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Castillo de Villandry, el legado de un médico extremeño en el Loira

Quizá tardemos en viajar de nuevo, como a lo mejor habíamos planeado para este verano. Pensemos sin embargo que una vez haya pasado el azote del funesto Covid-19, esos espléndidos lugares que nunca dejan de sorprender estarán ahí esperando nuestra visita. Uno de esos sitios bien pudiera ser el valle francés del Loira y sus magníficos castillos.

Para quienes ya los han visitado o para los viajeros que piensen hacerlo en un futuro, no estará de más saber que si hoy podemos conocer estos célebres castillos es gracias al anhelo de un médico extremeño nacido en el siglo XIX, Joaquín Carvallo.

El valle del Loira es un lugar de excepcional belleza, entre otras cosas por los espectaculares palacios y castillos que se concentran en esta comarca. Algunos gozan de la protección pública, como Chambord, Blois o Amboise. Otros están afiliados a la casi centenaria asociación La Demeure historique. Setenta edificios llenos de historia y arte sólo en la ribera del Loira. Es el caso del Clos Lucé, donde vivió Leonardo da Vinci; Chenonceaux, erigido sobre un lago y conocido como el castillo de las mujeres; Cheverny, famoso por sus monterías y escogido por Hergé para trasladarlo al comic en las aventuras de Tintin; etc.

Entre todos ellos, el castillo de Villandry es una parada imprescindible para los viajeros y las legiones de turistas que cada año realizan el mundialmente conocido circuito de los Castillos del Loira. Sus jardines, con 1.260 tilos y 52 kilómetros de seto de boj, son los más visitados de Francia. En sus invernaderos se producen 250.000 plantas de flores y hortalizas. Además, en los últimos años se han añadido un jardín con terraza y un laberinto vegetal.

Villandry y los otros castillos de Loira abrieron sus puertas en el primer cuarto del pasado siglo XX, gracias a la iniciativa del español Joaquín Carvallo. Una historia poco o nada conocida.

Perteneciente a una familia de ocho hermanos, Joaquín (‘Joachim’ en el país vecino) nació en Don Benito (Badajoz) en 1869. A pesar del prematuro fallecimiento de sus progenitores y de las estrecheces económicas que atravesó durante ese periodo de su vida, consiguió licenciarse con brillantez en la Facultad de Medicina de Madrid.

Después, ante la falta de oportunidades y como otros tantos cerebros a la fuga en la historia de nuestra maltratada ciencia, se trasladó a París para trabajar con el doctor Charles Richet, quien recibiría en 1913 el Premio Nobel por sus avances en el campo de la Fisiología.

En el laboratorio de Richet, Carvallo conoció a una joven americana de Pensilvania, Ann Coleman, con quien solía discutir acaloradamente sobre la guerra que por entonces mantenían España y Estados Unidos por la isla de Cuba, última colonia española en América. El acalorado intercambio de opiniones desembocó en una relación amorosa y tiempo después la pareja contrajo matrimonio.

Ann Coleman era la heredera de una familia adinerada dedicada a la industria siderúrgica. Aficionados al arte, con la fortuna de Ann atesoraron una importante colección de pintores españoles del siglo XVII que incluía cuadros de Zurbarán, Alonso Cano o Berruguete. Pasados unos años, decidieron dejar París e irse a vivir con sus tres hijos al valle del Loira. En 1906 adquirieron Villandry, un palacete abandonado y en ruinas que compraron a un farmacéutico local por 120.000 francos.

Villandry fue construido en 1532 por Juan el Bretón, secretario de Estado de Francisco I de Francia. Se edificó sobre una fortaleza del siglo XII de la que se conserva aún la torre del homenaje. En 1754 pasó a manos del marqués de Castellane y en el siglo XIX sus dueños sustituyeron el jardín renacentista por uno inglés, según el gusto de la época. En los albores del siglo XX, castillo y jardín iban a ser demolidos, entonces aparecieron en escena Joaquín Carvallo y Ann Coleman que se hicieron con Villandry. ‘Joachim’ Carvallo se entregó por entero a la rehabilitación del château, hasta tal punto que abandonó la medicina para dedicarse a este proyecto.

