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Adolfo Álvarez-Buylla y González Alegre y los derechos de los trabajadores

De casta le viene al galgo, se suele decir, y ese dicho perfectamente podría aplicarse al que fue Presidente del Ateneo (1922), el ovetense Adolfo Álvarez-Buylla y González Alegre (1850-1927), porque descendía de dos de las familias más representativas de la burguesía progresista asturiana. Asturias ha sido una generosa donante de personas cuya inteligencia y esfuerzo contribuyeron a intentar hacer de España el país que debería haber sido y aún no es. Fue un destacado pedagogo dentro de la línea kraussista y siendo Catedrático de economía fue un profundo reformador social y defensor de los derechos laborales del trabajador como persona humana que es.

Su formación se inició en Oviedo donde a los 19 años obtiene el título universitario de bachiller en artes, en Filosofía y en Derecho Civil y Canónico. Trasladado a Madrid es alumno del malagueño Francisco Giner de los Ríos (1839-2015), que era catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional, A esa cátedra había sido reincorporado Giner tras la revolución de 1868 de la que había sido desposeído por solidarizarse en protesta con la separación de su cátedra al soriano Julián Sanz del Río (1814-1869, introductor del kraussismo en España y profesor suyo, y al almeriense Federico de Castro y Fernández (1834-1903), catedrático de Metafísica en Sevilla, por defender la libertad de enseñanza y con ellos al leonés Lázaro Bardón Gómez (1817-1897), Catedrático de Griego, y al también almeriense Nicolás Salmerón (1838-1908), Catedrático de Metafísica en Madrid y posteriormente presidente de la Primera República, entre otros muchos que también fueron objeto de esa sanción.

Su estancia en Madrid le permitió establecer su primer contacto con el krausismo introducido en España por Sanz del Rio y con personalidades tales como el leonés Fernando de Castro y Pajares y Gumersindo de Azcárate, también kraussistas. Se doctoró en Derecho Civil y Canónico (1871) en la Universidad Central de Madrid con su tesis: “Juicio crítico sobre las bases filosóficas del Jurado, su comprobación histórica y sus ventajas en el procedimiento civil y criminal”.

Se licencia también en Madrid en Filosofía y letras presentando un trabajo sobre “Marco Accio Plauto. Su latinidad. Su estilo. Su teatro. Caracteres que representa. Estudio analítico y crítico del Anfitrion y de los Cautivos” y obtiene el título de Doctor por la Universidad de Salamanca se suma el doctorado en Filosofía obtenido en la Universidad de Salamanca con su tesis titulada “ La poesía sagrada: Fray Luis de León, Melón de Chaide, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Fran José de Sigüenza. Estudio crítico de sus obras”.

De regreso a Oviedo es nombrado profesor auxiliar en la Facultad de Filosofía y letras, actividad que combina con la de ser abogado de beneficencia. Se presenta a la Cátedra de “Historia Universal” de la Universidad de Valladolid, pero no es admitido por no tener la edad preceptiva que era de 25 años. En 1877 obtiene, por oposición, la cátedra de Elementos de Economía Política y Estadística en Valladolid que permuta con el zaragozano Jorge María de Ledesma Palacios (1847-1898), del que era amigo, para poder así regresar a Oviedo.

Se incorpora así al que se denominaría “Grupo de Oviedo”, de orientación kraussista, del que eran también miembros Ledesma, los asturianos Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901), que sería famoso escritor y el sociólogo y jurista Adolfo González-Posada y Biesca (1860-1944), el alicantino Rafael Altamira y Crevea (1866-1951), Catedrático de historia del Derecho y Aniceto Sela Sampil (1863-1935), que gano la Cátedra de Derecho internacional público y privado en Valencia que ejercería luego en Oviedo de cuya universidad fue rector en 1900, el mismo año en que también fue nombrado Unamuno rector de la de Salamanca.

Secretario primero del Ateneo de Madrid.