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Nicomedes Pastor Díaz Corbelle, en el bicentenario del Ateneo

De Nicomedes Pastor Díaz Corbelle (Viveiro, Lugo, 15.09.1811 - Madrid, 22.03.1863) yo creía, como casi todo el mundo, que Pastor era su primer apellido; Corbelle no aparecía por ningún lado. Para mí, era un señor subido a un pedestal en la plaza de su nombre en ViveIro, donde terminaba la calle de Pastor Díaz, ¡cómo no!  Allí nació él y muchos años después nací yo y  allí solía pasar parte de mis vacaciones de verano junto a mi tía Carmen Vaamonde, maestra de aquel Grupo Escolar maravilloso construido como todas las magníficas escuelas gallegas por los emigrantes o por la República en sus años iniciales de progreso.

De él había en mi casa un libro ilustrado con fotografías ilustrando poemas al Rio Landro, el rio que desemboca en la ría de Viveiro. Un rio amable del que recuerdo la romería de Naseiro, el último domingo de agosto, como una demostración empírica de que una legión de ángeles velan por nuestra vida. Sólo así se explica que nunca hubiera un trágico naufragio en aquellos barcos atestados de familias des de niños de pecho a sus abuelos que cuando subía la marea iban río arriba donde el nivel del agua estaba apenas 10 cm por debajo de la borda y regresaban ya anochecido cuando bajaba la marea con oportuno aprovechamiento energético.

En el bachillerato tuve alguna información adicional, apenas una cita en mi libro de literatura, sin menciona su actividad política pese a ser conservadora, por ser progresista en aquella dictadura. Mi último reencuentro con él se ha producido cuando salí elegido Secretario primero del Ateneo el pasado año; un Ateneo que este año de 2020 celebra el segundo centenario de su primera creación en 1820, al inicio del trienio liberal, por 92 ilustres ciudadanos empeñados en traer a España la instrucción pública que desde el primer día se desarrolló en el Ateneo abierto a todos los ciudadanos, fueran socios o no.

"Sin ilustración pública no hay verdadera libertad; de aquella dependen principalmente la consolidación y progresos del sistema constitucional y la fiel observancia de las nuevas instituciones" decía el preámbulo de los primeros Estatutos del Ateneo. Su proyecto no podía ser a la vez más pacífico, ni más revolucionario: "discutir tranquila y amistosamente cuestiones de legislación, política y economía y, en general, de toda materia que se reconociera de pública utilidad y de rectificar sus ideas los individuos que la componían ejercitándose al mismo tiempo en el difícil arte de la oratoria; llamar la atención de las Cortes o del rey con presentaciones legales en que la franqueza brillara a la par del decoro y por último propagar por todos los medios los conocimientos útiles". Y en esas seguimos.

Era demasiado para aquel tantas veces golpista y perjuro, el felón de Fernando VII. Para conservar el trono tras el levantamiento del General Riego, seis años después de su golpe de Estado apoyado por el General Elio y el Obispo de Valencia en 1814 cuando se negó a jurar la Constitución de 1812, perjuraría ahora diciendo "caminemos todos y yo el primero por la senda constitucional"; mientras empezaba a preparar el siguiente golpe que darían tres años después con los 100.000 hijos de San Luis.

Fue otra bellaquería más de su vida: la primera denunciando a los cómplices de la Conjura de El Escorial, su primer intento de golpe para derrocar a su padre; la segunda, cuando lo consiguió tras el motín de Aranjuez, la tercera cuando le devolvió a su padre la corona, del que la recibió Napoleón, que no la quiso recibir de él por considerarlo ilegitimo. Napoleón se la daría a su hermano Jose I, a la sazón rey de Nápoles, contra el que, ¡que error, que gran error!, se levantó parte del pueblo. No era la primera vez que llegaba un rey extranjero. Lo era Carlos I, Duque de Brabante, y luego Felipe V, Duque de Anjou; luego Carlos III, rey de Nápoles. José I tenía en su Curriculum Vitae su buena gestión como Rey de Nápoles, lleno como Carlos III de ideas progresistas que hubieran permitido que  América no se hubiera perdido.

