Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La chiquita piconera de Julio Romero de Torres


Fueron sus cuadros cantados en coplas, sus modelos señaladas como el paradigma de la mujer andaluza.

Tal día como ayer de 1930 moría Julio Romero de Torres en Córdoba, ciudad que le vio nacer en 1874, un año antes del regreso de la monarquía a España en la figura de Alfonso XII. Hijo del también pintor Rafael Romero Barros, vivió y desarrolló su obra a caballo de los siglos XIX y XX, bebiendo de las fuentes de los impresionistas, simbolistas y expresionistas, y dejándose influir por movimientos como los prerrafaelitas.

En una España que lloraba la pérdida de sus colonias, protagonizando lo que se ha denominado en los libros de Historia "El Desastre", la aparición de movimientos intelectuales que preconizaban un regeneracionismo que debía llevar a una reflexión que determinara el camino, Romero de Torres se encontró con el apoyo incondicional de alguno de ellos, como fue el caso de Ramón Mª Del Valle Inclán. El escritor vio en las pinturas del cordobés no solo el retrato de la Andalucía típica y tópica, sino un retrato de decadencia y erotismo que le subyugaron.

Porque no cabe duda que muchas de las pinturas de Romero de Torres destilan una gran sexualidad latente, tal vez proveniente de la fama de mujeriego que cosechó el pintor. Este es el caso del cuadro que nos ocupa: La chiquita piconera. Se trata de la última obra del artista antes de su muerte.  Es un óleo y temple sobre lienzo, con unas dimensiones de 100 x 80 centímetros, que muestra al espectador una muchacha sentada en una silla de enea, con un brasero a sus pies en donde arde el picón, el carbón que adjetiva a la protagonista.

No cabe duda que es uno de los cuadros más populares del pintor ya que sirvió de imagen a los billetes de cien pesetas hasta el año 1978. La modelo, María Teresa López, tenía entonces catorce años y se decía que mantuvo una relación sentimental con el pintor- algo que ella negó siempre pero que la acarreó la crítica social de la época-. Romero de Torres ya estaba entonces muy enfermo de cirrosis, pero sacó fuerzas de flaqueza para dejarnos esta gran obra. Una escena nocturna, de claroscuros, con Córdoba de telón de fondo, en la que una joven espera para vender sus favores a quien los quiera comprar.

La mirada potente y expectante de la mujer, la composición del cuerpo en una curva sugerente, el hombro desnudo, el pecho insinuante, las piernas ceñidas por las ligas que deja ver la falda remangada, hace de La chiquita piconera uno de los retratos femeninos más sensuales del arte español.

LA CHIQUITA PICONERA

Ojos profundos que miran.

Lagos negros que sumergen

en la profunda tristeza   

de aquella que su cuerpo vende.

 

Al fondo Córdoba oscura

en la Ribera y el puente,

donde la noche su manto

de soledad se desprende

 

Su piel de canela brilla 

como sus medias de seda

bajo la luz que la envuelve.

 

Encerrada en este cuadro

está toda Andalucía:

la belleza, la pasión, la pena   

que se transforma en la copla 

de Rafael de León:

 

“¡Ay, piconera chiquita ¡

esta carita de cera

a mí el sentío me quita” 

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider