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EL PERIÓDICO
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Roberto Bolaño, con edad de siempre


Hay escritores que se van muy pronto, incluso mucho antes de lo que da este tiempo que es poco menos que nada. Sus últimos años de urgencia, debido a la enfermedad, escribió deprisa y febrilmente, casi como había vivido y no por la posteridad, esto le parecía un chiste, la nada…sino por dejar un legado que alimentara a sus hijos.

Veinte años silenciado, escribiendo, leyendo con la vehemencia de un romántico y diecisiete años después una referencia literaria. Así pasa en algunas ocasiones en este oficio tan lleno de vida y desconciertos.

Chileno, mejicano, argentino, español y ciudadano del mundo hispano, ha cambiado la literatura hispanoamericana después de aquella generación que dejó al mundo sorprendido. Lector infatigable y vanguardista de convicción, gran admirador de Nicanor Parra y de Mario Santiago, su gran amigo. Poeta, admirador de las vidas arriesgadas, como la suya propia, sus textos en prosa tienen ese aroma del que sabe poesía y la siente. Seguramente su buena prosa se debe a esto, a conocer las herramientas de lo que sale del alma y a la vez refleja la fragilidad de lo efímero.

Emparentado con Borges por su literaturidad, aunque Bolaño está más apegado a la vida, a lo autobiográfico, a esos personajes fracasados, maníacos que encarnan parte de la locura y nobleza cotidiana. Sus libros, varios de ellos póstumos, leen el mundo con sus circunstancias y sus problemas con tanta originalidad que esa lectura provocadora y original te cautiva.

Conocí a Bolaño en un documental de la 2, en un Blanes sin turistas en el que se sentía el frío y la extrañeza de una localidad veraniega despoblada. Supe que había trabajado en todos los oficios para sobrevivir, incluidos los más humildes y que le había atrapado el oficio de escribir después de leer incansablemente. Ya desde joven se apuntó a ser un poeta salvaje, vanguardista, líder de un grupo marginal en Méjico en los años 70. Desarma la integridad de este escritor para el siglo XXI.

Dice Bolaño que escribir es difícil y leer fácil. Yo comencé a leerlo en un libro que compré porque estaba a mano en un estante de mi librería habitual y tuve suerte: Llamadas telefónicas fue ese primer libro que me condujo después a Estrella distante, Los detectives salvajes y 26666, esas más de mil páginas que exigen concentración y silencio.

La trama en sus libros no suele cumplir los requisitos de los libros de entretenimiento, es cómo los estructura y cómo arma unos personajes que aparecen y desaparecen, que se repiten hasta configurarse como un todo, lo que lo convierte en un escritor tan original. El que no estuvo en embajadas ni universidades y mantuvo un exilio silencioso, nos muestra el desarraigo cotidiano casi al filo de la desesperación.

Al final obtuvo premios, El Herralde y el Rómulo Gallegos, no está mal…el que fue tan sensible y padeció las crueldades de la sociedad, ensancha con su obra desde los márgenes los dominios de la lengua castellana y la cultura hispana. Bolaño sabe unir la literatura con la vida, un mago de la realidad con sentido del humor que busca la verdad, es independiente y pone en jaque al capitalismo y al sistema.

Conocemos a través de sus obras el mundo de los escritores, los diferentes tipos del oficio; misterios sin resolver de Moscú a Méjico; el amor, las mujeres, el sexo…la muerte. En 2666 la tercera parte es terrible, tan brutal que cuesta recuperarse.

“A los treinta años se acostó con un compañero de oficina. Fue algo simple y sin mayores consecuencias, al menos para ellos dos, pero Clara cometió el error de contárselo a Luis. La pelea fue espantosa. Luis destrozó una silla o un cuadro que él mismo había comprado, se emborrachó y durante un mes no le dirigió la palabra. Según Clara, a partir de ese día las cosas nunca volvieron a ser iguales, pese a la reconciliación, pese a un viaje que realizaron juntos a un pueblo de la costa, un viaje más bien triste y mediocre.

A los treintaidós, su vida sexual era casi inexistente y poco antes de cumplir los treintaitrés, Luis le dijo que la quería, que la respetaba, que nunca la olvidaría, pero que desde hacía varios meses salía con una compañera de trabajo divorciada y con hijos, una chica buena y comprensiva, y que pensaba irse a vivir con ella.

En apariencia, clara se tomó la separación (era la primera vez que la dejaban) bastante bien. Pero a los pocos meses cayó en una nueva depresión que la obligó a dejar el trabajo temporalmente y a empezar un tratamiento psiquiátrico que no le sirvió de mucho. Las pastillas que tomaba la inhibían sexualmente, aunque intentó, con más voluntad que resultados acostarse con otras personas, entre ellas yo. Nuestro encuentro fue breve y en líneas generales desastroso. Clara volvió a hablarme de las ratas que no la dejaban en paz, cuando se ponía nerviosa no paraba de ir al baño, la primera noche que nos acostamos se levantó a orinar unas diez veces, hablaba de ella misma en tercera persona, de hecho una vez me dijo que dentro de su alma existían tres Claras, una niña, una vieja -la esclava de su familia- y una joven, la Clara verdadera, con ganas de irse de una vez por todas de aquella ciudad, con ganas de pintar, de hacer fotografías, de viajar y de vivir: los primeros días de nuestro reencuentro temí por su vida, tanto que a veces ni siquiera salía a comprar por temor a encontrarla muerta a mi regreso, pero con los días mis temores se fueron desvaneciendo y supe (tal vez porque eso era lo que me convenía) que Clara no iba a quitarse la vida, no iba a tirarse por el balcón de su casa, no iba a hacer nada.

Poco después me marché, aunque esta vez decidí llamarla por teléfono cada cierto tiempo…”

La realidad, relatos abiertos que nos hacen viajar de uno a otro en unas tramas que al final son un tapiz que recomponemos. El texto en el que describe la trayectoria del libro hacia la posteridad es una belleza, otros más también lo son.

Bolaño, narrador y poeta, es un escritor imprescindible en nuestro tiempo. Cuando leamos todo lo que escribió comprenderemos la rotundidad de esta afirmación. Supo navegar entre su corazón y su alma, habitar en los espacios asfixiantes del fracaso, la derrota y la pena. También del amor con alegría, el sexo y el pacer y, por último, transmitir un amor a los libros incalculable como lo es la generosidad que le suponemos.

“¿Y qué fue lo que aprendieron los alumnos de Amalfitano? Aprendieron a recitar en voz alta. Memorizaron los dos o tres poemas que más amaban para recordarlos y recitarlos en los momentos oportunos: funerales, bodas, soledades. Comprendieron que un libro era un laberinto y un desierto. Que lo más importante del mundo era leer y viajar, tal vez la misma cosa, sin detenerse nunca. Que al cabo de las lecturas los escritores salían del alma de las piedras, que era donde vivían después de muertos, y se instalaban en el alma de los lectores como en una prisión mullida, pero que después esa prisión se ensanchaba o explotaba. Que todo sistema de escritura es una traición. Que la poesía verdadera vive entre el abismo y la desdicha y que cerca de su casa pasa el camino real de los actos gratuitos, de la elegancia de los ojos y de la suerte de Marcabrú. Que la principal enseñanza de la literatura era la valentía, una valentía rara, como un pozo de piedra en medio de un paisaje.”
 

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.