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Cristobal Toral: "El mundo es de una gran belleza y crueldad"

Juan Carlos I en un contenedor, el Papa Benedicto entre terroristas del ISIS, los inmigrantes y sus maletas y ahora los sanitarios que luchan contra el coronavirus. Cristóbal Toral, que cumplió 80 años durante el confinamiento, da fe en sus cuadros de lo que lo rodea: "el mundo es de una gran belleza y crueldad", dice.

Todas sus obras tienen "intencionalidad", compromiso social, y por eso el gaditano no podía abstraerse de lo que estaba sucediendo: "He salido a aplaudir cada tarde pero también he querido dejar mi testimonio de agradecimiento en una obra.

Es un homenaje por una labor que han hecho en circunstancias complicadas, con falta de medios y luchando por salvar vidas", explica en una entrevista con EFE. En la acuarela, en colores verdosos y azules, aparece personal sanitario llevando una camilla: "He tratado de reflejar la urgencia, la rapidez... y la he rodeado de manos aplaudiendo.

En el horizonte aparecen unas nubes ennegrecidas, las del futuro, que es más bien oscuro". Con más tiempo querría hacer una obra de mayor formato, incluso un óleo, y hacer una tirada de grabados con ese tema y donarlos a los hospitales.

"Me gusta que las obras de arte sean algo más que decorativas. Siempre tiene que haber una intencionalidad, un compromiso social -en 1975 llevó a la Bienal de Sao Paulo, en representación de España, una obra de homenaje a los emigrantes-.

Siempre digo que el artista es un notario de su época. Debe quedar testimonio de esta horrible pandemia, igual que sucedió con la peste del siglo XIV". Pasa el confinamiento en su estudio de Madrid y está deseando "que esto pase" para poder ir a su casa de Toledo, donde puede hacer obras de gran formato.

"Lo he sobrellevado porque los pintores estamos acostumbrados a estar encerrados y he trabajado más que nunca porque no tenía que ir a inauguraciones ni a eventos. Me levanto, me pongo una camisa y un pantalón lleno de pintura y paso los días pintando.

He aprovechado también para hacer un cuadro muy trabajoso", revela. Se trata de una segunda versión del óleo que hizo a partir del cuadro clásico "El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas", de Teniers el Joven, en el que el aristócrata, como prueba de su agradecimiento a Felipe IV por cómo le acogió en España, se pintó con su colección detrás, un cuadro que está en el Prado.

Toral ha sustituido los "tizianos", "tintorettos" y "rubens" del original por obras del siglo XX y XXI, pintados por Picasso, Rothko, Kandinsky o Mondrian, en el que ha colocado sus características maletas.

"El archiduque lleva su equipaje en una 'trolley' y un maletín parecido al de los ministros donde pone 'Archiduque de Austria'", describe. "Son más de 40 cuadros de un realismo impresionante los que tiene tras él.

El cuadro mide 1,45x1,97. Se sus medidas con tanta precisión porque es un encargo que va a Houston y ha habido que poner ese dato en el permiso de exportación, La primera versión la tiene un coleccionista alemán muy importante", detalla.

También ha hecho otra acuarela "impresionante" en la que hay de nuevo maletas: "en el campo tengo miles de maletas que compro en las subastas del aeropuerto de Barajas. Me parece algo emocionante saber a quién han pertenecido, dónde andan los dueños, qué han podido llevar estas maletas dentro... Una presencia de la ausencia".

Las maletas, dice, "representan movimiento cien por cien; la humanidad siempre se ha caracterizado por ir de un sitio a otro, por el nomadismo. Pues bien, lo que ha ocurrido ahora es un frenazo en seco a ese movimiento y realmente es muy dramático.

Ante esta pandemia misteriosa, extraña y sorprendente lo ha paralizado". Vivió en una choza desde los 3 hasta los 18 años. Acompañaba a su padre, carbonero, en su trabajo con las encinas de la comarca de Antequera y su único mundo era la naturaleza, "sin niños ni nada". "Era salvaje como un conejo y de ahí salté a la Facultad de Bellas Artes. Fue muy duro", rememora.

Se ríe cuando recuerda que "gracias" a haber salido a la calle con un traje de astronauta cuando el hombre pisó por primera vez la Luna "empezó a vender cuadros" y a hacerse famoso, pero eso nacía, asegura, del genuino interés por el cosmos que desarrolló en su soledad en el campo entre rastrojos mirando al cielo.

"El mundo es muy misterioso, complicado y con mucha dureza y a la vez de mucha belleza", resume. EFE.