El Nicomedes del que hoy hablo no formó parte de los "92 fundadores del Ateneo”, apenas tenía 9 años. Ya estaba en edad de serlo en 1835, tras la “década ominosa"  con el fallecimiento en su cama del dictador regio, Fernando VII, ¿les suena eso?, cuando se refundó refundado por tercera vez; la segunda fue la creación del Ateneo Español en Londres por los exiliados que lo fundaran en 1820, cuando lo cerró Fernando VII. De nada sirvió que lo presidiera en 1823 el General Castaños, el héroe de Bailén; Fernando VII estaba "empecinado en que desaparecieran todos los vestigios de aquella sociedad patriótica (liberal) y literaria".

Nicomedes fue uno de los "307 re-fundadores" del Ateneo de Madrid autorizad por la viuda de Fernando VII, Dª María Cristina por Real Orden de 16 .11.1835. Tenía entonces 24años. Había pasado por los seminarios de Vivero y Mondoñedo y por la Universidad de Santiago donde estudiaba Leyes y diera comienza a su actividad poética. Sufrió el cierre de universidades ordenado por Fernando VII en 1832 un año antes de su muerte, cuyo proyecto cultural para España es la creación de la Escuela de Tauromaquia.

Sigue Nicomedes sus estudios en Alcalá y se licencia en 1823. Aunque nunca se ordenó sacerdote era un hombre piadoso que leía a diario el breviario con más unción que muchos. Su calidad personal abierta le permite recibir el apoyo de personas de muy distinta opinión y condición: Manuel Fernández Varela,  miembro del Consejo de Su Majestad y Comisario Apostólico General de Cruzada, el general liberal Manuel de Latre y en el mundo literario, de Manuel José Quintana, acreditado poeta y activo liberal en la lucha contra Bonaparte.

Quintana está en el Museo del Prado en el famoso cuadro de Esquivel "Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor", en él que no está Nicomedes pero sí la flor y nata de los ateneístas a los que él conoció a través de Quintana: Donoso Cortés, que Presidiría el Ateneo, Juan Nicasio Gallego, Ventura de la Vega, Espronceda, Larra, Estébanez Calderón Escosura, Ros de Olano, Zorrilla cuya revelación ante la tumba de Larra, también ateneísta, relató conmovido Nicomedes y al que protegió y prologó la primera edición del “D. Juan Tenorio”. A muchos de los presentes en el cuadro ya los conocía Nicomedes de El Parnasillo, famosa tertulia literaria donde se solían reunir antes de crearse el Ateneo.

En lo político su ideología era monárquica y conservadora; apoyó a María Cristina y se opuso al liberalismo monárquico de Espartero al que atacaba desde el diario el Conservador; fue habitual escrito de "El Artista", "La Abeja" y "El Siglo" entre otras revistas de la época. Olózaga, que fue Presidente del Ateneo en 1837 logra que lo nombren secretario político en Santander. Su oposición a los movimientos políticos de 1836 promueve su ascenso a oficial del Ministerio de la Gobernación y en 1837, a jefe político de Segovia. Una astuta jugada de confiscar todas las joyas particulares en el Alcázar impidió que fueran botín de los carlistas que dominaban la provincia. Cuando los derrotó el General Latre estos servicios le hicieron ganar la toga de la Audiencia de Valladolid. De allí pasa a Cáceres donde publica un manifiesto a favor de la Constitución de 1837 que algunos opinan que fue una "obra modélica como exposición de los principios del régimen liberal y participativo pero que fracasó como esquema de Gobierno"; otros opinan lo contrario. En ella se oponía a la redacción de una nueva constitución porque consideraba que en ese trabajo "sólo abundan los charlatanes, las discusiones estériles y los pactos que a todos convienen menos a los administrados".

