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EL PERIÓDICO
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American Gothic, de Grant Wood


En esta nueva entrega de “Leer un cuadro”, traemos una de las obras norteamericanas más populares, cuya autoría pertenece al pintor Grant Wood, pintor nacido en Anamosa (Iowa) en 1891. Estudió en la Handcraft Guil y en la Escuela de Artes y Oficios de Minneápolis. En 1913 seguirá sus estudios en la Escuela del Instituto de Artes de Chicago.

A Grant Wood se le relaciona con el movimiento artístico del Regionalismo, que se desarrolló sobre todo en el Medio Oeste. Pintor muy activo desde edad temprana, utilizó una gran cantidad de técnicas, desde tinta, carboncillo, metal y objetos recuperados y transformados.

Sus repetidos viajes a Europa (visitó el continente hasta cuatro veces) entre 1922 y 1928. El conocimiento de los pintores europeos desarrolló en él una gran admiración hacia la obra de los pintores flamencos y holandeses, particularmente hacia Van Eyck, por la utilización de elementos cotidianos, un aspecto fundamental de la obra que hoy analizamos. “La técnica no constituye el arte —dijo— Tampoco es una cualidad vaga, difusa y romántica conocida como ‘belleza', alejada de las realidades de la vida cotidiana. La profundidad y la intensidad de la experiencia de un artista son lo más importante en el arte”.

Corría el verano de 1930 y en su viaje de regreso a Iowa, Wood pasó por el pueblo de Eldon. Allí se encontró con una construcción conocida como la Casa Dibble, erigida en 1881, dentro de un estilo conocido como Carpenter Gotic, en el que los arquitectos intentan traducir los elementos en piedra del estilo medieval a la madera.

La estructura de la casa atrajo de inmediato a Wood, e hizo nacer en él la intención de pintar unos personajes tradicionales y ubicarlos en el escenario de la casa: un granjero (con su  hija o su esposa). Dichos protagonistas tendrían unos modelos reales: la hermana del pintor, Nan, y su dentista, el Dr. Byron Mckeeby.

Para ilustrar adecuadamente “el tipo de personas que creía que debían vivir en esa casa”, Wood vistió a sus modelos con ropa típica de una familia de granjeros. Por ejemplo, Nan Graham porta un delantal con estampado colonial mientras un camafeo cuelga de su cuello alto, mientras que McKeeby usa un overol, forma de denominar en América a la prenda de vestir de una pieza, confeccionada con tela rústica y resistente, que se usa para trabajar en diversos oficios manuales, y lleva una horca. El artista también optó por darle una expresión estoica a las figuras, interpretada por parte de algunos como un intento por retratarlos como “puritanos, demacrados, fanáticos religiosos de aspecto sombrío”. Sin embargo, Wood hizo énfasis en su amor por su tierra natal y señaló que este no era el caso.

Ambos, padre e hija, si es que establecemos que esta es la relación, dirigen su mirada de manera distinta. El hombre hacia el espectador, con la profundidad y fijeza de sus oscuras pupilas, mientras que los ojos de ella se pierden hacia la derecha del cuadro, más allá del primer plano. Esta composición siempre abre la posibilidad de que algo esté sucediendo fuera del marco de la pintura, lo que resulta del todo inquietante. La perspectiva se logra de una manera bastante simple, por medio de superposición de planos. La casa, la famosa casa, aparece detrás de las figuras como un tercer personaje cíclope, que también fuera capaz de observarnos a través de la ventana apuntada.

En todo obra artística caben muchas interpretaciones, y en este caso muchos pensaron que esta era el retrato de un matrimonio, cuando el autor siempre busco una relación padre-hija, pero entendiendo que su pintura podía ser comprendida de distintas maneras. “Estos detalles, por supuesto, realmente no importan”, escribió en una carta en 1941. “Lo que importa es si estas caras son o no fieles a la vida estadounidense y revelan algo al respecto”.

Autoridad y obediencia

El cuarto mandamiento de la Ley de Dios lo dice claramente. Honrarás a tu padre y a tu madre. Si faltara alguno de ambos, esa orden divina no queda deslegitimada, sino todo lo contrario.

El padre ha de proteger y facilitar el sustento. También lo dice la Biblia: Génesis 3: 19. Ganarse el pan de sol a sol, labrando la tierra, esa tierra que un día conquistaron, dura, áspera, pero que tras ser regada con sudor y lágrimas, se convirtió en fértil y llena de promesas. América, la tierra de las oportunidades, en donde un hombre recto y temeroso de Dios puede encontrar la recompensa a su trabajo.

El padre exige obediencia, la hija lo sabe. Ha sacrificado su juventud por permanecer a su lado. Es la ley de Dios ¡Qué mejor manera de demostrar su amor que renunciar a una vida para cuidar a quien nos la dio!

Por último el hogar. Aquel que nos protege de los calores del verano, de los fríos del invierno, de la lluvia y de las inclemencias. Aquel que recoge nuestro esfuerzo, nuestro sueño, y en donde cerramos los ojos para no despertar hasta el Juicio Final. Familia, tierra… América. No hay más.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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