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José Canalejas Méndez y el fracasado intento de la “revolución desde arriba”

Entre los grandes ateneístas y famosos políticos españoles del S.XIX y XX destacan muchos ateneístas y entre ellos se encuentra José Canalejas Méndez, que también fue Presidente del Gobierno como otros ateneístas ilustres, Manuel Azaña sería el último.

La conmemoración en este año del segundo ce3ntenario de la creación del Ateneo de Madrid en 1820, al inicio del trienio liberal, nos dan ocasión de recordar algunos de los ilustres socios ateneístas, muchos de ellos gallegos, que llegaron a ser Presidentes del Consejo de Ministros. Los actos se iniciarán el 24.10.2020 y durarán hasta el 23.10.2021.

José Canalejas, nació en O Ferrol el 31.07.1854 y moriría asesinado en Madrid el 12.11.1912 a los 58 años de edad, a manos de un anarquista, como lo fuera también nueve años después su paisano, también coruñés, Eduardo Dato. Sin duda la historia de España hubiera sido diferente de no haberse producido tantos asesinatos políticos empezando quizá con el del General Prim, el que trajera a Amadeo de Saboya, y el de Cánovas, que fuera presidente del Ateneo en 1889-91 y todos los que, directa o indirectamente ordenó Franco.

A los 11 años se traslada su familia a Madrid, estudia en el Instituto S. Isidro y luego se licencia en derecho y filosofía en la U. Central obteniendo también ambos doctorados. En su educación fue notable la influencia de algunos profesores, su tío Francisco de Paula Canalejas, Fernando de Castro, Emilio Castelar, etc. Fue kraussista, adscrito al grupo democrático extremo de Miguel Morayta y Sagrario, masón que alcanzó el grado 33 y fue catedrático de historia del derecho y diputado del grupo Ruiz Zorrilla que apoyó a Castelar.

Canalejas es catedrático auxiliar y autor de un Programa de un curso de Principios Generales de Literatura... para el curso 1872 a 1873 y de unos Apuntes para un curso de literatura latina (1874) y por esas fechas adquire gran fama en el Ateneo de Madrid. No obstante no logra ganar las oposiciones a cátedra de Literatura tras los mil y un cabildeos de Alejandro Pidal y de Cánovas en el Congreso y Senado que lograron cambiaron la ley, bajando a 21 años los exigidos para poder ser candidato, para que pudiera opositar Menéndez y Pelayo, que la ganó con notorio escándalo en la prensa. Un nuevo fracaso en las oposiciones le lleva por el camino de la política aunque antes trabajara como abogado en la compañía ferroviaria de la línea Madrid-Ciudad Real-Badajoz de la que su padre, que era ingeniero, era Director General. De ideas republicanas y regeneracionistas fue miembro del Partido Radical Socialista fundado por José María Orense Milá de Aragón Herrero, también ateneísta, que propugnaba la abolición de las quintas, el derecho de asociación sin ningún tipo de cortapisa, la absoluta libertad de imprenta, el sufragio universal, así como una orientación económica en la línea de John Stuart Mill.

De ideas republicanos su desacuerdo c con sus procedimientos le aproxima a la línea de Cristino Martos, Presidente del Ateneo en 1888, que fuera activo miembro de la revolución de 1854 que dio lugar al bienio progresista, y que tras el golpe de Estado fracasado en 1866 acabó apoyando la restauración tras haber apoyado.

Su actividad en el Ateneo, le granjea fama de orador en la Sección de Ciencias Políticas y Morales; publica un libro “Derecho parlamentario comparado” y otro “Estudios sobre las Regalías de la Corona de España (1910) y, colaboró también en la prensa diaria, entre ellas en “La Democracia”, un periódico de cortes republicano y democrático y finalmente acaba comprando el diario Heraldo de Madrid”, del que hizo su órgano de expresión en el que propugnaba que en España entraran las ideas progresistas que existían en el resto de Europa, por cuya razón fue tachado de “izquierdista”.

Tras el golpe de Estado del General Martínez Campos que impuso a Alfonso XII, hijo de Isabel II, la hija de Fernando VII que fuera destronada tras la revolución de 1868, se pasó al Partido Liberal de Sagasta que también propugnaba el sufragio universal masculino, se lograría en 1890, la libertad de asociación religiosa y la separación de poderes. Desde las elecciones de 1881 en que fue elegido Diputado por Soria, siguió siéndolo en las posteriores elecciones por distintas circunscripciones. Fue nombrado subsecretario de Presidencia (1883) con Posada Herrera, que fuera Presidente del Ateneo (1865-67).

