LA ZURDA

Masonería en España entre 1728 y 1939 (1)

Este artículo quiere recoger en estas pocas líneas poco más de doscientos años de historia de la masonería española, dejando los ochenta años siguiente, para un segundo artículo.

Lo primero que se debe señalar es que la masonería española ya desde su inicio tiene muchas dificultades para implantarse, si se excluyen los territorios de Gibraltar debido a que la Inquisición desde 1738 y con autorización real desde 1751, la prohíbe y condena y ello, especialmente porque desde su inicio y durante todo el periodo a estudio la Orden ha estado unida al liberalismo y el librepensamiento que siempre se ha visto como un peligro por lo más rancio del conservadurismo español representado en la unión Monarquía-Iglesia.

Se acepta que la masonería en España nace el 15 de febrero de 1728 en un hotel en la calle de San Bernardo de Madrid con la fundación de una logia que lleva por nombre French Arms, conocida como Las Tres Flores de Lys o La Matritense. Logia creada por el duque de Wharton y formada por ingleses, siendo reconocida por la Gran Logia de Inglaterra en 1729, asignándosela el número 50. Es considerada la primera logia establecida fuera de Gran Bretaña. A partir de 1730 no hay datos de este taller, siendo borrado de la lista de la Gran Logia de Inglaterra en 1768.

La segunda logia constituida fuera de Gran Bretaña se funda en Gibraltar, el 9 de marzo de 1729. Se llama St. John of Jerusalem quedando registrada con el número 51. Está formada también por ingleses.

En Barcelona sobre 1750, algunos militares ingleses y franceses tienen encuentros masónicos sin que llegasen a inscribirse en ninguna logia regular; y en Cádiz en 1755, un grupo de franceses e ingleses tienen reuniones masónicas, pero son delatados a la Inquisición.

En 1772, se constituye una logia en Madrid, formada por masones de los Países Bajos, denominada La Discrete Impériale de Alost, dependiente de la Gran Logia Provincial de los Países Bajos.

En la relación de logias de todo el Universo, publicada en 1787, no figura ninguna logia en España; tampoco en 1796, en la lista de Grandes Logias Provinciales de la Gran Logia de Inglaterra, excepto las situadas en Gibraltar.

La realidad es que la primera logia formada por españoles, se llama La Reunión Española y se funda en Brest (Francia) por miembros de la armada española apostados en esta ciudad a finales del siglo XVIII.

Visto lo anterior, se puede afirmar que los orígenes de la masonería española se sitúan en el siglo XIX, a raíz de la invasión francesa de 1808, cuando se implanta la masonería bonapartista. Masonería que está compuesta por dos tipos de logias:

- Las logias de afrancesados, cuyos principales núcleos están en Madrid (Beneficencia de Josefina, Santa Julia, San José, Napoleón el Grande, Filadelfos y Estrella de Napoleón), constituyendo la Gran Logia Nacional de España en 1809, cuyo primer Gran Maestre es José I. El 4 de julio de 1811 se funda el Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus Dependencias por el conde Grasse Tilly, autorizado con patentes del Supremo Consejo de Charleston.

- Las logias puramente bonapartistas que dependen directamente del Gran Oriente de Francia, formada principalmente por franceses. Se encuentran en Madrid, Barcelona, Figueras, Gerona, San Sebastián, Vitoria, Santoña, Zaragoza, Cádiz, Santander, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla y Talavera de la Reina.

Se ha reiterado que las cortes de Cádiz están muy influenciadas por la masonería, pero la realidad es que no hay ninguna prueba de ello; de hecho, la Real Cédula fechada en Cádiz el 19 de enero de 1812, que confirma el Real Decreto del 2 de julio de 1751, vuelve a prohibir la Francmasonería en los dominios españoles.

Se puede afirmar que la masonería, y en particular las logias dependientes del Gran Oriente de Francia desaparecen con la expulsión de los franceses.

