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Caravana abriendo fronteras: reivindicando la esperanza

Por quinto año consecutivo, la plataforma Caravana Abriendo Fronteras se calza las botas de la solidaridad y, a pesar de la amenaza de un virus destructivo, sale a la calle, a pisar fuerte sobre la tierra calcinada de injusticia y desamor.

Que la enfermedad, el miedo, el hambre o la necesidad de huir no afecta a todo el mundo por igual parece evidente. Que la migración y la búsqueda de un lugar mejor dónde vivir van a seguir siendo una realidad palpitante y viva aunque se quiera cerrar los ojos ante ella también parece ser una verdad con poco margen de discusión. De nada sirven las concertinas, las murallas o las cárceles para detener a la esperanza. Que los derechos humanos son privilegios o cantos de sirena para un elevado número de personas se constata día a día. Tan evidente lo es como que la solidaridad ante la injusticia y el desamor que estas realidades evidencian mueve a otros millares de personas no dispuestas a callar ni a ser cómplices de la intolerancia, la guerra o la injusticia. Conscientes de que el silencio o la indiferencia convierten en cómplice a quien calla y de que solo a fuerza de solidaridad y de fraternidad será posible seguir empujando en el camino de la justicia y el rompimiento de la desigualdad, Caravana Abriendo Fronteras sale a la calle para denunciar las políticas europeas contra migrantes y personas refugiadas.

Hace cuatro años, estallaba en Europa la llamada crisis de los refugiados, que no era sino una creciente necesidad de miles de personas de huir en un intento desesperado por encontrar una vida mejor. Europa contestó mal, blindó fronteras, premió a quien colaborara en la detención de ese flujo de seres humanos huyendo del hambre o la guerra. Pero, frente a ello, otro grupo de personas decidió dar una respuesta diferente, plantándose frente al odio, el racismo, la injusticia, la violencia. Sabedora de que la responsabilidad del silencio es otra forma de responsabilidad.

Si miles de personas huían, si encontraban las puertas cerradas y la solidaridad ausente, si el rechazo, la persecución o las concertinas eran la respuesta de los poderosos, también encontrarían las manos tendidas de personas cuyo poder reside en su propia voz que no ha de callar, en la fuerza de la solidaridad, de la conciencia de viajar en el mismo barco, del palpitar con el sufrimiento del otro, del saber que mientras haya una sola persona perseguida, amenazada, ultrajada, el mundo seguirá gobernado por la injusticia, la ausencia de paz, el miedo y la amenaza.

Y así nació Caravana Abriendo Fronteras. Una respuesta original, viva, valiente, que fue extendiéndose poco a poco, primero por el país, luego, traspasando fronteras, contagiando cada día a más y más personas de buena voluntad y calientes corazones. Personas que decidieron montar en autobús y, mochila al hombro y pancarta bajo el brazo, recorrer Europa denunciando y exigiendo un cambio radical en sus políticas.

Tras cuatro años pisando tierras de varios países, denunciando, profiriendo gritos de basta ya, exigiendo abrir fronteras y acabar con las guerras y el hambre, este año, por primera vez y como consecuencia de una pandemia devastadora, Caravana ha tenido que dejar aparcado el autobús. Pero no la voz.

Y así, este año de peregrina pasará a ser sedentaria. Durante cinco días, la ciudad de Valencia junto a otras ciudades repartidas por Europa, África y América, es telón para ese grito unánime que une conciencias y esperanzas, grito de denuncia y exigencia, de condena y amparo.

Adoptando las mayores medidas de seguridad, de respeto al más estricto protocolo, durante estos cinco días se hablará de las fronteras asesinas, de la “ruta de los Balcanes”, convertida en un camino de humillación, muerte y persecución.

Se hablará de las causas que promueven este éxodo imparable de cientos de miles de personas, víctimas indefensas movidas tan solo por el anhelo de vivir, por la necesidad de salvar a sus familias y a sí mismos del hambre, la muerte, la ausencia de esperanza y de futuro.

Durante cinco días, Valencia junto a otras ciudades como Bilbao, Torino, Briançon, Catania, Palermo, ciudades de Mesoamérica, África… harán coincidir sus voces denunciando los crímenes diarios cometidos contra las que solo buscan una vida mejor en la ruta de los Balcanes, la situación inhumana y atentatoria contra el más elemental de los derechos humanos vivida día a día en los campos de internamiento griegos, los muertos, no por callados menos reales, que se suceden casi a diario en un mar Mediterráneo última morada para miles de personas.

Violencia, explotación, racismo que no solo tienen lugar en ese camino lleno de espinas sino que se dan también dentro de nuestras fronteras. Y así, mientras su mano de obra se convierte en imprescindible ya sea en el campo agrícola ya en los cuidados y el trabajo doméstico, en muchas ocasiones las condiciones de vida se tornan esclavistas. Una nueva forma de esclavitud adaptada al siglo pero también el mantenimiento de una esclavitud tradicional. Huelva, Lleida, Almería, Victoria, Cassibile -Sicilia- El Piamonte… y todas y cada una de nuestras ciudades, testigos directos de esa injusticia con base en la pobreza.

Cinco días para conocer y exigir -ya que la desaparición de las fronteras parece estar bastante lejos- condiciones de vida y trabajo dignas. Porque hay virus que matan y hieren tanto como el Covid-19.

Así marca a las personas migrantes la polícia croata

Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.

Actualmente en Grecia, recorre los campos de refugiados de este país, llevando ayuda humanitaria y conviviendo con los y las desheredadas de la tierra, con los huidos de la guerra, del hambre o la enfermedad. Con las perseguidas. En definitiva, con las víctimas de esta pequeña parte de la humanidad que conformamos el mundo occidental y que sobrevive a base de machacar al resto. Grecia es hoy un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Las tensiones provocadas por la exclusión de los que se comprometió a acoger y las medidas puestas en marcha para ello están incrementando las tensiones derivadas de la ocupación tres o cuatro veces más de unos campos en los que el hacinamiento y todos los problemas derivados de ello están provocando.