LA ZURDA

Comunismo y Masonería en la España de los años veinte y treinta

Nos acercamos a la posición del comunismo hacia la Masonería en los años veinte y treinta del pasado siglo en España, teniendo en cuenta la postura oficial de la Tercera Internacional, al respecto.

Para comenzar, nos acercamos a la información que nos proporciona un testigo interesante de la situación política y masónica española que no militaba en las filas comunistas. Nos referimos al republicano y masón Augusto Barcia, un personaje fundamental tanto en la política como en la masonería españolas, además de por sus ideas sobre la separación entre ambas dimensiones, proporciona una valiosa información en su intervención en el GOE en el Convento masónico de Ginebra de otoño de 1925 a propósito de la pregunta del gran maestre sobre si la Masonería española admitía a comunistas, contestando que los masones que se habían hecho comunistas, ya que, como bien sabemos, se acababa de fundar el PCE, habían dejado la Masonería porque lo prohibía la Tercera Internacional, y citó el caso, quizás más importante en España. Nos referimos a Daniel Anguiano, socialista destacado y que fue un decidido defensor de la entrada del PSOE en dicha Internacional después del viaje que realizó con Fernando de los Ríos, hermano masón como él, pero contrario a ese ingreso. Pues bien, ante la disyuntiva de las dos lealtades eligió, al final, seguir siendo masón. En tiempos de la República regresaría al PSOE.

La cuestión masónica en el seno del comunismo no sólo partía del hecho de la incompatibilidad con sus principios, como se había visto en el caso del socialismo, sino también se instrumentalizó en el empeño bolchevique de solucionar desde su perspectiva las divisiones internas en el seno de los partidos comunistas, como ocurrió en Francia. Si Anguiano fue de los que decidió seguir siendo masón y luego regresar al seno del socialismo, otros personajes hicieron el camino contrario, como Andreu Nin o Rafael Vidiella, que habían desempeñado importantes oficios en sus respectivas logias. Aunque el primero terminaría siendo asesinado por su compromiso trotskista, el segundo estaría en el PSUC y tendría una posición relevante en el PCE.

Por otro lado, otro de los factores a tener en cuenta en el antimasonismo concreto del comunismo español tiene que ver con la postura casi generalizada de la Masonería contra la III Internacional.

En cierta medida la influencia comunista se dejó sentir en el PSOE en los años finales de la República, como lo demostraría el debate en la Agrupación Socialista Madrileña en 1936 para preparar el siguiente Congreso sobre la posible incompatibilidad de pertenecer al Partido y a la Masonería a la vez, aunque, al final, la resolución aprobada dejara abierta la posibilidad a una interpretación ambigua.

Podemos consultar el trabajo de Marco Novarino, “Las resoluciones antimasónicas de la Internacional Comunista y sus repercusiones en Francia y España”, en Ferrer Benimeli, La masonería en la España del siglo XX, Vol I, págs. 489-508. La postura de Barcia se puede ver en Memoria del Convento Extraordinario de Ginebra, 1925, pp. 32 y 33. Sobre la peripecia del viaje socialista a la Rusia soviética contamos con el clásico de Fernando de los Ríos, Mi viaje a la Rusia Sovietista, 1921, aunque existen ediciones mucho más modernas. Sobre el debate en la Agrupación Socialista Madrileña, se puede ver en El Socialista, número 8119, 24 de abril de 1936.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.