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Amela: "La política mandó a 27.000 niños a la guerra civil y no se lo reconocen"

  • Escrito por Carmen Naranjo
  • Publicado en Cultura
Fotografía cedida por Plaza y Janés de Víctor Amela y Pere Torrents. EFE Fotografía cedida por Plaza y Janés de Víctor Amela y Pere Torrents. EFE

La política mandó al infierno de la Guerra civil española a 27.000 niños y la política tiene que ver con que nunca se haya hecho un reconocimiento oficial al sacrificio de la llamada "quinta del biberón", la mitad de la cual murió en el frente, según asegura el periodista y escritor Víctor Amela.

Un reconocimiento a los "niños soldado" de la Guerra Civil que Amela (Barcelona, 1960) quiere poner sobre la mesa con su libro "Nos robaron la juventud. Memoria viva de la quinta del biberón" (Plaza y Janés) cuando se cumple el centenario del nacimiento de aquellos jóvenes.

Hacia el final de la Guerra Civil, 27.000 muchachos nacidos en 1920 fueron llamados a filas y muchos de ellos murieron en la sangrienta batalla del Ebro sin haber llegado a los 18 años.

Víctor Amela ha recuperado la historia de 25 de ellos a los que ha entrevistado en los últimos años, testimonios que se unen en este libro a correspondencia, fotografías, dietarios y grabaciones que sus protagonistas han guardado durante todos estos años.

Amela se muestra conmovido y "espantado" por las historias de estas "juventudes robadas", una de las cuales fue precisamente la de un tío suyo: en Navidad de 1977 vió la cicatriz de la bala que le hirió en la batalla del Ebro pero solo cuando este murió, en 2005, encontró las cartas y las fotos que le descubrieron que había formado parte de la "quinta del biberón".

Fue el punto de partida de las entrevistas que Amela recopila en este libro y que comenzó en 2005, cuando ya habían pasado muchos años desde la muerte de Franco y el silencio que habían guardado los integrantes de aquella quinta durante la dictadura había acabado.

De los 25 "biberones" que entrevistó Amela solo sobreviven unos pocos. Hace quince días murió precisamente uno de ellos sin cumplir su ilusión de ver el libro publicado, lamenta Lamela.

Pero también recuerda que el sábado pasado recibió un vídeo de la celebración del 100 cumpleaños de otro de sus entrevistados en el que aparece con el libro en la mano: "Muchas gracias, es el día más feliz de mi vida", le decía.

"Yo creo que 82 años después se merecen un pequeño tributo", sostiene Amela, que se pregunta la razón por la que los sucesivos gobiernos democtráticos no han convocado a los supervivientes y a sus familiares para reconocerles cómo los políticos de entonces "les robaron la juventud y les trastocaron todas sus vidas".

Y la política "tiene todavía que ver con el hecho de que no se les haga un reconocimiento. Porque es incómodo reconocer la barbaridad de que enviaron a niños a morir".

Los nacidos en 1920 fueron movilizados forzosos desde agosto de 1938 tanto en el bando republicano como en el franquista, explica el autor que señala: "revisando la lista de supervivientes te encuentras a poetas como Joan Brossa o el novelista Joan Perucho.

Y te preguntas ¿cuántos de ellos no hemos conocido y hemos perdido su talento porque murieron en aquellos barrancos?". "Me hicieron llevar una manta, una muda, un plato, un vaso, una cuchara y un tenedor.

Iba en alpargatas", relató Andreu Canet (Barcelona, 30-11-1920), que sobrevivió a la batalla del Ebro con solo 17 años. Lo mismo le aseguró Joan Guasch, que falleció en 2015: "Hice la batalla del Ebro en alpargatas y sin cartuchera".Recordaba que le movilizaron en abril de 1938 y que no sabía que le iban a mandar a primera línea de fuego.

Lloró mucho, y el día que cumplía 18 años ya había perdido una pierna. "Desde julio de 1938 vivo de regalo", contó Josep Benet, que murió en 2008. Aseguraba que era historiador por "pasión y compromiso", para que se supiera lo que había pasado.

Muchos de los que sobrevivieron tuvieron que pasar cinco años de servicio militar obligatorio posteriormente, de tal forma que desde los 17 hasta los 25 años no volvieron a su casa. "El estrés postraumático se lo comieron ellos solitos", indica Amela.

Existen muchos más documentos, cientos de dietarios y memorias en casas que relatan "peripecias alucinantes", testimonios que hay que recuperar para recordar, señala el escritor y periodista, la fragilidad de la paz. EFE.