LA ZURDA

Los carbonarios en la Europa romántica

Los carbonarios (carbonari, en italiano) eran los miembros de una sociedad secreta, la Carbonería, que se fundó en Nápoles a principios del siglo XIX en los tiempos de la ocupación napoleónica. Sus ideales combinaban el liberalismo con el nacionalismo. Su modelo de organización y sus procedimientos conspirativos e insurreccionales marcaron los inicios de los procesos revolucionarios liberales en Italia hasta 1830. También hubo carbonarios en Francia (Charbonnerie), en Portugal (Carbonária) y en España, gracias a los italianos emigrados o exiliados. Para el caso español existe una obra muy curiosa de Vicente de la Fuente que, en 1870, publicó una Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, donde dedica un capítulo a los carbonarios en España, pero desde una perspectiva claramente crítica.

Los carbonarios comenzaron siendo contrarios a la política seguida por Murat, pero cuando terminó la ocupación francesa se enfrentaron a la Monarquía de Fernando I de las Dos Sicilias, que había repuesto, en plena época de la Restauración, el absolutismo. Fue un momento de crecimiento de la Carbonería, ya que recogió el malestar de la burguesía urbana del reino ante la política real favorecedora de los intereses de la nobleza terrateniente.

Los carbonarios se extendieron, también, por el norte de Italia, especialmente en la Lombardía y la Emilia-Romagna, al conseguir el apoyo de Filippo Buonarroti que, sin ser carbonario, se identificaba con sus ideas.

Después del Congreso de Viena (1815) los carbonarios abrazaron con fuerza, además de las ideas liberales, un marcado nacionalismo italiano, especialmente contra el dominio austriaco. De todas las formas, no hubo unanimidad en el seno de la Carbonería sobre el sistema concreto de gobierno que se quería en Italia, aunque se partiera del liberalismo.

En 1820, la Carbonería tuvo un destacado protagonismo en la Revolución napolitana de ese año. La influencia del ejemplo de sublevación liberal de Riego en España fue evidente. Michele Morelli y Giussppe Silvati, dos oficiales, y el general Gugliemo Pepe marcharon, a principios de julio, desde Nola hacia Nápoles, al frente de varios regimientos de caballería. El rey Fernando I aceptó conceder una constitución y el establecimiento de un parlamento, como había hecho Fernando VII en España. El éxito alentó a los carbonarios piamonteses. En marzo de 1821 consiguieron el establecimiento de un sistema constitucional en Turín.

El sistema de la Restauración no iba a dejar que en el sur de Europa -España, Portugal y parte de Italia- triunfasen sistemas políticos liberales. En febrero de 1821, un ejército derrotó a los insurrectos napolitanos. En el norte, el rey Carlos Alberto de Saboya pidió la intervención de Austria. En el mes de abril un ejército austriaco derrotó a los insurrectos piamonteses. A continuación, se desató la represión contra los carbonarios.

Pero los carbonarios siguieron conspirando por la causa liberal y nacionalista. Hubo carbonarios en la Revolución de 1830 en París. Los carbonarios italianos se levantaron en Módena y los Estados Pontificios. En esta ciudad, Ciro Menotti tomó la iniciativa, pero fracasó por la traición del duque Fernando IV de Módena. Menotti fue condenado a muerte. Por su parte, en los Estados Pontificios la revuelta se extendió en febrero de 1831 por Bolonia, Reggio Emilia, Imola, Faenza, Ancona, Ferrara y Parma, con un claro protagonismo de los carbonarios. Se estableció un gobierno provisional bajo la bandera tricolor, pero el cuerpo de la milicia que marchó hacia Roma fue aniquilado por las tropas austriacas llamadas por Gregorio XVI.

En el seno de la Carbonería comenzaron a ganar peso los que comprendieron que solos no podían imponerse a Austria, la gran enemiga. La estrategia para conseguir sus objetivos debía cambiar. Mazzini decidió crear otra organización, la “Joven Italia”, en la que ingresaron muchos antiguos carbonarios. La Carbonería siguió existiendo, pero sin casi actividad, hasta su final en 1848.

El origen social de los carbonarios se encontraba en la burguesía, aunque también hubo nobles entre sus miembros. Algunos importantes personajes italianos del momento fueron carbonarios o estuvieron cerca de los mismos: Silvio Pellico, Antonio Panizzi, Giuseppe Mazzini, etc.

Pero, quizás para los masones parece más interesante analizar la Carbonería en sí, después de haber comprobado su importancia histórica.

Así como la Masonería se basa en los símbolos de la construcción, los carbonarios lo hicieron en los del gremio de carboneros, es decir de los que preparaban el carbón y lo vendían. La Carbonería adoptó muchos de los procedimientos y ritos masónicos. En relación con los miembros, estaban los aprendices que, con el tiempo se convertían en maestros, aunque nunca antes de seis meses. Había juramentos de fidelidad y todo bajo el más estricto secreto, que si se vulneraba se pagaba con la vida. Para identificarse usaban un lenguaje de signos secretos en los apretones de manos. También había signos relacionados con la jerarquía: los maestros llevaban un hacha y los aprendices un haz de leña en la solapa.

Como toda sociedad secreta, la Carbonería tenía una organización jerárquica muy bien definida. Las células o núcleos básicos eran los barracones o barracas (baracca, en italiano), que se agrupaban en las ventas (vendita), aglomeraciones más grandes, y éstas dependían, a su vez, de las ventas madre y de las altas ventas. Por otro lado, había un sector o logia civil, dedicada a labores de propaganda política y otra logia militar, destinada a fomentar acciones armadas e insurrecciones.

Los carbonarios aparecen en la literatura de la época. La principal obra es, sin lugar a dudas, Vanina Vanini de Stendhal. Se trata de una novela corta que relata la historia de amor de la princesa Vanina y un miembro de los carbonarios. En castellano tenemos una reciente traducción en la editorial “Periférica”. Roberto Rossellini llevó la novela al cine en el año 1961 con el mismo título.

Por otro lado, el canonista e historiador Vicente de la Fuente escribió una Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, especialmente de la Franc-Masonería, Lugo, 1871, donde explica la Carbonería española, desde una perspectiva harto negativa. Una visión historiográfica, también para el caso español, en la monografía de Iris Zavala, Masones, comuneros y carbonarios, Madrid, 1971.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.