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La figura de la enfermera escolar gana peso ante el inicio del curso lectivo

  • Escrito por Ramón Martínez
  • Publicado en Crónicas

A medida que se aproxima el día señalado para que los colegios franqueen la entrada a los estudiantes de toda España va ganando peso y volumen una figura largo tiempo reivindicada y casi siempre ignorada por las administraciones públicas: la enfermera (o enfermero) escolar.

El número de colectivos, asociaciones, sindicatos y particulares que reivindican la presencia en los centros educativos españoles de enfermeras escolares que liberen al personal educativo de una responsabilidad que no es la suya, y para la que no está ni preparado ni formado, ha ido subiendo en los últimos años como la espuma y se ha disparado en el actual contexto sanitario.

“Ahora, con la pandemia, sí que es una emergencia sanitaria”, asegura a Efe Ramón Izquierdo, secretario de acción sindical de la Asociación Nacional de Profesores de Enseñanza (ANPE), quien entiende que sería necesaria al menos una enfermera “en los centros más masificados o una por cada dos o tres centros pequeños”.

Las fuentes consultadas coinciden en señalar que una enfermera en un centro escolar proporciona seguridad a padres y personal docente y desarrolla un papel fundamental a la hora de promover hábitos saludables en los alumnos, ventajas que ahora se ha encargado de ensalzar el Covid.

“Estamos en una situación crítica, necesitamos un entorno seguro y vamos a defender y a repetir a las autoridades que la enfermera es necesaria para formar parte del equipo Covid en los centros educativos”, señala la doctora gallega Maite Peña.

Peña es la cara visible de la iniciativa ciudadana para el reconocimiento y regulación de la enfermera escolar en Galicia, que reunió casi 33.000 firmas para presentar una proposición no de ley en el Parlamento gallego que fue tumbada por la mayoría absoluta del Partido Popular.

Aquello ocurrió en febrero, cuando el coronavirus no era más que una amenaza lejana, mientras que “ahora todo el mundo piensa en el colegio porque más o menos a todos nos puede afectar”, señala Peña, para quien “la pandemia nos ha unificado porque todos tenemos la posibilidad” de ser infectados.

Galicia no es una excepción en el mapa español, donde “la implantación de la Enfermería escolar es muy irregular y escasa, comparada con la de países de nuestro entorno y otros continentes”, explica por su parte Natividad López, presidenta de la Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar (AMECE), la cual lleva años reclamando enfermeras en todos los colegios del país.

Según López, donde más enfermeras escolares hay es en la Comunidad de Madrid: más de 700 entre colegios públicos, concertados y privados; pero en el resto esta figura sólo aparece en colegios de educación especial y no en todos. “Y, por supuesto, hay una o más incluso en algunos colegios privados que también cuentan con médico”, añade.

Aunque en España brille por su ausencia, la figura de la enfermera escolar tiene un largo recorrido. La primera referencia que existe aparece en Nueva York en 1902, y en 1914 ya estaba implantada en todo Estados Unidos, de donde pasó a Reino Unido en 1918 y poco después a países europeos como Francia o Noruega.

El pasado jueves, la ministra de Educación, Isabel Celáa, durante la rueda de prensa posterior a la conferencia multisectorial que presidió junto a los ministros de Sanidad y Política Territorial, Salvador Illa y Carolina Darias, respectivamente, se refirió a la enfermera escolar como “una idea estupenda”.

Una idea en la que ya abundaron los legisladores españoles responsables de las diferentes leyes de educación desde 1990 o a la que se refiere la OMS desde 1989, según explica Emma Rodríguez, secretaria provincial del Sindicato de Enfermería (SATSE) en Pontevedra. “No estamos inventando nada.

Estamos pidiendo algo que llevamos pidiendo muchos años”, señala, antes de preguntarse “cómo no se está dando cuenta la administración que tener un profesional en los colegios les puede resolver muchas papeletas de enfermedades crónicas, no solo de Covid”.

Según explica, en España, en torno a un 15 por ciento del alumnado padece enfermedades crónicas, como pueden ser epilepsia o diabetes, “y no le puedes pedir al profesor que haga una prueba de glucosa porque no está formado y puede cometer errores”, señala, algo muy poco deseable en el inicio del curso académico que se avecina.

Tal y como explica Ramón Izquierdo, ante la sospecha de síntomas de Covid en un alumno, la presencia de una enfermera escolar es garantía de seguridad, primero porque sabe detectar los síntomas y, segundo, porque podría hacer en el mismo colegio una prueba de prevalencia, que en caso de positivo permitiría la activación inmediata del protocolo para evitar que un caso se convierta en un brote.

Su ausencia implica todo lo contrario: “Ante cualquier síntoma, con los protocolos, un profesor se lleva al alumno a una sala Covid, se queda con él hasta que llegue la familia, la familia se lo lleva al médico o no, y ya veremos si le hacen prueba, y mientras tanto las clases siguen con normalidad. Imaginemos que es positivo, a lo mejor han pasado cuatro o cinco días”, explica.

Por mucho que a la ministra Celáa le parezca una buena idea contratar enfermeras escolares, dado que el inicio de curso está a la vuelta de la esquina parece complicado que las administraciones estén a tiempo de dotar a los colegios de estas trabajadoras. “Es que esta figura ya tendría que estar.

Ese es el principal problema. No se pueden tomar medidas cuando el problema ya lo tienes encima. Han cometido un error, porque ya lo estábamos advirtiendo”, señala desde Satse Emma Rodríguez, quien sin embargo cree que tiempo hay: “Siempre se puede porque lo han demostrado muchas veces si en verdad les interesa”.

“Por supuesto que estamos a tiempo, los alumnos se incorporan los primeros a partir del 8 de septiembre y más vale tarde que nunca”, señala por su parte Natividad López. “Qué pena que no dijesen que sí en su momento porque ya habríamos avanzado trabajo”, se suma Maite Peña, que, como el resto de personas consultadas, cree que la enfermera escolar es imprescindible ahora, pero también una vez se encuentre una vacuna que nos permita convivir con naturalidad con el virus.

“Todos tenemos que ser conscientes de que no pedimos un privilegio. Esto es una inversión para toda la sociedad, en pandemia y en postpandemia, aunque ahora sea una urgencia”, explica Peña, quien entiende que si la presencia de esta figura no se ha generalizado en todos los colegios de España es por razones económicas.

Sin embargo, según Natividad López, “no parece que sea un tema difícil de abordar ya que se ahorran costes al sistema de salud porque se reduce el absentismo escolar y por tanto el laboral”. López cita un estudio de SATSE según el cual tener una enfermera en cada colegio de España viene a significar entre 17 y 20 euros por habitante y año, a cambio de los cuales el ahorro para el sistema, lo explica con un ejemplo, sería notable.

“Un alumno con asma comienza con una crisis leve o moderada y la enfermera de su colegio, que tiene actualizados los informes médicos del alumno y aplica el protocolo de atención de enfermería ante una crisis asmática, aplica el tratamiento y en pocos minutos el alumno vuelve a clase.

Si no hay enfermera, ese alumno es derivado al hospital y de manera urgente y lo más probable es que permanezca ingresado algunos días”.

Conseguir que las enfermeras escolares se conviertan en una figura permanente en todos los colegios españoles es el objetivo de una buena cantidad de organizaciones de la sociedad civil, muchas de las cuales se daría con un canto en los dientes si consiguiesen al menos que las administraciones se decidan a apostar por esta figura mientras el Covid-19 continúe siendo una amenaza para todos. EFE.