La época de Fernando VII es terrible para la masonería que es perseguida sin tregua. La actitud del rey es de total oposición a las sociedades secretas, estableciendo al menos catorce decretos y prohibiciones. Se puede asegurar que en estos años no existe ninguna obediencia española puesto que las logias de las que se tiene noticias, compuesta por españoles, piden su regulación al Grande Oriente de Francia, entre ellas, están la Reunión Española de La Coruña (1814), Los Amigos del Orden (1817), Los Comendadores del Teyde de Santa Cruz de Tenerife (1817) y la logia Los Amigos Reunidos de la Virtud de Madrid (1820).

Durante el Trienio Liberal (1820-23) que sigue a la insurrección de Riego, la masonería experimenta un renacer que recoge Pérez Galdós en su obra El Grande Oriente donde afirmar que durante este periodo cincuenta y dos diputados son masones y al menos, la mitad de los ministros. De este periodo se han encontrado datos de tres logias en Madrid, Cádiz y Rubí de Ávila, aunque en el archivo de Palacio se afirma que en 1823 existen veintitrés logias en Madrid y trece fuera de esta ciudad.

En 1833, muere Fernando VII, la masonería sigue prohibida. El 26 de abril de 1834, la reina gobernadora María Cristina, por real decreto amnistía a los masones y les permite acceder a los cargos públicos, pero condenando a quienes sigan perteneciendo a la Orden después de esa fecha. La Orden está bajo mínimos y el único intento de organizar la masonería española se hace desde Lisboa cuando en 1838, Pedro de Lázaro y Martín, simbólico Padilla, funda el Grande Oriente Nacional de España, del que se conocen tres logias en Granada, Barcelona y Bilbao, así como un intento de abrir otra en Vitoria.

Hacia 1846 se crea un Gran Oriente que lleva el título de Hespérico o Oriente Español, cuyo fundador y organizador es Carlos Celestino Magnan y Clark que se disuelve en 1848.

En los años siguiente vuelven a surgir logias patrocinadas por el Gran Oriente de Francia, como la San Juan de España y La Sagesse de Barcelona (1848) y la logia Los amigos de la naturaleza y humanidad de Gijón (1850). Y otras, dependiente de obediencias de otros países como La Verdadera Iniciación de Barcelona del Grande Oriente de Uruguay, El Faro del Progreso de Barcelona del Grande Oriente Lusitano o La Moralidad y Filantropía de Cádiz de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

1868 es fundamental para la historia de España pues se produce la caída de Isabel II, que trae consigo un corto periodo de libertad que permite el florecimiento de la masonería y su organización, pero a la vez, se observa una falta de unidad y protagonismos personales que genera la creación de distintas obediencias y no, una obediencia española única que una a todos los miembros de la Orden:

- logias que se agrupan en torno a Ramón Mª Calatrava como Gran Maestre del Grande Oriente Nacional de España (331 logias);

- logias que quieren organizarse sobre bases democráticas y racionales y que fundan el Gran Oriente de España, eligiendo Gran Maestre a Carlos Celestino Magnan y Clark (136 logias);

- en Sevilla, se agrupan algunas logias constituyendo una Gran Logia Independiente Española;

- en Barcelona se intenta la unión de las logias de Cataluña, creando el Gran Capítulo Catalán;

- logias dependientes del Grande Oriente Lusitano Unido (83 logias);

- en otras partes se forman pequeños grupos disidentes o independientes y se resucitan logias francesas en Gijón, Barcelona y Cartagena, que tras depender del GOdF se integran en diversas obediencias españolas.