Durante la Regencia, siendo Presidente Sagasta, sería ministro de Fomento (1888) de Gracia y Justicia (1888-90) en cuyo momento se produce la promulgación del Código Civil aún vigente, siendo un ardiente defensor de la volición de la pena de muerte; luego sería ministro de Hacienda (1894 -1895). Constituye un hecho singular en su vida que tras el fallecimiento de su mujer y preocupado por la situación de Cuba acentuada tras el asesinato de Cánovas hiciera un viaje a la isla, y de paso por los EEUU donde fue recibido por el Presidente McKinley que desatendió sus ofertas pacíficas. El sentimiento antiespañol en los EEUU era dominante y estuvo a punto de ser asesinado en Key West. Se alistó como voluntario en el ejército de Cuba ¡a sus 43 años y después de haber sido ministro!, aunque nunca llevo armas porque le repugnaban, pero ayudó a los médicos con los heridos y a cavar tumbas para los muertes; se le concedió la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. Estuvo en desacuerdo con las actuaciones del General Weyler.

De regreso a España, Sagasta hizo nulo caso de sus opiniones sobre la situación en el Caribe, por la falta de medios, la miseria de los soldados y la inferioridad militar respecto a los EEUU. Consideraba que se estaba engañando al pueblo español haciéndole creer que tenía un ejército del que carecía. Canalejas consideraba que debía seguir estando presente España, que desembocaría, como es bien sabido, en la intervención de los EEUU tras el episodio del Maine a la que se sumarian la cesión de Puerto Rico y Filipinas.

Estos sucesos le llevaron a fundar en 1902 su propio partido, el Liberal-Demócrata, destacando como cabeza de una corriente izquierdista que defendía ideas democráticas y de separación de la Iglesia y el Estado. En esa fecha fue nombrado ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas (1902) y creo el Instituto del Trabajo, con la colaboración del también ateneísta y miembro de la Institución Libre de Enseñanza, del “Grupo de Oviedo”, Álvarez Buylla, que fue Presidente del Ateneo (1922-23). Ya con Alfonso XIII sería presidente del Consejo de Ministros (1910-12), cargo que ostentaba cuando fue asesinado.

Aunque católico, sus ideas no coincidían con las del ultramontano Concilio Vaticano I ni con las doctrinas irracionales de Pio IX que en su Quanta Cura y su Syllabus condenaban gran parte de lo que hoy se consideran derechos fundamentales. Tendría fama de anticlerical porque impulso un programa secularizador moderado, abrió las escuelas laicas que cerrara Maura, y permitió que las confesiones no católicas pudieran exhibir sus símbolos. Sin embargo era un decidido católico, como revela su declaración de que “no concibo un Estado sin religión y creo que en España no hay que pensar en otra influencia que en la católica, y creo que para la escuela, para el taller, para el presidio, para todas estas formas de educación, de castigo o de reintegración social es necesaria la iglesia”.

Canalejas no pudo negociar el concordato de 1851 porque Pio X se negó a ello aquejado de la misma actitud irracional de condena del “modernismo” de Pio IX, frente a la actitud más sensata de su predecesor León XIII, autor de la “Rerum novarum”, encíclica que hizo que muchos católicos ultramontanos españoles, perdón por la redundancia, consideraran que el papa se había vuelto socialista. Canalejas promulgó la denominada “ley del candado”. Con ella quiso frenar la invasión de órdenes religiosas que venían de Francia porque la ley de 1905 había acabado con el catolicismo como religión oficial del Estado. Dicha “ley del candado” tenía un solo artículo: “No se establecerán nuevas Asociaciones pertenecientes a Órdenes o Congregaciones religiosas canónicamente reconocidas, sin la autorización del Ministerio de Gracia y Justicia. (…) mientras no se regule definitivamente la condición jurídica de las mismas”. En dos años se preveía establecer la ley de asociaciones dentro de la que estaría incluida la Iglesia.

En lo económico abandonó la política liberal del “laissez faire” en los conflictos capital vs. trabajo y estableció el arbitraje del Estado para equilibrar el diferente poder entre las partes como “mano visible” frente a la doctrina abstracta de Adam Smith. Su aproximación a las ideas socialistas, que considera una solución civilizada, se revela en su pronostico: “sustraerse a ella y no ir preparando jurídicamente las soluciones necesarias seria traer el rayo de la revolución social que en una forma u otra o por la fuerza o por el derecho ha de consumarse”. La revolución mexicana de 1917 y luego la bolchevique ese mismo año le darían la razón.