El secreto de la recuperación de los jardines estuvo en la participación de varios compatriotas. Por un lado, Santiago Rusiñol elaboró el proyecto. Por otro, los paisajistas andaluces Antonio Lozano y Javier de Winthuysen reconstruyeron las terrazas originales de los jardines ornamentales del château y diseñaron el cuadro de las cruces y del amor. Mencionar que Winthuysen fue considerado el jardinero de la generación del 27 y artífice de la recuperación de los jardines del Palacio de la Moncloa.

Los jardines se dividieron en cuatro secciones: el jardín del agua, el jardín de las hierbas, el jardín ornamental -dedicado al amor apasionado, al amor sentimental, al amor infiel y al amor trágico-, y el huerto que fue plantado en los años de la Gran Guerra.

Aunque Joaquín Carvallo había relegado a un segundo plano su carrera como médico, durante la Primera Guerra Mundial volvió a ejercer la medicina para atender a los soldados heridos en el frente de batalla, muchos de los cuales fueron atendidos y alojados en el castillo de Villandry.

Tras la guerra, Joaquín Carvallo dio un paso decisivo en 1920, permitiendo entrar en Villandry a quien quisiera visitarlo. Posteriormente, promovió y fundó en 1924, junto al conde Boni de Castellane, una asociación denominada La Demeure historique, a la que se unieron varios propietarios de castillos con la intención de preservar estos monumentos y abrir sus puertas al gran público.

En 1936, año en el que falleció Carvallo, 150 châteaux en manos privadas ya se habían unido al proyecto. De esta forma, se abrieron los castillos para quien quisiera conocerlos y, al mismo tiempo, las puertas de un inestimable patrimonio de la cultura europea.

De esta forma, fue fundada La Demeure Historique (https://www.demeure-historique.org/), asociación que tenía y aún tiene como objetivo conservar y proteger monumentos de titularidad privada. En la actualidad, reúne más de 3.000 inmuebles, entre castillos, palacios, casas solariegas, mansiones y abadías repartidas por toda Francia. Edificios históricos en manos de particulares que pueden ser visitados. En algunos es posible incluso comer y alojarse.

Joaquín Carvallo dedicó su vida a la restauración de Villandry. El actual propietario, Henri Carvallo, bisnieto de Ann y Joaquín, mantiene vivo el legado de sus antepasados con la misma pasión que lo hiciera aquel médico de Don Benito y con posterioridad sus herederos, conservando siempre el acento familiar que caracteriza al château. Las señas de identidad de los Carvallo son visibles en el castillo, donde podemos encontrar referencias al origen extremeño de ‘Joachim’ unidas a artesonados mudéjares, pinturas velazqueñas o antiguos muebles españoles.

Para quienes deseen saber más pueden consultar la web de La Demeure Historique o la de cada uno de los châteaux. La del castillo de Villandry es http://www.chateauvillandry.fr/. En ella encontraremos el sueño hecho realidad de un español y una americana enamorados del valle del Loira y sus castillos.

Francisco J. Castañón, escritor y periodista. En la actualidad dirige la revista Entreletras. Asimismo, es colaborador de Todo Literatura y otras publicaciones digitales. Tiene en su haber literario varios libros de poesía: Fuenfría (Ed. Verbum, 2003), A cuenta del Albur, poesía 1982-1995 (Ed. Visión Libros, 2010) Las horas indultadas (Ed. Verbum, 2011), Identidad (Ed. Vitruvio, 2016) y Equipaje sin lastre (Ed. Seehu, 2019). Es autor de diversos trabajos sobre historia y crítica literaria. Junto a los periodistas Joaquín Vidal y Eva Díaz Arévalo publicó en 2016 el libro Diccionario de la corrupción (Ed. Vitruvio). Bajo el mismo sello editorial, publicó en 2018 Mayo del 68. Una utopía tras las barricadas. Su último título, Pisadas en la Luna. De Apolo XI a Orión, explorando el espacio, se publicó en octubre de 2019.