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Menéndez Pidal: un ejemplar presidente del Ateneo

Varios presidentes del Ateneo, como Valle Inclán y Menéndez Pidal nacieron en Galicia, pero éste último, aunque coruñés de nacimiento él se sentía asturiano, por lo que debería unirse a otros presidentes como Pedro José Pidal (1844) o José Posada Herrera (1865-67), etc., que también lo eran. Su padre, de mentalidad ultra conservadora, fue desposeído de su cargo de magistrado en La Coruña al negarse a jurar la constitución de 1869, regresó a Asturias. Rehabilitado viviría en Sevilla, Albacete y Burgos acabando finalmente Madrid. Por tanto, Menéndez Pidal sólo tiene de gallego su nacencia. Su hermano Juan, que le inicio en sus estudios, fue miembro de la Unión Católica fundada por su tío Alejandro Pidal y Mon, parte de la corriente neocatólica que se había unido al carlismo durante el Sexenio Democrático.

Alumno de Menéndez y Pelayo, se inició en el camino de la Filología Románica, campo en el que publica su magno Catálogo de Crónicas Generales de España (1898). Un año después logra la Cátedra de Filología Románica al año siguiente que desempeñaría hasta su jubilación en 1939. Fue muy crítico con la preparación recibida en la universidad, por lo que su formación como filólogo fue casi de autodidacta y se formó con la obra de los grandes romanistas europeos como Alfred Morel-Fatio, que trabajando en la Biblioteca Nacional de París escribiría su “Catálogo de manuscritos españoles y portugueses de la Biblioteca nacional” y con Manuel Milá i Fontanals, sin duda el padre de la filología española, del que fue alumno. A Milá se le debe el haber descubierto que muchas de las crónicas medievales españolas eran una narración de los poemas épicos o aun una compilación de versos con la misma métrica y asonancia o como dijera Menéndez Pidal una “migración de los versos del poema épico a las crónicas a partir del siglo XIII”. Adecuadamente fragmentados acabarían dando lugar a no pocas obras dramáticas, como hiciera también Shakespeare.

Más que un trabajo bibliográfico, con lo que tendría suficiente mérito, su Catálogo revela una sólida erudición y profunda crítica con la que logra desenmarañar la compleja genealogía de las crónicas. Con ella llena el vacío existente en esa época en los estudios literarios e históricos e inicia un fecundo camino de investigación. Este trabajo lo llevó a cabo en la Biblioteca Nacional de la que era “auxiliar temporero”, cargo que siguió teniendo siendo ya catedrático.

Se inicia el Catálogo con D. Lucas de Tuy; le siguen las historias de D. Rodrigo de Toledo y la Crónica general de D. Alfonso el Sabio, que merece una especial atención y al que ya había dedicado una obra, que mereció premio: La leyenda de los Infantes de Lara. Estudia el único manuscrito de la crónica del moro Rasis, y se centra en la crónica general de 1344, que rechazando la autoría tanto del Alfonso XI como el infante D. Juan Manuel, sin atribuírsela a nadie. También incluye la crónica de San Juan de la Peña que analiza en con atención las crónicas navarro-aragonesa; la de 20 reyes, y otras muchas, distinguiendo las originales de las que son simple refundición.

Su labor en la biblioteca nacional preparando el Catálogo de manuscritos, no llegó a terminarse pero sirvió para las fuentes históricas de España a partir de las crónicas y del estudio de los romanceros y cancioneros recogidos en los diversos manuscritos que en ella se conservan. Su matrimonio con María Goyri (1900), que acabaría siendo alumna suya en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo fundada por Segismundo Moret en 1876 que como recuerda Victor Olmos (Ágora de la libertad, Tomo I) se proponía “llenar los vacíos que ofrece la cultura nacional, vacíos vivamente sentidos”. La había conociera en una conferencia que dada en la Escuela por Marcelino Menéndez y Pelayo. Ella fue la segunda estudiante oficial de Filosofía y Letras de la Universidad Española (la primera lo fuera Matilde Padrós (1893), que luego se casaría con el pintor Francisco Sancha).

Maria Goyri, ya antes de obtener la licenciatura en 1896, posteriormente se doctoraría en 1909, había presentado en el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano celebrado en el Ateneo su ponencia, "Concepto y límites de la Educación de la Mujer y la aptitud profesional de ésta". En ella rechazaba, en la línea de Concepción Arenal, toda duda sobre las aptitudes y de los derechos de la mujer a formarse y trabajar. Escritora e investigadora en el campo de la literatura española, como filóloga compartieron sus estudios sobre el romancero español.

