LA ZURDA

El fenómeno del bandolerismo en la Italia del siglo XVI

El bandolerismo es un fenómeno histórico que tiene que ver con la existencia de un grupo de hombres armados enfrentados a la legalidad establecida y que se rige por un código propio. En otro artículo de la sección de “Textos históricos obreros” hemos tratado del bandolerismo como un fenómeno, entre la contestación social y la delincuencia.

Hobsbawm consideraba que el bandolerismo era una forma primitiva de protesta social organizada y que en muchas sociedades así lo entendían los pobres, que los protegían y los idealizaban, convirtiéndoles en mitos. El bandolerismo se asocia a los problemas de las sociedades preindustriales, y tiene más importancia en las coyunturas de crisis económicas, sociales y políticas. En este artículo nos acercaremos al caso italiano en un momento de dificultades en el Antiguo Régimen.

Pues bien, la crisis económica provocó en la Italia de fines del siglo XVI un aumento de la pobreza en el mundo urbano y de las revueltas campesinas y, sobre todo, un extraordinario empuje del bandolerismo. Tradicionalmente, el fenómeno del bandolerismo estaba muy extendido en Italia y más concretamente en Calabria donde los denominados fuorisciti saqueaban tierras, cortaban carreteras, asesinaban viajeros, profanaban iglesias, incendiaban, robaban y secuestraban. El marqués de Mondéjar, a la sazón virrey de Nápoles, se tomó muy en serio la represión de los bandoleros calabreses. Para ello dispuso tropas españolas de infantería y caballería, así como, tres fragatas para bloquear las costas. La campaña militar duró tres meses, entre enero y abril de 1578. Se ejecutó a algunos bandoleros y se encarceló a muchos más, pero el fenómeno continuó existiendo con mucha virulencia, ya que no se atacaron las raíces del problema.

En el norte de Italia también había bandoleros. Los venecianos y milaneses llegaron a concertar en 1572 y en 1580 acciones militares conjuntas para combatir a los bandoleros. Unos años después, el papa Sixto V emprendió una intensa campaña contra los bandoleros de los Estados Pontificios.

El bandolerismo italiano tuvo, como en otros lugares, también un componente señorial. En este sentido podemos destacar la figura de Alfonso Piccolomini, duque de Montemarciano, un bandolero muy activo en los Estados Pontificios, y que tuvo una vida aventurera, con huida a Francia ayudado por el gran duque de Toscana, y regreso a la propia Toscana para seguir ejerciendo el bandolerismo y protagonizar un intenso conflicto a propósito de una crisis de subsistencia con su hambruna correspondiente. Al final se le detuvo y se le ejecutó en 1591. En la zona veneciana destacó el conde Octavio Avogado, que tuvo más suerte personal porque pudo huir al Tirol.

La represión no fue el único método para combatir el bandolerismo, aunque no se tocaron las raíces del fenómeno. Las autoridades se vieron abrumadas por la gravedad del fenómeno, asociado a problemas económicos y sociales, por su extensión y a las enormes dificultades para erradicarlo, precisamente porque el caldo de cultivo de las dificultades sociales no se solucionaba. Por cada detención y/o ejecución de un bandolero surgía otro. Por eso, en varias ocasiones, se optó por el perdón o la amnistía. En 1592-1593 se ofreció el perdón general a los bandidos que decidieran deponer su actitud y que se enrolasen en el ejército de la República de Venecia, empeñada en una expedición a la Dalmacia.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.