Con la restauración borbónica aparecen nuevas obediencias:

- Grande Oriente Nacional de España (GONE) y Gran Oriente Ibérico (GOI). También el GONE tuvo su escisión a la muerte del marqués de Seoane, el 31 de enero de 1887, protagonizada por el vizconde de Ros que constituyó un nuevo GONE de carácter más democrático facilitando la creación de Grandes Logias Regionales (129 logias);

- Grande Oriente Español (GOE). Las disensiones crecen y Miguel Morayta emprende la tarea de reunir a todos los masones en el seno de una única organización. De esta forma tiene lugar, el 4 de abril de 1888, la fusión del GONE de Ros con los disgregados elementos del GODE. El resultado es la creación del Grande Oriente Nacional de España. Finalmente, el 9 de enero de 1889 constituyen un nuevo cuerpo que adopta definitivamente, el 21 de mayo, el título de Gran Oriente Español, siendo Morayta su primer Gran Maestre. En el primer listado oficial de 7 de octubre de 1890, consta de ciento doce logias, cuatro logias de adopción y veintiuno triángulos.

- Gran Logia Simbólica Española de Memphis y Mizraim (GLSE). El 21 de marzo de 1889, se constituye, organizándose en Grandes Logias Provinciales y logias simbólicas, llegando a alcanzar, hasta finales del siglo, veinticinco Grandes Logias Provinciales y al menos, ciento noventa y dos logias simbólicas.

- Gran Logia Unida de Colón e isla de Cuba, fundada en La Habana (más de ochenta logias);

- Gran Logia Simbólica de Puerto Rico, fundada en 1883;

- Gran Logia Provincial de Santiago de Cuba;

- Confederación Masónica del Congreso de Sevilla (1878-1880) que da lugar al nacimiento de la Gran Logia Simbólica Independiente Española (1881-1896);

- Confederación Masónica Española y su continuación la Confederación Masónica Iberoamericana;

- y obediencias de carácter regional, como, la Gran Logia Simbólica Regional Catalana (constituida el 28 de junio de 1886), la Gran Logia Regional de Castilla la Nueva (fundada el 11 de octubre de 1887), la Gran Logia Regional de Andalucía (fundada en 1888), la Gran Logia Regional Galaica (creada en 1889), la Gran Logia Provincial de Málaga (constituida en 1891) o la de Gran Logia Provincial de Murcia (creada el 14 de enero de 1893).

Tras la crisis masónica finisecular, y con el inicio del siglo XX, las únicas obediencias que resisten son el Gran Oriente Español (GOE), con su sede en Madrid y que mantiene veintiséis logias (catorce españolas y doce extranjeras), y la Gran Logia Regional Catalana Balear (GLRCB) con sede en Barcelona.

Ambas obediencias establecen en 1903, un pacto de amistad y mutuo reconocimiento por el que la GLRCB, que mantiene relaciones con cuarenta y dos potencias extranjeras, transmite éstas al GOE; y éste reconoce la autonomía de la GLRCB, permitiéndole actuar en Cataluña y en las Islas Baleares, sin injerencias. Pacto que se cumple hasta 1917, tras la muerte de Miguel Morayta cuando el GOE constituye logias en Barcelona.

En 1920, la GLRCB que extiende su jurisdicción a toda España y cambia su nombre por el de Gran Logia Española (GLE), formando parte a partir de 1921 de la Asociación Masónica Internacional de Ginebra (AMI) aprovechando que el GOE se está restructurando y adquiriendo un carácter federal. De hecho, el GOE no consigue ser aceptado en la AMI hasta 1926, aunque sigue siendo la obediencia más importante en España; teniendo entre 1901 y 1922, ciento ochenta y siete logias.

Además de estas dos obediencias, se encuentras algunas pequeñas como la Gran Logia Unida, disidencia de la GLE que apenas logra tener once logias, el intento de resucitar el Grande Oriente de España que no logra tener más de cuatro logias, y una Gran Logia de Canarias, que desaparece 1926, cuando se une a la GLE.

A partir de 1923, cuando se inicia la dictadura de Primo de Rivera, la masonería es vigilada, recibiendo algunos cierres gubernamentales y la encarcelación de algunos de sus líderes, pero en general es respetada. Sus logias se convierten en microcosmos de libertad donde se construye una República ideal y donde se encuentran además de dirigentes republicanos, importantes representantes del mundo obrero.