Crearía el servicio militar obligatorio, acabando con el sistema de redención delas quintas totalmente impopular, creando la figura del soldado de cuota; abolió la ley de Consumos y supo lidiar con el proyecto de comunidades catalanas con la colaboración de Prat de la Riba. Fue el suyo un nuevo intento de hacer “la revolución desde arriba” tras el fracaso de Maura que lo pretendió desde la corriente conservadora. Era, sin duda, una tarea difícil dados todos los problemas acumulados: anticlericalismo, regionalismo, ineficiencia en la gestión administrativa la lucha obrera provocada por la aparición de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y la radicalización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que es especialmente activa en Asturias, Barcelona, Madrid, Valencia y Vizcaya y la huelga general ferroviaria; la incapacidad militar, la sublevación republicana de 1911 y de regalo el conflicto marroquí.

Cuando Francia tomó Fez en 1911 Canalejas, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros, ordenó al ejército tomar Larache, Arcila y Alcazarquivir. A él se debe la creación del cuerpo de regulares y el acuerdo con Francia para constituir un protectorado en el Norte de Marruecos. Fue bloqueado su intento de expropiación de tierras cultivadas o incultas cn indemnización y también lo fueron las normas laborales progresistas: prohibición del trabajo nocturno de la mujer, limitación del trabajo en las minas a 9 h/día y 72 h/semana en el sector textil incluyendo el descanso dominical, etc., que hoy nos parecen prehistóricas. Son un reflejo de una situación opuesta a su política moderada y reformista que le granjeó numerosos enemigos dentro y fuera del país.

Quedaron inconclusos todos sus proyectos de mejora de la dictadura monárquica para hacer más representativa un sistema parlamentario corrupto trufado de caciquismo y de fraude electoral, que hoy ha institucionalizado la CE78, en el colmo del cinismo, con la discriminación del valor del voto por provincias e islas de su ley electoral. Desde entonces, como ahora pone de manifiesto la extrema y la ultraderecha, la lucha política se centró en alcanzar el poder y no en su ejercicio para modernizar al país, para conectar con sus problemas y procurarles soluciones que a corto o largo plazo resultasen válidas.

De su actividad en el Ateneo cabe destacar la participación en un curso organizado por Francisco Silvela a propuesta del regeneracionista Azcárate, que presidía en 1894 la Sección de Ciencias Morales y Políticas que luego presidiría el propio Canalejas (1895-96). Posteriormente participará también en 1903 dando unas conferencias sobre el Código Civil junto a otras 100 personalidades que versaban sobre temas políticos y sociales, pero también culturales.

Más tarde, en 1905, con motivo del tercer centenario de la publicación de El Quijote y dentro del conjunto de conferencias organizadas por Francisco Navarro y Ledesma, presidente de la Sección de Literatura, criticaría la actual situación de España cuya decadencia señala que ya era visible en tiempos de Cervantes. Olmos, en el primer Tomo de su Ágora de la Libertad recuerda sus palabras cuando señal el “cuadro vigoroso de Sancho y Don Qujote, es decir, de la clase media y las hidalguía modesta, del elemento popular, de la clase proletaria, todo ello disuelto y confundido ante una aristocracia en la cual no reverberaban las grandezas históricas de los grandes triunfos, ante una monarquía fastuosa que iba consumiendo todas las energías nacionales, encaminando a España a la ruina y la decadencia”.

En 1906 el Ateneo empieza a publicar una revista, “Ateneo”, donde publican artículos los mejores escritores de la época, en su mayoría ateneístas. Con motivo de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia se publican un total de 33 “vidas paralelas” comparando artistas, políticos y escritores británicos y españoles. Canalejas compara a “Gladstone y Castelar”. Académico de las Reales Academia de Jurisprudencia y Legislación, que presidió varias veces, y de la de Ciencias Morales y Políticas (1900) y de la Real Academia Española (1904), aunque no llego a tomar posesión en ninguna de ambas por no pronuncia el discurso de acceso a ellas. Con frecuencia intentaba burlar a sus guardaespaldas; eso facilitó su asesinato por Manuel Pardiñas el 12.11.1912 cuando estaba parado delante de una librería en la Puerta del Sol. Su cuerpo está enterrado en el Panteón de hombres ilustres y el mausoleo se debe a Mariano Benlliure. Alfonso XIII concedería el Título de Duquesa de Canalejas con Grandeza de España a su viuda el 23.11.1912. La Grandeza autoriza a sus titulares a cubrirse en presencia de los reyes, acto que se denomina “cobertura de grandes” y a sus esposas a sentarse a los pies de la reina lo que se denomina “tomar la almohada”.

Secretario primero del Ateneo de Madrid.