Pide una unión nacional de partidos en vez de su enfrentamiento, propuesta que se rechaza y le granjea el mote de "puritano" con el que se desacreditaba al que no apoyaba a uno de los partidos. Sin embargo, por ello se le nombra miembro de la Comisión para que le proponga a la regente María Cristina en 1840 que constituya  un gobierno de unidad nacional. Tras ello, a su regreso a Madrid, fue encarcelado dos meses y luego liberado sin cargos junto a Ríos Rosas, también ateneísta, que años después intentaría sin éxito ser elegido Presidente en 1864.Nicomemndesfue un defensor de los periodistas exiliados.

Una enfermedad le retiró de la política activa y durante ella se dedicó a la redacción de biografías de personajes célebres contemporáneos, tarea siempre delicada. entre las que están las del Duque de Rivas, escritor y ateneísta, de los Generales Diego de León, fusilado por Espartero por haberse sumado al levantamiento moderado de O`'Donnell en 1841, del propio O'Donell, del General Cabrera, en aquellas fechas refugiado en Lyón tras el fin finalizada la primera guerra Carlista, de Javier de Burgos que desde la Secretaría de fomento promovió la división provincial de España en 49 provincias y 15 regiones basadas en la historia de España.

Su conservadurismo próximo a Maria Cristina lo ejerció desde "El Conservador", fundada con Cárdenas, Pacheco y Ríos Roas; fue cerrado por Espartero y él encarcelado mes y medio lo que le encumbró entre los monárquicos moderados. De nuevo con Ríos Rosas y ahora con Garcia Tassara, un sevillano también poeta y político, se animan a fundar "El Sol", periódico desde el que promueve la declaración de mayor de edad de Isabel II, que a la sazón tenía 9 años. Sera nombrada reina con 10 años y dos meses.

En 1843 es elegido Diputado por La Coruña y disueltas las Cortes vuelve a ser elegido, esta vez por Cáceres, y luego por Pozoblanco y por Navalmoral de la Mata. Entonces la representación no era provincial sino municipal al estilo británico. que era el referente de la participación representativa. Es nombrado Secretario del Banco de Isabel II y desde é crea el Real Consejo de Agricultura, Industria y Comercio en 1847. Ese año le nombran  Subsecretario de Gobernación y luego Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas en el Gobierno que preside su viejo amigo Pacheco.

Su actividad es desbordante: legisla sobre derechos de agua, un problema aún vigente; reformo la legislación sobre sociedades anónimas para evitar la corrupción que engendraban; para controlar la ejecución de las obras púbicas, otra fuente de corrupción, estableció su intervención, también modificó la administración de los presupuestos de sanidad y agricultura. Y, como no, también intervino en el ámbito de la instrucción pública dotando de fondos a la biblioteca de la Universidad de Sevilla, nombró a su amigo, ateneísta e insigne escritor, Bretón de los Herreros director de la Biblioteca Nacional. En ese vertiginoso año de 1847 ingresa en la Real Academia Española junto al también ateneísta Hartzenbusch y Olivari. Su discurso de ingreso se titulaba "Hasta que punto la participación en los negocios públicos de los que cultivan las letras y profesan las ciencias puede ser causa o síntoma de decadencia de la literatura de una edad " que fue contestada por el también ateneísta Martínez de la Rosa.