Con la República se inicia un periodo donde la libertad imperante hace que la masonería considere que se han logrado los principios que defiende. Periodo que culmina en 1933 cuando se inicia el bienio negro y un nuevo periodo donde la masonería tiene que cerrar en algunos momentos, como tras la revolución de Octubre y donde sufre las campañas antimasónicas de fuerzas conservadoras como la de Falange Española.

Con la sublevación militar de julio de 1936, la masonería es aniquilada en la zona que controlan los sublevados, lo que obliga a refugiarse a sus miembros en el territorio controlado por la República o en el extranjero.

La masonería francesa durante la guerra de España se movilizado a favor de la República española ante la persecución que sufren los miembros de la Orden por parte de los sublevados. Las dos principales obediencias francesas, el GOdF y la Gran Logia de Francia (GLDF) dentro de la AMI ayudan con fondos y propaganda. De hecho, el GOdF, en su asamblea de septiembre de 1936 aprueba por unanimidad dirigirse a la masonería española y manifestarle el apoyo a los que luchan en favor de la libertad.

Cabe destacar que las logias del sur de Francia se movilizan desde un primer momento a favor de los refugiadas y refugiados. Comienzan una ayuda, especialmente destinada a los niños y niñas españolas que abandonan España huyendo de la guerra e incluso abren las puertas de sus casas. Solidaridad masónica individual y colectiva que no es más que el reflejo de muchas personas francesas que no entienden la política de no intervención del gobierno francés.

Al final de la guerra de España, Francia se convierte en un primer momento en el refugio de los altos organismos masónicos españoles, tanto del GOE como de la GLE y de los miembros de la masonería que logran escapar. Ya el 1 de marzo de 1939, las obediencias españolas firman una plancha de viaje, en el que se pide ayuda a la masonería internacional para los miembros de la Orden españoles que tienen que exiliarse.

El Gran Oriente de Francia cifra en dos mil, el número de miembros de la masonería acompañados por sus familias que llegan a Francia y necesitan ayuda, lo que obliga a que el Consejo de la Orden decida el 14 de febrero de 1939 solicitar a los masones pertenecientes a su obediencia la contribución mensual de diez francos para ayuda a los miembros de la masonería española refugiados. Se organizan para evitar que el mayor número de personas refugiadas acabasen en los campos de concentración franceses. Se calcula en un millón de francos la ayuda recaudada.

En un primer momento, se refunda la masonería española en Francia. Primero se intenta crear logias provisionales; un ejemplo lo encontramos en la logia Hispania número 678 auspiciada por la GLDF, donde encontramos a Demófilo de Buen o Portela Valladares. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial se comienzan a constituir logias formadas por españoles bajo obediencias francesas, entre ellas por:

- el GOdF: Esperanza en Marsella, regularizada en 1946; Toulouse en la ciudad del mismo nombre, fundada en 1944; Iberia, fundada a principios de 1945 en París; 27 novembre 1943 en Montauban.

- La GLDF: Exilio 681 de Montpellier; Ambrosio Ristori 682 en Burdeos, fundada en 1944; Reconstrucción 687 de Toulouse, fundada en abril de 1946; Franklin Roosevelt 688 de Montauban; Libertad 690 en Perpiñán; República Española 691 en Perpiñán; España 692 en París; Libertad 694, a la que perteneció el masón madrileño Mariano Benlliure y Tuero.

Muchos miembros de la masonería marchan a Latinoamérica, especialmente México donde encuentran una segunda patria y donde la masonería española se logra refundar con el permiso de la masonería mexicana.

En el interior, se inicia el exterminio de la masonería que tiene su paradigma el primero de marzo de 1940, con la promulgación de la Ley de Represión de masonería y comunismo.

1Este artículo tiene como base el libro la Masonería de Ferrer Benimeli que constituye un elemento básico para cualquier persona que quiera introducirse al mundo de la historia de la masonería desde un punto de vista científico, los estudios de Vicent Sampedro y mis propios estudios sobre el tema.

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019 (en imprenta).