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Gustav Doré

En ocasiones, cuando hablamos de literatura nos olvidamos de un elemento que aporta un valor añadido a la edición de los libros. Nos estamos refiriendo a las ilustraciones. Desde la Edad Media han formado parte de las obras literarias, explicando, adornando las palabras.

La relación entre las artes plásticas y la literatura es innegable. Ya sea como explicación de un texto literario a través de una imagen, ilustrándolo o, simplemente, sirviendo de inspiración. También podemos encontrar la referencia iconográfica e iconológica de un cuadro a través de la literatura o que sirva de mera base para un poema, por ejemplo. La literatura y el arte forman parte de un sistema estético comparable y la Historia los ha llegado a equiparar respecto a estilos y tendencias. Dicho esto, si ha habido un artista que aportara su propia visión a la interpretación de grandes obras de la literatura tenemos que referirnos a Gustav Doré y a sus famosos grabados.

Nacido en Estrasburgo ya con quince años llevo a cabo su primera obra: Los trabajos de Hércules a las que siguieron otras muchas que permanecen en el imaginario común: El Quijote, La Biblia, La Divina Comedia, Caperucita Roja..., etc.

Aunque los grabadores no eran considerados artistas, todavía la obra de arte debería ser única e irrepetible, la calidad del trabajo de Doré, así como el resto de su obra, nos sitúa ante un gran pintor y dibujante. En sus grabados podemos encontrar influencia de otros grandes artistas que utilizaron esa técnica, como es el caso de Goya, al que conoció en su viaje por España.

Doré no tiene límite como creador, abarcando todos los géneros. Lo mismo que su influencia en artistas posteriores, llegando su huella hasta   el arte cinematográfico. Sus escenografías reflejadas en sus grabados han servido de inspiración a muchos cineastas, partiendo de Georges Melies en su Viaje a la luna hasta Peter Jackson en El señor de los anillos o Harry Potter, pasando por Tim Burton y todas las representaciones del Londres de Dickens.

Su estilo es siempre respetuoso al tema que representa. No cabe duda, además, que Doré se convirtió en un gran divulgador literario tanto de la literatura clásica (Dante, Rabelais, Cervantes) como contemporánea a su tiempo (Honoré Balzac).

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad está en preparación de su quinta novela y acaba de presentar su último libro de poesía, Papelera de reciclaje con Ediciones Vitruvio.

Recientemente ha sido nombrada concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.