Su rigor ético negándose a ciertos cambalaches políticos le lleva abandonar la política directa, aunque se sigue recurriendo a él para labores de conciliación. En 1847 es Rector de la Universidad Central, hoy Complutense de Madrid, y en 1854 embajador en Cerdeña en plena guerra de Crimea entre la liga del imperio otomano, Francia Inglaterra y Cerdeña-Piamonte contra Rusia y Grecia y en 1856. Finalizada la guerra, es nombrado Consejero de Estado y vuelve a ser Ministro con la Unión Liberal de O'Donell al que conociera cuando sus gestiones ante María Cristina para la creación de un Gobierno de Unidad Nacional en el ya lejano 1840. En el año 1857 ingresará en la Academia de Ciencias Morales y Políticas y es nombrado Senador del Reino en 1858. De 1859 a 1861 es embajador en Lisboa. De nuevo, en 1863, vuelve a ser ministro con O’Donell, esta vez de Gracia y Justicia, cargo que desempeña brevemente porque fallece dos meses después, el 22.03.1863.

Esta ingente actividad política, cierto que libre de todo tipo de obligaciones familiares pues fue célibe ejerciente durante toda su morigerada vida, no le impide una actividad cultural, de la que es reflejo su ingreso en las dos Academias indicadas. Su libro Poesías se publica en 1840 pero reúne las publicadas desde 188, fecha más antigua de su poema en galleo Alborada. En el prólogo destaca que la función social y expresión del alma del poeta es la de un ser sensible a la vida que le rodea, lo que explica su vida política, algo que sorprende en el mundo actual donde no se ve a ningún político poeta o, inversamente, a ningún poeta político. Los analistas de su obra ven en ella el reflejo de esa eterna saudade galaica precursora de Rosalía, pero también del romanticismo de Becquer o de Gil y Carrasco. Algunos biógrafos destacan su misoginia pero como todo el mundo tuvo su amor de adolescencia, Lina, y también pretendió, al parecer, a una aristócrata madrileña de la que hablan sus poemas dedicados a la belleza de la amada y al fracaso.

Sus reflexiones sobre el esplendor histórico perdido son tema común en esta época romántica, así como la exaltación de la aventura de los navegantes o el ansia trascedente de carácter religioso. Desde un punto de vista técnico se destaca la originalidad del uso de octavas de pie quebrado. Un par de sus novelas siguen el corte autobiográfico donde predomina a reflexión sobre la acción, algo propio del intimismo autobiográfico del romanticismo para el que la muerte es un leit motiv. Se dice que uno de sus protegidos, Pedro Antonio de Alarcón se inspiró en él para su novela "El escándalo". Sin embargo,  su novela De Villahermosa a la China, Villahermosa es el nombre que da a Viveiro, se mueve ya en un tono realista.

Su amplia actividad periodística está impregnada de contenido político, como no podía ser menos, merece algún comentario, dentro de este breve recordatorio de su intensa vida. Sus conferencias en el Ateneo de Madrid Los problemas del socialismo (1848-1849), ya publicadas, reflejan su oposición religiosa a las doctrinas sociales modernas cuando afirma "la soberanía [popular] es la ignorancia. Copérnico y Colón reciben de Dios la revelación o la intuición de la verdad. Las muchedumbres son el caos". Su afirmación  "la soberanía popular no puede nombrar un rey hereditario. ¿Con qué derecho se abroga la soberanía de las generaciones futuras? La soberanía popular no puede reconocer sino magistrados temporales" sería considerada radicalmente izquierdista y muy revolucionaria; eso suele ocurrir con lo que es de sentido común.

La brevedad de este texto no me impide terminar con un breve resumen de su via debido a Patricio de la Escosura que no por ser amigo suyo merece menos valor de certeza: "Dichoso aquel de quien como de Nicomedes Pastor Díaz, puede decirse, al darle el último adiós: fue poeta inspirado; publicista intrépido; orador de sentimiento; político en conciencia; ministro varias veces, y muere pobre, y deja una memoria estimada". El año 2021 será el 210 aniversario de su nacimiento; con sus tres cifras decrecientes es un número más bonito que el de 200, vulgar en su redondez, para recordar a un político injustamente olvidado, que dentro de su moderación fue un ejemplo de progresía y sensibilidad social como corresponde al alma, siempre delicada, de un poeta. Madrid, España, le debe una calle.