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El racismo en la Guerra de Secesión en América

"Habíamos propuesto reanudar la trata de negros, pero no fue posible obtener la autorización del Congreso. Pensamos entonces anexionarnos a México y Centroamérica, para asegurar así una ruta neutral a la importación de esclavos. Si no podíamos hacerlo pacíficamente, lo habríamos hecho por la fuerza.

Dios ha creado a los negros con el único fin de que corten la leña y acarreen el agua de los blancos. Nosotros, los sudistas, que constituimos uno de los pueblos más virtuosos, ilustrados y poderosos que existen hoy sobre la tierra, no habíamos sabido apreciarnos hasta ahora. Nunca podrá el Norte dominar al Sur. Si el amor a la patria no le impide persistir en su actitud, el amor al tabajo y al algodón lo rendirá. La esclavitud de los negros se halla justificada por la Biblia, las consideraciones humanitarias y la sana filosofía." El texto está sacado del manual de Historia Contemporánea de COU de Antonio Fernández.

Los esclavos no disfrutaban de ningún derecho civil en la nación que había sido pionera en su reconocimiento y garantía. Podían ser traspasados o vendidos como un bien. No podían ejercer ninguna acción legal: contratos, matrimonio o ser propietarios. La situación personal variaba en función del carácter y trato de sus propietarios. Muchos esclavos intentaron huir al Norte, pero sus propietarios podían recuperar a los huidos; solamente en Canadá se podían sentir seguros.

El comercio de esclavos había sido abolido a principios del siglo XIX, pero, de forma clandestina, el tráfico de seres humanos continuaba, ya que el Sur necesitaba un flujo constante de mano de obra esclava. El negocio era impresionante. El aumento constante de la demanda hizo que el valor de los esclavos se multiplicase. Se calcula que hacia 1860, un esclavo podía valer unos dos mil dólares, aproximadamente.

El sistema económico del Sur se basaba en las plantaciones de algodón y tabaco, sostenidas con mano de obra esclava. Toda la riqueza de esta parte de los Estados Unidos era generada gracias a la esclavitud. La economía y la sociedad eran dominadas por una oligarquía de familias terratenientes, inmensamente ricas. Este grupo se fue configurando durante el siglo XVIII y no cuestionó el empleo de esclavos para mantener e incrementar su riqueza y poder. Asociado a esto, se fue generando una determinada mentalidad que se cimentó sobre una serie de supuestos: un origen aristocrático británico frente a los blancos del norte que, descenderían de los puritanos y radicales ingleses. La supuesta aristocracia sureña elaboró, además, toda una construcción ideológica para justificar no sólo sus diferencias con el Norte, sino, sobre todo, la existencia de la esclavitud. Sus planteamientos mezclaban argumentos pseudocientíficos con otros de tipo religioso. Los negros, siempre según esta teoría, eran inferiores a los blancos en inteligencia, como demostraría la supuesta incapacidad que habían manifestado para salir de la barbarie si no hubiera intervenido el hombre blanco. La situación de dependencia establecida habría sido bendecida por Dios. Por su parte, los blancos pobres del Sur también defendían la existencia de la esclavitud porque les permitía mantener una posición social superior en función del color de la piel.

En el Norte, los negros no eran esclavos, pero sí sufrían legislaciones discriminatorias y segregacionistas: restricción de derechos políticos y espacios públicos distintos. En todo caso, esos estados eran antiesclavistas y allí comenzó la lucha contra la esclavitud. La Sociedad Americana de Colonización fracasó en su intento de repatriar negros a África. Pero más activa y exitosa fue la lucha de la Asociación Antiesclavista Americana. Dicha organización fue fundada en 1833 y se planteó como principal objetivo, la abolición de la esclavitud. El antiesclavismo comenzó a calar en la sociedad norteña, en unión a otras causas, como la de la emancipación de la mujer, empeños ambos para crear un modelo nuevo y más igualitario de sociedad. En el año 1852 se publicó la novela “La Cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher-Stowe, que a pesar de que se trata de un acercamiento algo sentimental a la cuestión, impactó enormemente en la opinión pública.

A partir de los años treinta del siglo XIX los modelos sociales y económicos del Norte y del Sur chocaron de forma evidente. El Norte, vinculado a los republicanos, se opuso al sistema esclavista sureño y a su sistema económico de plantación, al considerarlo anticuado. El Sur defendía, en cambio, sus intereses. La cuestión económica es muy importante para entender los desencuentros entre el Norte y el Sur. El modelo económico sureño de plantación necesitaba políticas librecambistas para poder vender el algodón con facilidad ante el crecimiento de la demanda industrial textil europea. Por su parte, el Norte necesitaba defender sus productos industriales de la competencia británica. Pero, además, hay otras cuestiones económicas más complejas en las relaciones entre el Norte y el Sur. El Norte necesitaba al Sur, pero éste podía prescindir del Norte y poner en marcha su propia industria, al contar ya con la materia prima, el algodón.

Si la esclavitud tenía unas claras dimensiones éticas, sociales y económicas, también terminó por tener derivaciones políticas de envergadura. En 1820 se llegó al compromiso, a través de la conocida línea Masson-Nixon, de delimitar los estados esclavistas de los que no lo eran. El problema surgió cuando se desató la conquista del Oeste. Se produjo una verdadera competición o carrera entre abolicionistas y esclavistas para convertir los nuevos territorios a sus respectivas causas cuando fueran incorporados a la Unión como nuevos estados. En 1854 se aprobó que serían los ciudadanos de los nuevos estados los que tomarían la decisión sobre el carácter de cada estado. Eso provocó un fuerte conflicto en el estado de Kansas.

Los republicanos, decididamente antiesclavistas, consiguieron llevar a la presidencia en 1860 a Abraham Lincoln, frente al candidato demócrata, Breckinridge, defensor de la causa esclavista. Al mes de la proclamación del nuevo presidente, Carolina del Sur proclamó que la Unión había quedado disuelta y se abrió la pendiente por la que rodaron otros estados sureños.

Lincoln no estaba dispuesto a que la Unión se rompiera. La guerra no tardó en estallar.  

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.