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Deborah Levy: “La Historia es personal, política, psicológica, existencial”


  • Escrito por Irene Dalmases
  • Publicado en Cultura
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando se ha crecido con un padre historiador comunista, vinculado al Congreso Nacional Africano, que durante el desayuno contaba anécdotas sobre Marx y Engels, no extraña que Deborah Levy, convertida en reconocida escritora, reflexione años después sobre cómo "vivimos en la Historia y cómo la Historia vive en nosotros" en "El hombre que lo vio todo".

En una entrevista con EFE, la novelista asegura que "la Historia es personal, política, psicológica, existencial, algo que se cuenta y vuelve a contar desde muchos puntos de vista distintos, pero que está ahí para siempre".

"Llevo la Historia dentro desde niña, tengo interiorizado que Marx fumaba demasiado o que tenía úlceras, así como las grandes luchas por los derechos humanos en Sudáfrica, aunque salimos del país cuando era muy pequeña", precisa.

Durante una visita a Barcelona, la autora de "El coste de vivir" ha hablado de su último título, nominado al Premio Booker, donde a través de diferentes planos temporales presenta al personaje de Saul Adler, atropellado dos veces, en 1988 y en 2016 en el mítico paso cebra de Abbey Road, justo por donde pisaron los Beatles en 1969 y plasmó con su cámara el escocés Iain MacMillan.

Publicado por Random House, y por Angle en catalán, el libro se mueve entre la República Democrática Alemana (RDA) y el Brexit, con un personaje principal, historiador, que en 1988, con 28 años, es atropellado por un Jaguar en Abbey Road, justo antes de partir a la Alemania Oriental para una investigación académica, y que volverá a pasar por la misma experiencia en 2016, en pleno debate sobre la salida de su país de la Unión Europea.

Levy, nacida en Sudáfrica y que emigró con su familia a Inglaterra cuando contaba nueve años, rememora que cuando se sentó ante el ordenador "había en Gran Bretaña un nacionalismo creciente con argumentos sobre el cierre de fronteras que, un poco más tarde, también utilizó Donald Trump para hablar de construir muros para mantener fuera a los emigrantes".

Esta cuestión la trasladó a su artefacto literario mientras se preguntaba si "realmente la gente entiende cómo es vivir sin libertad de movimientos, como ocurría en la RDA, donde se construyó un muro para que los alemanes orientales se quedaran dentro, más que para mantener a los otros fuera".

Además, quería ver cómo actuaría un régimen como el comunista de aquel momento, poco antes de que cayera el muro de Berlín, con un personaje como el de Saul, "al que le gustan tanto los hombres como las mujeres, que es increíblemente guapo, y que no encaja con la idea anticuada de la masculinidad".

Justamente, de este hombre también llama la atención que luzca un collar de perlas que era de su madre fallecida, una joya que aparece en otras novelas suyas. Proclama que le "encantan" las perlas, mientras muestra el collar que lleva bajo el jersey, porque "absorben muy bien el calor de la piel" y, en este caso, le ayudaron a meterse en el personaje.

A su juicio, "un escritor no solo tiene argumentos, tiene que darles cuerpo y, en esta novela, las perlas tienen un significado porque Saul las quita del cuerpo de su madre muerta y las lleva para estar más cerca de ella, mientras su padre, un hombre muy autoritario, no puede creer que las cuelgue en su cuello".

Preguntada por los tres volúmenes de su "Autobiografía en construcción" -"Cosas que no quiero saber", "El coste de vivir" y "Una casa propia"- donde los lectores pueden conocer algunas interioridades familiares a la par que su pensamiento sobre la feminidad o los roles sociales, señala que, "en realidad, escribir una autobiografía es hacerlo sobre los demás".

Sostiene que "uno no vive solo, no es una isla, todos nos creamos a través de los demás" y agrega, divertida, que en Londres, cuando circula con su bicicleta eléctrica, hay quien la saluda. Muchas veces, piensa "¿Le conozco?" y entonces cae en la cuenta de que debe ser alguno de sus lectores y, dice, "también saludo".

Respecto a qué le parece que la francesa Annie Ernaux sea el último Premio Nobel de Literatura, responde que le encantó oír su nombre el día de la proclamación.

"Fue un hecho de justicia", concluye convencida.

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