Es conocida la anécdota de que fue en su viaje de novios por la ruta del Cid. En el “Archivo del Romancero Menéndez Pidal/Goyri” consta que estando alojados en Burgo de Osma la asistenta que estaba haciendo la cama empezó a canturrear el romance de “El Conde Sol”. Ante su sorpresa les dijo, con toda naturalidad, que sabía más y empezó a cantarlos hasta llegar a un “Romance de la muerte del Príncipe don Juan”, desconocido hasta entonces. Eso les animó a hacer múltiples viajes por Castilla-León recogiendo esta información verbal. Maria publicaría este hallazgo en el Bulletin Hispanique en 1904, dirigido por Morel-Fatio.

Su estudio sobre la gramática y vocabulario del Poema del Çid fue premiado por la RAE en 1893. Tres años después publicaría su primer libro La leyenda de los infantes de Lara con el que inicia sus estudios sobre la primitiva épica medieval castellana ala que no se prestaba atención. Su tesis trata del origen oral, anónimo y fragmentario de los cantares de gesta con el Cantar del Mío Cid: texto, gramática y vocabulario (1908–1912). También es importante su labor como filólogo al reconstruir la gramática de la época a partir del material lingüístico de esta obra. Sentó así las bases otro trabajo fundamental, su Gramática histórica que sería premiado por la Real Academia de la Historia.

En 1901 es elegido miembro de la RAE y su discurso de bienvenida en 1902 fue sobre El condenado por desconfiado de Tirso de Molina, recibiéndole Menéndez y Pelayo, dela que sería nombrado director de la RAE en 1925. En 1904 publicó Manual de gramática histórica española, enriquecido a lo largo de sus múltiples reediciones y en 1906 publica El dialecto leonés” y en 1910 La epopeya castellana a través de la literatura española.

Menéndez Pidal fue una persona cuya cotización cultural en Europa y América fue incuestionable hasta el punto de haber sido árbitro en cuestiones de alta política, en principio ajenas a su especialidad, como la de establecer arbitralmente un laudo para definir los límites entre Ecuador y Perú comisariado por Alfonso XIII. Aprovechando sus viajes a América se dedicó también a recoger los romances que allí se conservaban También fue Menéndez Pidal presidente del Comité Directivo de la Residencia de Estudiantes, (1910) y en 1915 confirmado como director del Centro de Estudios Históricos, que venía ejerciendo desde su creación en 1910 vinculado al krausismo de la Institución Libre de Enseñanza. En él se educaría toda una generación de filólogos españoles: Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Alonso Zamora Vicente Joan Coromines, pero también extranjeros como Giuliano Bonfante un joven filólogo que tras sus estudios en París huyendo del régimen fascista italiano acabaría fundando con Menéndez Pidal la revista “Emérita” o Rosenblat, polaco de nacimiento que finalmente iría a Venezuela donde desempeñó la Cátedra de Filología de la Universidad Central y acabaría dirigiendo el Instituto de Filología Andrés Bello de la Universidad Central de Venezuela estudiando el español de América en su variante venezolana creando un gran fichero lexicográfico de venezolanismos. Muchos de sus discípulos españoles tuvieron que exiliarse en 1939. En Buenos Aires Amado Alonso fundó la Revista de Filología Hispánica dedicado a la investigación filológica y Alonso Zamora Vicente la de Filología.

A su trascendencia fuera de España, donde la filología tenía un gran predicamento fue inmensa y de ello es prueba el ser nombrado miembro de la Accademia Nazionale dei Lincei, en 1913. En 1912 ingresa en la Real Academia de la Historia con un discurso sobre La Crónica General que mandó componer Alfonso X. Y le granjea numerosos reconocimientos tales como los de doctor honoris causa por las Universidades de Toulouse (1921); de Oxford (1922); y de La Sorbona (1924) y la Legión de Honor Francesa (1924).

En 1914 funda la Revista de Filología Española donde aparecen trabajos de muchos de sus discípulos, entre ellos Navarro Tomás, que acabaría exiliado en los EEUU siendo profesor en la Universidad de Columbia y que fuera cofundador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. En 1925, al cumplirse las bodas de plata de su profesorado, recibió de sus discípulos y amigos un Homenaje consistente en tres volúmenes de estudios en los que colaboraron 135 autores españoles y extranjeros. En 1927 inicia el proyecto de una historia de España que prevista inicialmente en 12 tomos la inicia él y a su muerte la prosigue como director el historiador José María Jover Zamora. Finalmente la Historia tiene 42 tomos, algunos de varios volúmenes, el último de los cuales se titula La España de las Autonomías. Entre sus obras históricas se encuentra una sobre La idea imperial de Carlos V (1938) y otra titulada El padre Las Casas. Su doble personalidad (1963) en la que lo presenta casi con un paranoico.

