador, parte del alojamiento, la conexión a internet, etc.

"El sistema va a permitir democratizar el acceso a la justicia. Es evidente que hay muchas personas que tienen vocación de impartir justicia, de dedicarse al servicio público en el sector justicia, y que por circunstancias familiares y económicas no pueden hacerlo", afirmó esta semana en el Senado la ministra, Pilar LLop.

Justicia ha avanzado ya que puntuarán extra determinadas circunstancias, como la discapacidad, ser víctima de violencia de género o hijo de una víctima, y recuerda que el objetivo es ayudar a las personas en una situación de especial vulnerabilidad o necesidad.

LA AYUDA IMPRESCINDIBLE DE LA FAMILIA

Paola y Carolina son dos jóvenes malagueñas que sin la ayuda de la familia no habrían podido seguir la carrera, reconocen a Efe.

Carolina Herrera es malagueña, tiene 24 años y es una de las más jóvenes de su promoción, tras aprobar con solo dos años de preparación. Ha elegido la carrera de juez, lo que le llevará el primer año a formarse en la Escuela Judicial de Barcelona.

Paola Tejada tiene 27 y este año, tras cinco estudiando la oposición, ha conseguido su objetivo: ser fiscal. "Mis padres me dijeron que la oposición de jueces y fiscales estaba muy bien, no solamente porque me guste la propia función, sino también por el tema económico, la seguridad de ser funcionario y tener un trabajo fijo. Se juntaron las dos cosas", indica.

"El camino es muy duro", explica esta opositora que empezó a estudiar nada más terminar la carrera y que cuenta que los primeros meses fueron de adaptación, ya que se pasaba todo el día encerrada en casa y solo tenía un día libre.

Algo similar al relato de Carolina Herrera, cuya rutina durante los dos últimos años ha sido estudiar once horas diarias, con un único descanso para comer.

"Yo no puedo trabajar a la vez", explica Herrera, que cree que el ritmo de estudio impide compatibilizarlo con un empleo.

Son pocos los que lo compaginan o los que deciden opositar tras unas años trabajando. Según los datos de la Escuela Judicial a partir de los últimos jueces en prácticas, más del 73 % asegura no haber trabajado anteriormente.

Un porcentaje similar no tiene familiares directos trabajando en el sector jurídico.

EL PREPARADOR, CLAVE DEL PROCESO DE ESTUDIO

El primer paso para comenzar esta oposición es encontrar a un preparador: "Tú te pones en contacto con él y depositas toda tu confianza en su plan", explica Herrera.

Los opositores consultados por Efe sitúan el coste del preparador entre los 150 y los 200 euros al mes, dependiendo de la comunidad autónoma, aunque un estudio realizado por la asociación Jueces y Juezas para la Democracia para reclamar un programa de becas eleva la horquilla a los 200-300 euros.

A ese gasto se añade la compra del temario -entre 500 y 600 euros- y el pago de un canon anual para poder estar al día de actualizaciones.

Y no hay que olvidar, destaca el preparador y fiscal Carlos Ocaña, que el opositor no va a poder trabajar durante los años de estudio: "Para familias con un nivel de ingresos bajos el poder tener una ayuda para mantener al opositor en casa sin aportar a la familia es importante".

Paola Tejada tuvo un punto de inflexión a los dos años de estudiar la oposición y pensó en dejarlo, pero su entorno la animó a persistir: "Es un poco de incertidumbre, un trabajo que no es remunerado, que no sabes si te va a salir bien o mal; ves que tus amigas avanzan, tienen un trabajo, cobran y tu estás en casa encerrada, con salidas restringidas…”.

Uno de los puntos claves que la ayudó a seguir fue el cambio de preparador: "El nuevo me ha ayudado en todo, no solo con los estudios, sino que también me daba apoyo psicológico".

"Al final con el preparador se establece una relación muy cercana porque es una persona que ha pasado por lo mismo que el opositor”, apunta Ocaña, convencido de que su labor va más allá de "escuchar los temas y hacer referencia a los errores".

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