LA ZURDA

La cuestión de la liberación de los siervos en Rusia en el siglo XIX

“La cuestión de la liberación de los campesinos, que ha sido sometida al examen del Consejo de Estado, es, a mi parecer, dada su importancia, una cuestión vital para Rusia, de la que dependerá el desarrollo de su fuerza y potencia. Estoy seguro que todos vosotros, señores, estáis convencidos tanto como yo de la utilidad y de la necesidad de esa medida. Además, tengo la convicción de que no puede sr cuestión de remitir este asunto para más tarde (...).”

Discurso de Alejandro II sobre la abolición de la servidumbre. 28 de marzo de 1861.

Mientras Occidente caminaba hacia el fin de la servidumbre en los inicios de la Edad Moderna, ésta se implantaba en el Este, en Rusia. La servidumbre intentaba frenar la emigración de los campesinos hacia el sur. Por ello, en el año 1597 en tiempos de Boris Godunov se estableció la servidumbre de los campesinos, hasta ese momento libres. Quedan encomendados a los señores. A lo largo de los siglos XVII y XVIII la situación de subordinación de los campesinos se incrementó. El despotismo ilustrado de Pedro I y de Catalina la Grande, en vez de mejorar la situación legal de los siervos, recrudeció la condición de los mismos, cuando sus coetáneos en Europa occidental intentaban mejorar las cargas feudales de sus campesinos.

Al llegar al siglo XIX la mayor parte de los campesinos rusos eran siervos, aunque existía una gran diversidad en esta condición. Había siervos domésticos, siervos que pagaban una renta u obrok al señor y, por fin, siervos sujetos a la corvea, o trabajo no remunerado, siendo ésta la peor situación de todas.

La servidumbre en el siglo de las Revoluciones liberales se presentaba con toda su crudeza, y no sólo en el plano económico, sino sobre todo en el de la dignidad humana. Casi todos los siervos eran analfabetos, estaban sujetos a castigos físicos, podían ser desterrados a Siberia, ser prestados y hasta vendidos por sus señores, sin ningún amparo de la justicia. Además, debían prestar un larguísimo servicio militar si eran reclutados.

Este clima de indignidad fue contestado por los siervos en multitud de ocasiones, ya sea con revueltas, ya con huidas masivas. Dado el aumento de la conflictividad, la represión se hizo más feroz.

La emancipación de los siervos en Rusia se había planteado en diversos momentos, pero existía un problema económico. Si se decretaba la libertad y dicha medida no se acompañaba con una mínima entrega de tierra para que pudieran sustentarse los antiguos siervos se podía ocasionar un terrible problema social, ya que los campesinos consideraban la tierra como propia, aunque pagaran el obrok al señor.

La Guerra de Crimea a mediados del siglo XIX supuso la primera gran crisis de la autocracia rusa. Demostró las carencias del zarismo y espoleó el descontento social, ya que muchos siervos se habían negado a luchar. El gobierno ruso fue consciente de que si no se abolía la servidumbre podía estallar una revolución.

El 19 de febrero de 1861 se promulgó el ukase o decreto que establecía la libertad personal de los colonos, que podrían trasladarse libremente, disfrutar de su casa y de un lote de tierra semejante al que ya explotaban. En contrapartida, debían pagar durante dos años las corveas y censos, además de compensar al propietario de la tierra. Para hacer frente a este gasto el gobierno ruso establecería unos créditos, reembolsables en casi cincuenta años, con un interés del cinco por ciento.

Así pues, este ukase es clave en la historia de Rusia porque supuso el fin de la servidumbre de millones de personas, pero no solucionó los problemas del todo, ni consiguió que mejorarse, sustancialmente, la vida de los campesinos. Hubo abusos por ciertas indeterminaciones del decreto, se entregaron lotes que no eran equivalentes a los que, antes de la liberación, habían explotado, el precio de la tierra que se estableció era muy alto para casi todos los campesinos, y se hacía responsable al mir, es decir, a la aldea, del reintegro de los préstamos concedidos por los que los antiguos siervos pasaron de depender de sus señores a hacerlo de su aldea.

Esta situación provocó algunas revueltas, y emigraciones al sur y a Siberia. Al menos, la libertad de movimientos fue una conquista indudable.

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.