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El Museo Picasso recupera el hasta ahora perdido gramófono surrealista "Jamais"

  • Escrito por  Jose Oliva
  • Publicado en Cultura
El objeto "Jamais", de Óscar Domínguez, que formó parte de la Exposición Internacional del Surrealismo en París en 1938 y que el propio artista regaló a Picasso, es el eje central de una exposición en el Museo Picasso de Barcelona, una vez recuperada la pieza, dada por desaparecida hasta el pasado año. EFE/Enric Fontcuberta . El objeto "Jamais", de Óscar Domínguez, que formó parte de la Exposición Internacional del Surrealismo en París en 1938 y que el propio artista regaló a Picasso, es el eje central de una exposición en el Museo Picasso de Barcelona, una vez recuperada la pieza, dada por desaparecida hasta el pasado año. EFE/Enric Fontcuberta .

El objeto "Jamais", de Óscar Domínguez, que formó parte de la Exposición Internacional del Surrealismo en París en 1938 y que el propio artista regaló a Picasso, es el eje central de una exposición en el Museo Picasso de Barcelona, una vez recuperada la pieza, dada por desaparecida hasta el pasado año.

La exposición, ha explicado a Efe el director del museo y comisario de la muestra, Emmanuel Guigon, surgió después de que se encontrara "Jamais", que se había dado por desaparecida.

La obra consiste en un gramófono enmudecido y pintado de blanco cuyo plato está representado por un par de pechos que giran bajo una mano que actúa como aguja, mientras que del amplificador salen las piernas de una mujer.

Domínguez transformó un gramófono Pathé de pabellón en "un objeto erótico e hipnótico, inquietante y enigmático". Tras haber sido presentado en la Galerie Gradiva de André Breton, en París, "Jamais" se mostró en la Exposition Internationale du Surréalisme, organizada por André Breton y Paul Eluard en la Galerie Beaux-Arts, también en París, en 1938.

La exposición, la mayor jamás organizada por los surrealistas, tuvo, ha recordado Guigon, "un gran impacto y se convirtió en un evento de marcado carácter simbólico en vísperas de la Segunda Guerra Mundial".

En ella se presentaron piezas clave del surrealismo, como el paseo de los maniquíes de Óscar Domínguez, el taxi lluvioso de Dalí o el techo confeccionado a base de sacos de carbón de Marcel Duchamp, mientras que Picasso participó con algunas pinturas.

"Jamais", que había formado parte de la colección privada de Picasso, se consideró desaparecida hasta que el año pasado, con motivo de los preparativos de la exposición "Picasso. La mirada del fotógrafo", Guigon halló unas fotografías inéditas de Nick de Morgoli procedentes de una colección privada que le proporcionaron nuevas pistas sobre su paradero: finalmente, se encontraba en posesión de la hija de Jacqueline Picasso, Catherine Hutin-Blay.

En las imágenes que Guigon encontró aparece Picasso con el objeto "Jamais" en su taller parisino de Rue des Grands-Augustins, y "gracias a ese descubrimiento casual, se ha podido saber que Domínguez regaló esta pieza a Picasso por la amistad que les unía".

En la exposición, que estará abierta al público hasta el próximo 8 de noviembre, además de las fotografías de Morgoli se pueden contemplar una serie de imágenes de la Exposition Internationale du Surréalisme, así como el propio objeto "Jamais", restaurado para la ocasión por Reyes Jiménez, la restauradora jefe del Museo Picasso barcelonés, tras casi un siglo sin haber sido expuesto.

También se muestran "Le souvenir de l'avenir" (1938), de Óscar Domínguez, o la fotografía que tomó André Villers en 1957 de un Picasso con el torso desnudo, los brazos abiertos, con un sombrero de paja, una nariz de payaso y la boca abierta como si lanzara un grito, imitando a su amigo Óscar Domínguez en la gestualidad y el disfraz.

La resurrección de "Jamais" ha ofrecido también la oportunidad de "recuperar la atmósfera de la novedosa y sorprendente exposición de 1938" y de recordar la actuación que realizó la 'bailarina surrealista' Hélène Vanel la noche de la inauguración, en la que bailó tres danzas: "La histeria", "El trébol encarnado" y "El acto fallido".

Virtuosa de las apariciones en la penumbra y gran adepta del gramófono, con sus bailes dejó estupefacto al público congregado en la gran sala.

Medio desnuda y a la luz de unas linternas y un brasero, Vanel realizó una actuación acorde a su sensualidad desbordante, alocada y salvaje, danzando sobre una cama, agitando almohadas, sumergiéndose en un estanque, salpicando a los invitados, "la viva imagen de la bailarina engullida por la bocina del gramófono de Óscar Domínguez". EFE.