En su vertiente social y política fue claramente progresista. Participó en los manifiestos en contra de la prohibición gubernativa de la enseñanza y el uso público del catalán (1924), se enfrentó con Primo en una sonada “Carta al Dictador” (El Sol, 1929) y además de protestar contra el avasallamiento de la Universidad, celebro junto a la mayoría de los intelectuales el fin de los Borbones y la llegada de la República democrática y, más aún, rechazó la alarma porque y, no mucho después, en el disentimiento de los que se preocuparon por la supresión en el “Estatuto catalán” del concepto de “nación española” como realidad integradora de las varias “nacionalidades autónomas” (1931, 1932). Años después, en los 50 y 60, bajo Franco, siempre apoyó todos los manifiestos a favor de los presos políticos, obreros, estudiantes y activistas en los años 50 y 60 y también en contra de la Guerra del Vietnam. En 1926 fue Vicepresidente primero de la Junta para Ampliación de Estudios; con la que se puso en práctica el ideario de la Institución Libre de Enseñanza. Uno de sus más conocidos trabajos fue Flor nueva de romances viejos (1928). Años más tarde publicaría “El romancero hispánico (1953) y Cómo vive un romance (1954).

Tras el golpe de Estado faccioso apoyado por la Iglesia y lo más reaccionario del país,, salió de España en 1936 y residió en Francia y Cuba; en los EEUU, dio cursos sobre La historia de la lengua española y Los problemas de la épica y el romancero en la universidad de Columbia. El gobierno de la República le cesó como Director del CEH “por abandono del servicio” y Azaña se lamentó de que hubiera dado una conferencia en una institución italiana.

Al terminar la guerra dimitió como Director de la RAE. Desmantelado ideológicamente la JAE se creó de sus cenizas, casi todo eran cenizas, el actual CSIC con una orientación sectaria y reaccionaria de la que lentamente se ha ido librando. El Instituto siguió llamándose “Antonio de Nebrija”. La Revista de Filología Española apareció el año 1941 y sigue figurando como fundador Ramón Menéndez Pidal; en ella escriben Emilio Alarcos (padre), Dámaso Alonso, José María de Cossío, Vicente García de Diego, Manuel García Blanco, Francisco Rodríguez Marín, María Josefa Canellada, Alonso Zamora Vicente, Francesc de Borja Moll y Rafael Lapesa entre otros.

Pese a estos antecedentes ideológicos pudieron regresar en 1939 aunque dimitió como director de la RAE en protesta por la represión sufrida por sus compañeros. Siguió realizando su trabajo pese a los informes en los que se descalificaba sobre todo a su mujer como “persona de gran talento, de gran cultura, de una energía extraordinaria, que ha pervertido a su marido y a sus hijos; muy persuasiva y de las personas más peligrosas de España. Es sin duda una de las raíces más robustas de la revolución”, aunque también a él de quien dice en plena guerra que es “Presidente de la Academia de la Lengua. Persona de gran cultura, esencialmente bueno, débil de carácter, totalmente dominado por su mujer. Al servicio del Gobierno de Valencia como propagandista en Cuba”. En 1942 publica La lengua de Cristóbal Colón y otros ensayos (1942) donde analiza las peculiaridades lingüísticas y de estilo de Teresa de Ávila y Cristóbal Colón.

Durante 8 años fue víctima de un proceso de depuración que le mantuvo alejado de la RAE hasta que fue reelegido director en 1947, pese a la oposición de los miembros más pro-fascistas de la misma. Permaneció en puesto en el que fue reelegido sucesivamente siguió en este cargo hasta su muerte, pero logró mantener el simbolismo de dejar los sillones de sus compañeros exiliados sin cubrir hasta que fallecieron. Por otra parte, a su regreso a España el régimen fascista permitió que su hija Jimena fundara del Colegio Estudio junto con Carmen García del Diestro y Ángeles Gasset donde se continuó con el modelo educativo y la filosofía que la Institución Libre de Enseñanza aplicara en el Instituto-Escuela clausurado en 1939.

Menéndez Pidal también se interesó por el idioma vasco, probablemente influiría en ello su mujer sobre el que publicó En torno a la lengua vasca 1962. Sería miembro corresponsal y luego académico de número de la Real Academia de la Lengua Vasca. Públicamente expresó su preocupación por su futuro y defendió su protección, pidiendo para ella despertar afecto, así como para las demás lenguas de España.

Próximo a convertirse en centenario, a los 97 años renunció a seguir pero todavía después de fallecer nos daría el regalo de dos obras que no llegó a ver publicadas: La Épica medieval española, desde sus orígenes hasta su disolución en el Romancero (1992) y la Historia de la lengua española (2006).

Menéndez Pidal fue, sin duda un referente de la cultura española cuya universalización resulta difícil de olvida, y si grande fue la obra mucho mayor fue la hecho en sus discípulos que son, como siempre, la mejor herencia que puede dejar cualquier persona.

Secretario primero del Ateneo de Madrid.